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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 30 de noviembre de 2019

SOBRE LOS JÓVENES MARCHANTES

Estación Novedad, a la que llegan los muchachos y, con ellos, las nuevas tecnologías, el mundo con sus problemas actuales (contaminación, recursos que faltan, nuevos conocimientos, mentiras desmedidas, etc.), el futuro con sus incertidumbres políticas y económicas, las costumbres que varían (o témpora o mores, decían los latinos), los espacios más comprometidos (habitan las ciudades), los sueños y los amores y en su caminar (el de los muchachos), un país que buscan resolver y en el que se manifiestan creativamente, como seres vivos y con un lugar en la tierra. Jóvenes que vemos más (eso es lo que dice la publicidad) como consumidores y no como seres que piensan, se cuestionan, crean y, de acuerdo con el nivel educativo, buscan resolver problemas. Ser joven es estar entrando en el futuro.

De los muchachos se dice que no sirven para nada (cuando yo era muchacho no servía para nada, cuando mi papá era muchacho no servía para nada, cuando mi abuelo era muchacho no servía para nada, y la cuenta sigue y llega hasta Sócrates) y con esto queremos descalificarlos y situarlos en condición de carga y no de empuje, negándonos que son un espejo de nuestro pasado y que nos superan en debatir todo esto que nos pasa. Y lo hacemos (hablar mal de los jóvenes) porque tenemos miedo de que nos confronten, de que sus preguntas necesiten respuestas más precisas, de que busquen ocupar los lugares que nosotros ocupamos mal o en los que no hicimos nada, de que vayan más rápido y sepan de otras cosas, sean más universales que nosotros y carezcan de los miedos que cargamos, etc.

Pero la juventud actual no es un bloque homogéneo y hablar de un solo joven no es hablar de todos. Los muchachos son variados, sus intereses múltiples; los hay con tendencias a la ciencia y al arte, al viaje y a la quietud, a creer en D’s y a negarlo, a vivir la noche como los poetas o a madrugar para hacer deporte. Pero ellos, como sostiene Germán Arciniégas en El estudiante de la mesa redonda, son los que cambian el mundo con sus preguntas y respuestas, sus retos y atrevimientos. Imaginemos un mundo con toda la gente situada en su zona de confort: no hubiéramos salido de las cavernas. Pero nada avanza si antes no hay una fuerza que lo empuje. Y creo que a un país (a una sociedad, a una economía) lo empuja la gente joven, que es la que no queremos ver y que es, la que queramos o no, una certidumbre.

Acotación: yo soy un amable burgués, acomodado ya y criando barriga, la silla que ocupo tiene mi forma y vivo de lo que hice. Mi mundo ya está añejo y es bueno para conversar. Pero afuera está lo nuevo y hay que verlo. Como digo, verlo funcionando.

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