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Juan David Escobar Valencia
Columnista

Juan David Escobar Valencia

Publicado el 29 de abril de 2019

Váyanse acostumbrando a ser culpables

Como si fuera un perro que en vez de cuidar bien la casa se pone a jugar con los ladrones, hace poco el presidente estadounidense regañó a su homólogo colombiano diciéndole “good boy”, pero que no ha hecho nada por EE.UU., al permitir que entre más droga.

Solo los carteles narcotraficantes, incluidos quienes “supuestamente” ya no lo son porque firmaron un acuerdo de impunipaz avalado por Obama con el que quintuplicaron los sembrados de coca y ahora tienen adicionalmente sueldo de congresista, saben si están enviando más cocaína a EE.UU., pero todo indica que así es.

Lo que es falso es que la culpa sea exclusiva del nuevo gobierno colombiano. Si algún presidente es culpable es el anterior, quien entregó el país a los delincuentes para ganarse una medalla y para ello pisoteó la ley, la dignidad de las víctimas y las fuerzas armadas, e infectó a grandes sectores de los medios, del legislativo y de las cortes, las existentes y las nuevas hechas a la medida de los criminales, ahora plagadas de mercenarios a su servicio.

Santos fue el agente promotor de la metástasis del cáncer de la droga que padecemos, pero no debemos aceptar la responsabilidad total que el presidente estadounidense pretende endilgarnos. Como tenemos que convivir con él, tal vez hasta por otro período, acostumbrémonos a su comportamiento; lo que no significa que tenga la razón cada vez que hable. Su actuación como candidato y presidente, evidencia un patrón de conducta consistente. Para parecer como un superdotado cuyo instinto supera a cualquier cerebro, y ocultar sus errores: sobredimensiona sus éxitos, minimiza a los demás y lo que hacen, y culpa a otros de sus fracasos. No les extrañe que si no cae Maduro, tendremos parte de la responsabilidad.

Solo él cree saber cómo hacerlo todo: salirse de la Unión Europea, devolver los empleos carboneros de Virginia Occidental y hasta apagar incendios de bosques y catedrales. Hace creer a sus seguidores que no son ellos los culpables de sus males, sino “otros”. Por eso el problema de desempleo de EE.UU. no era culpa de una transformación de la producción sino de los chinos y mexicanos. Por eso el consumo de narcóticos no es el resultado de un sector de la sociedad estadounidense sin carácter que solo vive para estar drogada. Culpar a la oferta es el camino estúpido de negar la corresponsabilidad de la demanda.

El narcotráfico es un flujo que tiene éxito si sus gestores son eficientes tanto en el punto de partida como en el de llegada. Si sale más cocaína de Colombia, cosa que no podrá controlarse mientras nuestras cortes infiltradas sigan prohibiendo la fumigación aérea porque afecta el negocio de sus camaradas, también es cierto que quien debe evitar que entre a EE.UU., es más ineficiente aún.

Si nos ponemos en el plan de no entender que es un problema conjunto, los narcotraficantes seguirán envenenando los dos extremos del flujo.

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