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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 07 de octubre de 2020

Razón de vivir y elegir el modo

Como si estuviera en sala de cuidados intensivos, este país requiere reanimación. Una estrategia que le devuelva el ánimo perdido tras la campaña de muertes y corrupción de los últimos años. Muerte por virus, muertes por masacres y abaleos selectivos; robos y coimas en todos los estratos del Estado y de sus socios empresariales.

Cada día las noticias amanecen con idéntica cantaleta, así que detallar el pantano funesto en que se vive sería redundancia. La gente común no da más, está que estalla. La salud mental colapsa día tras día, muchos se niegan a vivir así más tiempo. Anhelan la muerte propia, después de tanta ajena.

Basta de plañir. Es buen tiempo para diseñar un plan de rescate universal. No se trata de aconsejar visitas al psiquiatra, de formular pastillas para los calambres espirituales de los sufrientes tomados uno a uno. Hay que imaginar una ablución colectiva, un remedio general pues la dolencia es general.

Ni el Gobierno ni los medios de comunicación parecen interesados en curar el mal que a ellos les trae muchos beneficios. Las organizaciones sociales establecidas, o chapucean entre sus burócratas o están dispersas por miedo. Así que la tarea recae sobre los individuos y su capacidad de inventar y de juntarse.

Para despejar la nube pérfida se debe identificar la ponzoña, desmontar su lógica interna, develar su engranaje fabril. A continuación, cabe bombardear la pudrición con cargas afiladas de humor. La risa es cáustica, comprende por evidencia no por raciocinio, se contagia con regocijo, vuelve hermanos a quienes comparten su finura.

Las salvas de humor aclaran las mentes y provocan el regreso a la infancia. Los nuevos niños descubren la desnudez del tirano, se cogen de la mano, se saben muchedumbre, se pasan en cadena un optimismo. No hay nada tan imparable como un pueblo que asume su poderío y recupera múltiple la razón de vivir.

Luego vendrán los conciertos, las paredes pintadas con los colores del verde, las ollas comunales con remate de infusión de moringa a la que el virus le tiene pavor. Cada cual fantaseará con aquel oficio o profesión soñados. Tomará la educación en sus manos. Le aplicará al proceso el genio rebuscador, el músculo incansable, la fiesta perpetua, la malicia venida de la tierra.

Habrá cosecha de héroes, no por machos sino por reconciliados con la colombianidad.

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