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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 11 de enero de 2020

SOBRE UNAS Y OTRAS GUERRAS

Estación Arsenal (nombre que también tenía un bar), a la que llegan los que venden y compran armas, los expertos en herramientas e infraestructuras peligrosas, los que abastecen de alimentos precocidos (o enlatados), ropa de campaña y droga variada (como pasó en Vietnam), los que ya cargan guerras de antes (viven del negocio mercenario) y los que quieren provocarlas para que haya miedo; los que asisten para ver qué pasa y los que no faltan, que se pegan si el otro va ganando o le hace desquite si pierde, como pasa en ciertos bailes, en especial los de gente sola y delirante. Y en este juego de disparar y abrir huecos, de ir por lo que sea porque cada guerra es económica, de amenazarse y poner a volar misiles, se nos han ido las dos primeras épocas del siglo XXI, que además de profetizar lo terrible cada año y hacer invasiones calculadas, invertir para el saqueo y hacer de la información propaganda, destruyen el planeta, la naturaleza y la economía.

Si el siglo XX fue el peor de toda la historia, este que vivimos ya le saca ventaja. En veinte años se disparó la tecnociencia que invade la intimidad y precariza el empleo; los árboles caen por montones y el clima está endiablado por un efecto invernadero que no se reconoce. Los incendios son más que los provocados por cualquier bombardeo y a los camellos (en Australia) hay que matarlos porque quieren agua; la población aumenta sin control y en peores condiciones, los intereses económicos hacen daños ambientales y, para colmo, se hacen despliegues de armamento para demostrar superioridad. Y a todo esto que pasa, miedo y profecías, gente que reza y otra que mira a Marte.

Somos la única especie que destruye su hábitat, ataca la razón y no quiere saber nada de la realidad. Tanta verticalización, tantas pantallas encendidas, tanta contaminación, han ido creando un des-humano que solo habita números (votantes, utilidades, tallas para el Yo, precios, incrementos) y en esto de sumar, restar, multiplicar y dividir, destruimos la Tierra (nuestra única oportunidad para estar vivos) con todo tipo de guerras, váyase a saber cuál de todas más atroz. Guerras por y contra el agua, guerras por un lugar enloquecido para el consumo, guerras intelectuales (el arma es la mentira), guerras económicas (van por la extracción de materias primas) y políticas. ¿Y qué pasará después? Que nadie saldrá humano (ya casi no lo somos) y lo que quede será un campo vacío, lleno de avisos que nadie quiso leer. Y, tal vez, un gen enfermo del eslabón perdido.

Acotación: de Greta Thunberg, me gusta una frase: ¡Cómo se atreven! Y si bien habla del Medio Ambiente, hay que ir más lejos: el Medio Ambiente nos contiene a todos y para como estamos, ya nos queda menos de la mitad. O menos.

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