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Cristina de Toro
Columnista

Cristina de Toro

Publicado el 05 de octubre de 2018

Un Negocio Entre Tramposos

No sorprende todo lo que está sucediendo con el arreglo pactado entre los narcoterroristas de las Farc y el señor Juan Manuel Santos, con el tal “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera” porque, además de estar viciado desde el momento mismo en el que nos fue impuesto a pesar de haber sido rechazado en las urnas, no hizo aporte alguno a la paz de Colombia.

Porque ese negocio no fue concebido con ese propósito. Lo convenido en La Habana no fue más que una componenda hecha con el fin de favorecer los intereses personales de cada una de las partes, a la que le dieron ese ostentoso nombre para poder justificar el ingreso de la banda criminal a la vida política nacional sin tener que rendirle cuentas a la justicia, y para poder acreditar internacionalmente al señor Santos como el más serio aspirante al premio Nobel de Paz, galardón que requería para poder diferenciarse de sus antecesores.

Predecible pues, que ese adefesio se desmoronara tal como lo está haciendo ahora y que se llevara por delante el orden constitucional nacional. Grave peligro que advertimos una y otra vez quienes nos opusimos mostrando todos los problemas que acarrearía, sin embargo, no solamente fuimos desoídos, sino duramente descalificados.

Infame es que hoy, desvelado el miserable engaño del que fue víctima el pueblo, la burla de la que fueron objeto las víctimas y el ultraje al que están sometiendo a nuestros militares, seamos nosotros mismos quienes llevemos en peso todos esos onerosos convenios económicos, políticos y jurídicos que hicieron los tramposos.

Suficiente desagrado tener que mantener económicamente esa partida de delincuentes apoltronados en las curules que abusivamente les entregó el señor Santos, y padecerlos dictando cátedra de moral y buen hacer político, como para también tener que atender la sarta de exigencias que siguen haciendo al amparo de esa espuria Constitución que fabricaron a su medida en La Habana, sin el consentimiento del pueblo colombiano.

¿Los niños dónde están? ¿Y los secuestrados, los cientos de desaparecidos? ¿Dónde están las 890 mil hectáreas de tierra y 500 mil millones de pesos que denunció la Fiscalía General por estos días? ¿Y las caletas y las armas que dicen no han entregado? ¿Dónde están los desmovilizados, porque en las zonas veredales no aparecen? ¿Y del negocio del narcotráfico en el que están envueltos varios de los altos mandos? ¿Por qué no condenan los crímenes que cometen los llamados disidentes?

¿Qué hace alias “Iván Márquez” principal negociador de las Farc escondido, enviando cartas llenas de reclamos y exigencias a la Comisión de Paz del Senado, en vez de atender personalmente los requerimientos que le ha hecho la JEP?

Aunque la organización criminal Farc cuente hoy con un brazo político, gracias al negocio que hizo con el señor Santos, está más que demostrado que siguen inmersos en el mundo de la delincuencia.

Hay razones de incumplimiento suficientes como para dar por terminado ese adefesio.

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