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Óscar Domínguez
Columnista

Óscar Domínguez

Publicado el 15 de agosto de 2019

Vidas para lelos Gabo y Egan (3)

Como uno es de donde lo quieren, al decir del juglar Alejo Durán, García Márquez y Egan Bernal son de todas partes: lo dicen sus pasaportes que hablan todos los idiomas.

A falta de Cruz de Boyacá bueno es el homenaje que le hizo a Egan la cantante Andrea Echeverri, de Aterciopelados. De rodillas, la roquera le cantó “Rompecabezas” cuando lo descubrió con Xiomi, su novia, en un concierto en Cajicá. Totó la Momposina y Leonor González cantaron para el Nobel en Estocolmo donde se fajó bailando cumbia.

Ambos nacieron vacunados contra el tic nacional de la lagartería. Egan tiene incorporado un Waze que le permite detectar lagartos. Lo emplea también para eludir funcionarios que lo quieren llevar a Palacio. La foto recibiendo la Cruz hace falta en la casa presidencial no en la de Egan.

El lacónico Egan ha demostrado que tiene cerebro y mejores piernas que la actriz Marlene Dietrich, que las tenía aseguradas en un millón de dólares. Bernal debería asegurar sus piernas porque la travesía apenas empieza. Gabo tampoco aseguró los dos dedos de chuzógrafo con los que escribió sus ficciones.

De pobre, el Nobel tomaba ron blanco y cerveza Águila. Cuando empezó a sonar la registradora no se bajaba de whisky de una sola malta. Egan es adicto al tinto. No es nada raro que cargue su terrón de sal de Zipaquirá así como los primeros ciclistas llevaban panela para asombrar y devorar las carreteras europeas.

Antes de García Márquez, el filósofo Fernando González fue candidato al Nobel de Literatura en 1955 y en 1960. Lo cuenta Henao Hidrón en su biografía sobre el “Brujo”. Los ciclistas que subieron al podio del tour de Francia anticiparon lo que vendría. No más segundos puestos, decidió Egan. El segundo es el primero de los derrotados.

Gabo escribió sobre la tragedia de Santa Elena, ocho días después de que ocurrió. O sea, se inventó la historia. Los silleteros de Santa Elena, en la feria de las flores de Medellín, hicieron dos silletas en honor de Egan.

García Márquez se reivindicó con un extenso reportaje para El Espectador con Ramón Hoyos en cuya casa de Medellín vivió unos días. Fue tan larga la entrevista que Hoyos se quejó de que fue más cansona que una vuelta a Colombia.

En la maratónica rueda de prensa en Zipaquirá Egan dijo que la carretera pone a los ciclistas en su sitio a la hora de definir liderazgos. En una charla con periodistas, Gabo les dijo: ”La vida decide quién es y quién no es”. Lo cuenta Gustavo Arango en su libro “La voz de las manos”.

El de Aracataca escribía para que sus amigos lo quisieran más. La aspiración del zipaquireño es ser feliz haciendo lo que le gusta: montar en bicicleta. Pasamos de la gabolatría a la egonmanía. Vamos bien.

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