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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 24 de agosto de 2019

SOBRE TANTO TIEMPO PERDIDO

Estación Reloj, donde las horas parecen haciendo la carrera de los cuatrocientos metros (dándole la vuelta a la pista de un estadio), los minutos saltan usando una garrocha, y los segundos ni se diga: van de a uno en uno haciendo el salto triple. Y los que tienen el reloj en la mira hacen ejercicio de cuello mirando los horarios y minuteros, viendo (no sé si sintiendo) que el tiempo pasa, que no hace nada amaneció y ya es por la tarde, que llega la noche y de repente ya están despertando. Y bueno, en este círculo en el que damos vueltas y cumplimos años, lustros y décadas (estas son las más asustadoras porque se marcan con arrugas y dolores inesperados), se habla de microsegundos, de nano-segundos, y dale con el tiempo a toda velocidad, ejercicio que en lugar de hacernos mejorar nos vuelve agresivos, estresados, gente de mirar asustado y, de repente, con todos los años encima y una bodega de cosas por hacer o empezadas, sin saber para dónde coger.

Sobre la velocidad del tiempo que nos marca se ha dicho que es un asunto de inclinación del eje de la Tierra (lo que la haría girar más rápido), lo que lleva a que los días no sean de 24 horas sino de menos. Lo que dicen lo astrofísicos y los geólogos es interesante, pero yo pienso que el tiempo no rinde por la manera que tenemos de perderlo. Lo perdemos yendo de un sitio a otro (a veces sería mejor caminar que ir en un vehículo), por el bombardeo de información (la más de las veces inútil) que brota seguido de los celulares, por la enorme cantidad de e-mails que asaltan lo que estamos haciendo, por las citas programadas que se montan una encima de otra, por los papeleos para cualquier cosa, por las ansias de lo que no llega. Y bueno, en este mundo de obstáculos para que el tiempo fluya en orden, todo se nos achiquita y, debido a las carreras, se pierde la noción de realidad. Solo vamos de meta en meta, como en una carrera de postas. Y en esa carrera, por correr, no nos damos cuenta de lo que pasa.

El tiempo, que fluiría construyendo algo (esa es la vida), es detenido por el exceso de información (ya los días no son minutos sino hechos escandalosos), las agendas sobrecargadas, la creencia de que mi tiempo es el tiempo de los demás (lo que justifica invasiones), etc. Y bueno, ahí vamos, olvidando a veces hasta almorzar o bañarse en forma.

Acotación: Las matemáticas enseñan que lo que tiene una medida tiene un peso y una forma, un espacio y (esto ya es filosofía) una razón. Pero no pasa con el tiempo, que si se mide mal (por exceso de hacer y obviar), deja de existir estrechando espacios.

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