Como ciudadano y periodista estoy en el derecho y el deber de dudar de casi todo en este tiempo de crisis de la sindéresis, de posverdad y mentira instituida y de hipocresía y fariseísmo asqueantes. ¡Qué más puede hacerse, qué otra actitud puede recomendárseles a los hijos y discípulos, a los jóvenes alumnos de periodismo y a los buenos lectores, qué opción moral y ética razonable queda cuando la realidad informativa es tan abrumadora que sospechar se convierte, como dice la Constitución sobre la paz, en “un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”!
Porque lo contrario, la credulidad, equivale a un buenismo y un ingenuismo que en gran parte han sido determinantes del actual estado de cosas. Lo de actual es discutible, porque el mal viene...