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Un período de gracia por el Bicentenario

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Por Néstor Raúl Correa Henao
nrc1000@outlook.com

El Acuerdo de Paz celebrado entre el Gobierno y las Farc dejó polarizado al país. Las partes contradictorias pasaron de pensar distinto a odiarse. La sociedad no solo se fracturó, poniendo en peligro el pacto social, sino que se degradó en sus sentimientos y sacó lo peor de sí. También se degradó el lenguaje. Y ahora hay dos narrativas para todo, una de derecha y otra de izquierda. Quedaron conformadas dos mayorías negativas. Hay un clima de crispación generalizado desde 2016. Y así llegamos a este momento en el que el país, que es tan dinámico, se ve cansado, paralizado y aburrido.

El hecho político más importante de este siglo es que el país sometió a las Farc. La redujo militarmente en la primera década y luego la llevó a firmar su desmovilización y entrega de las armas. Como contraprestación, el régimen les ofreció una justicia especial (la JEP), penas suaves y 10 curules en el Congreso. Y eso fue lo que se acordó.

Pero ahora que se acerca el Bicentenario de la independencia de Colombia yo propongo celebrarlo con un regalo especial: con un período de gracia por once años.

Se trataría de hacer una especie de nuevo frente nacional para acordar entre todas las fuerzas vivas del país que se establezca por reforma constitucional un período de gracia hasta el día 7 de agosto de 2030, cuando termina la vigencia del Acto Legislativo 02 de 2017, que le dio hasta ese día estabilidad y seguridad jurídica al Acuerdo de Paz.

Hasta entonces, todos los procesos penales relacionados con el conflicto quedarían aplazados y se pondría en libertad a los que estuvieren privados de ella, manteniendo los beneficios acordados. En eso consiste el período de gracia.

No se trata de incumplir el Acuerdo de Paz sino de cumplirlo pero con un “otrosí”, que también se pacte por consenso. Sería como construir sobre lo construido, con lo cual el Acuerdo de Paz ganaría en legitimidad.

Es hora de abrirle espacio a la compasión y a la piedad. Es urgente superar la situación actual: ni la derecha ni la izquierda quieren que el otro se redima moralmente, lo cual es una forma extrema de venganza.

Tal vez no fue buena idea entrar a juzgar los combatientes cuando todavía sangraban las heridas. Temas tan hondos, como una guerra, es mejor verlos en perspectiva.

También hay que hacer un llamado a la concordia entre los colombianos, para que en este tiempo soñemos juntos y con grandeza mecanismos que nos unan. Todavía es posible construir un consenso nacional en torno a la paz, que sea incluyente y que al mismo tiempo propicie la inversión. El país se merece ese regalo en su Bicentenario. Ahí tiene el Gobierno una bandera. Ello podría contribuir a superar la violencia estructural y a refundar el lazo social. Por lo pronto, un buen comienzo para superar esta crisis sería hacer un pacto por abordar los temas sin insultar ni hablar mal del otro, dejando a un lado los odios.

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