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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 21 de marzo de 2015

SOBRE LA CORRUPCIÓN

Estación Desprestigio, en la que abundan las caras que se esconden, los dineros mal habidos, las codicias desmesuradas, los papeles escondidos, las firmas falsificadas o habidas con trampas, los programas de propaganda para desviar críticas severas, las manos largas, los cuellos blancos, la mentira deliberada, los rezos a dioses que no funcionan, los horoscopistas que intentan trígonos benéficos y evitan cuadraturas maléficas, los ensalmos y talismanes, las fotos retocadas, los cursos avanzados para decir no sé o no me acuerdo, los egos alebrestados, los bovarismos crecientes, los títulos que no son, el diletantismo atrabiliario, los cónclaves de cómplices, los odios crecientes, los cazadores de honores, en fin, todo lo acredita podredumbre y se cubre con vendas perfumadas como si el tapar no dejara brotar por los lados lo que huele mal y se manifiesta por exceso de pecado, que el que mucho se corrompe coge cara que lo delata.

En América Latina, donde la corrupción ha hecho que la segunda ley de la termodinámica se acelere en su proceso (que de lo bueno se llegue más rápido a lo malo) y que los santos se nieguen ya a todo rezo para que no los desacrediten, la dignidad de las élites se está viniendo al piso y la credibilidad sobre planes, proyectos y procesos no se cree bien porque, por debajo de lo que se dice, viene la mordida, la comisión, la coima, lo que sea. Y si bien no en todas las instituciones hay corrupción evidente, lo cierto es que casi todas están tocadas por algo que se pudre ya en sus actos, escogencias, medidas precontratadas o por los manejos irregulares de situaciones, dineros o determinaciones a favor del menos indicado. Cosas del gran Burundú y otros.

Ninguno de nuestros países escapa a la corrupción en los sectores públicos, que igual permean a los privados (que el mal ejemplo cunde), mientras los gobernantes se desprestigian y la estima de los ciudadanos baja, que esto de la corrupción no solo enriquece a unos sino que empobrece el espíritu de los demás que toman como modelo lo mal hecho por los grandes y entonces el fenómeno se riega por todos los estratos y carcome estructuras, daña sistemas de educación, rompe normas de convivencia y crea desazón en la sociedad civil que ve desmoronarse sus principios, valores y potencialidades. Y es que si los modelos morales, que serían los de arriba, se dañan, las bases, como por un efecto reflejo, se afectan también y lo que sigue es subdesarrollo.

Acotación: la corrupción, que nace de la codicia y la ignorancia (tiene como base la mala educación) no solo afecta al país y a las generaciones que vienen sino al corrupto mismo, que convive con lo que no es suyo y solo es recibido en lugares donde le hacen gastar dinero a montones por otros que lo engañan, siguiéndole el ejemplo. Lo que sigue es tratar de no tener miedo, creciéndolo.

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