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Francisco Cortés Rodas
Columnista

Francisco Cortés Rodas

Publicado el 29 de enero de 2019

Regresa la guerra

La perspectiva política que se concretó en el proceso de paz con las Farc se puede interpretar en los términos con que Max Weber definió el Estado: “Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio reclama el monopolio de la violencia física legítima”. Las Farc, golpeadas militarmente, aceptaron entregar en una negociación los instrumentos de violencia, a cambio de una serie condiciones políticas y jurídicas. Como consecuencia del dominio militar que las guerrillas ejercieron en ciertas partes del territorio nacional, reinó en Colombia durante décadas una situación de anarquía, en la cual participaron también paramilitares y mafiosos.

Con la firma de la paz, Colombia dio un paso fundamental en el camino de superar la anarquía. Iniciaba con muchas dificultades su entrada en la modernidad política y entonces se pudo afirmar que el Estado estaba ad portas de convertirse en la única fuente del “derecho a la violencia”. Pero nuestra historia es más complicada. Desafortunadamente, el bombazo del Eln nos lleva a experimentar nuevamente que somos una “nación tardía”, como Helmut Plessner llamó a la Alemania de 1933, y que en esta “nación tardía” los representantes del humanismo político que construyeron la paz, se verán forzados a dar marcha atrás con su paz a cuestas.

En su ensayo “Alemania y los alemanes”, Thomas Mann escribe: “no hay dos Alemanias, una buena y una mala, sino solo una, que, por un ardid del diablo, vio convertido en malo lo mejor que tenía”. Así, la Alemania burguesa, buena, ilustrada, mutó en Hitler. Esto no lo puedo tratar aquí.

¿Qué produce el desvío del camino de Colombia, que con unas potencialidades económicas, agrícolas, industriales, de población educada, con una paz en progreso, se aparta del humanismo cosmopolita que hizo posible los acuerdos de paz para permitir la emergencia y la decisión sobre una nueva guerra?

Voy a parafrasear la tesis de Thomas Mann para preguntar ¿cuál sería la astucia diabólica mediante la cual Colombia, tolerante, tranquila, honrada, devino en la peor? Debemos detenernos en el estudio de las condiciones reales y político-sociales que han preparado el terreno para el desarrollo de actitudes guerreristas, agresivas y violentas. Esto es otro trabajo.

Por ahora, simplemente analicemos los casos de agresión que se dieron recientemente en manifestaciones contra el terrorismo. El incidente del joven que en su camiseta tenía una leyenda: “No a la guerra de Duque y Uribe”. Fue insultado y amenazado. Así gritó el indignado: “si no se la quita te pelamos”. Otro, un macho camorrista, bramaba contra un grupo de personas que se expresaban contra el gobierno: “¡Bala es lo que hay, plomo es lo que viene, no más impunidad, no más negociaciones!”. ¿Cómo se relaciona esta extrema incivilización con el “le voy a dar en la cara marica”?

Es claro, la guerra es contra el Eln, pero también contra el liberalismo humanista que hizo la paz. Hay una Colombia que repudia los acuerdos y quiere la guerra y hay millones de bravucones armados que destilan odio, incluyendo al Eln.

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