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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 11 de noviembre de 2020

Turno para una antipandemia

El mundo hoy es mejor. Se deshizo de la pesada capa parda de Trump. Sus tropelías se habían regado como mala hierba por todas las latitudes. El sábado anterior al mediodía, cuando se anunció su revés electoral, un aroma de lavanda comenzó a ventear sobre el planeta.

El curso de la historia se juega en marejadas de incertidumbre. Es el péndulo que rebota en sucesivos trancos contrarios. Cada período afortunado trae consuelo e ilusión de que las cosas no pueden llegar a peor. Al obtuso presidente gringo le tronó el toque de retirada y la energía universal se hizo más considerada.

Es bueno aceptar con brío la sensación de bienestar, gozar el momento para curar tanta supremacía acumulada. Estos tiempos son rápidos, males y bienes vienen y se esfuman sin dar tregua a la suficiente asimilación. De ahí que el festejo por la coyuntura actual sería un segundo triunfo, esta vez simbólico, para la humanidad maltratada y resentida.

Los valores que hacen de los hombres y mujeres seres extraordinarios entran de nuevo a ser bien recibidos. En las mentes se ilumina un niño que comprende mucho porque ha experimentado mucho. Cuando asoman la cabeza a la ventana se admiran de que afuera ya no aturden.

Esto pasa allá en USA, aquí en Polombia y en los países intermedios entre el extremo rubio y nuestro confín crespo y tostado. Así como cundió la fobia durante la era Trump, de ahora en adelante sonará otro eco. La estupidez logró arrimar hacia su lado a la mitad de habitantes del país que es faro. Dentro de poco la cooperación y la comprensión puede hacer otro tanto con esta multitud, para eslabonar una alianza más comedida.

La atracción que despliegan las mayorías es capaz de revertir el tajo que parte en dos a la atolondrada sociedad. Cuando reinaba Trump, el embrujo autoritario embaucó y atrajo a millones de incondicionales. Hoy, bajo la grácil fórmula Biden-Kamala, un buen bocado de esos millones virará hacia los modos de la afabilidad.

Este contagio, consciente o gaseoso, calará como una antipandemia más allá de los mares y las cumbres. El globo volverá a ser global. El pánico se vivirá en las series de asesinos imaginados. La vida no será una dicha, pero muchos contarán por fin con el derecho de que las autoridades les faciliten la vía hacia dichas polivalentes.

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