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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 18 de septiembre de 2021

SOBRE VIRTUALIDAD Y TRÁFICO

Estación Comodidad, a la que llegan los que ya encontraron su sitio y no lo quieren dejar, los que no se quieren ofuscar ni fatigarse mucho, los que no desean respirar contaminación ni llenarse las orejas de ruido, los que ya se ven raros en la calle y más sin poder respirar bien a causa de los tapabocas, los que se asustan con otros cercanos porque no guardan los protocolos debidos, los que ya usan la misma ropa y se bañan poco, los que han encontrado más tiempo a favor y no lo pierden en ir de un lugar a otro, y los que admitieron cambiar de mundo mientras corre la pandemia. Y estos que hacen fila para entrar a la estación obligan a pensar en otras metodologías y a repensar la ciudad en términos de desplazamiento, que la comodidad que han logrado se da porque no quieren salir de la casa y meterse en problema viales y de hacinamiento. Es que el mundo cambia cuando aparecen los que crean el caos.

Para mucha gente, la virtualidad propició cambios (a veces radicales) en sus comportamientos personales y ciudadanos. En estos casi dos años de encierro, las computadoras y las plataformas mostraron otro afuera (lo que llega a la pantalla) y formas más económicas de vivir. El teletrabajo en casa redujo costos en el transporte, el vestuario, las comidas por fuera y la adquisición de muchos productos conocidos (para antojarse) en los puntos de venta. Y, para quienes saber manejar el tiempo sin dejarse estresar, mejores formas de dormir y menos carreras para comenzar a trabajar (afeitarse, ponerse un traje determinado, cortarse el pelo, etc.), y desplazarse. Y claro, para evitar el contacto con gente tóxica o peligrosa. El encierro da ciertas seguridades.

Pero hay otro factor (creo que el principal) por el que bastantes personas quieren seguir virtualizadas: tener que salir para meterse en el pandemónium del tráfico de la ciudad, que hace perder tiempo y crea fatiga, mal humor y afecta la salud. La carramenta (que incluye todo lo que contamina y crea ruido), no está invitando a salir de casa. Por el contrario, es algo que se debe evitar. Así que, ya enseñados a la virtualidad, es preferible no moverse y más cuando a través de lo virtual se resuelven problemas de alimentación, bancos, educación y obtención de divertimento. Y sí, esto afecta la economía de los pequeños negocios, los restaurantes, la cultura. Pero qué se hace: la ciudad no invita a salir.

Acotación: No sé qué hicieron los de planeación, pero la ciudad está peor ahora. La contaminación ha aumentado, la lentitud en los desplazamientos es terrible y la inseguridad creciente. Y bueno, la ciudad se resiente porque hay una buena parte de ciudadanos que no salen, pues la bienvenida que ofrece la ciudad es una mala entrada en cada calle

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