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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 23 de febrero de 2019

SOBRE EL MEDIO AMBIENTE QUE QUEDA

Estación Restos, a la que llegan los que esculcan las basuras y las riegan en la calle, los que creen que el agua se lleva cualquier residuo y convierten los ríos en alcantarillas, los que ponen avisos de no fumar y salen en carros, motos, buses y camiones que no paran de contaminar (las partículas más peligrosas son las que no se ven); los que van con altavoces o equipos por los que sale ruido a raudales, los cortadores de árboles en las cuencas y las selvas, los que persisten en el Fracking a pesar de las demostraciones sobre el daño que hacen sobre el territorio, los que siguen vendiendo combustibles con octanajes peligrosos y con anuencia de los gobiernos que viven de políticas vehiculares (impuestos sobre rodamiento y consumo de gasolina y Acpm), los que no creen en el calentamiento global y no modernizan hornos ni chimeneas, los que amontonan residuos urbanos en vertederos, los que permiten el plástico en todas sus formas... Y a este ambiente, que ya es medio sino menos, le valen de poco los que alertan, pues la codicia está por encima de cualquier otra estimación.

Lo que llamamos progreso y crecimiento económico, que funciona en cifras pero destruye con sus efectos marginales, está acabando rápidamente con nuestro hábitat físico y mental, que es el único posible (ya lo estamos volviendo imposible) para que exista la vida en la naturaleza. Enloquecidos con las transformaciones (ahora le apuntan a cambiar la historia para que no se aprenda lo que pasó sino lo que se quiere que haya pasado) dejando el conocimiento a las máquinas y no a la experiencia de estar vivos, creamos toda clase de monstruos, y eso es lo que comemos y pensamos, pues somos de acuerdo a lo que hacemos. Y si bien hay alertas, estas se cubren xcon avisos de aquí no pasa nada, siga produciendo mal y desordenando, y busque un puesto en Marte.

La ecología es la razón del hogar, este espacio donde vivimos y nos hacemos humanos. De la palabra oikos, de donde viene economía, y de logos (lo razonable), llega el concepto de cómo vivir en orden a partir de relaciones inteligentes con el medio ambiente, que son los otros y lo otro (nosotros y la biosfera). Y lo razonable es lo que no hace daño sino que optimiza, sostiene en orden y permite que crezcamos en un hábitat que nos permita saber que estar vivo es bueno. Pero, y esto es raro, no queremos entender esto tan simple.

Acotación: una calcomanía de los años 70, decía: Cuide el medio ambiente que le queda. 49 años después, ya ni medio ambiente queda y comienzan a desaparecer especies (destruimos su hábitat), como preámbulo a nuestra propia desaparición. Y pareciera importarnos poco, consumiendo enloquecidos para desaparecer creyendo que progresamos. Y bueno....

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