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Óscar Domínguez Giraldo
Columnista

Óscar Domínguez Giraldo

Publicado el 22 de septiembre de 2022

Vidas para lelos: Irma y Antonio (1)

En plena guerra mundial, la alemana Irmgard Frobenius, simplemente Irma, de familia protestante, le dio la vuelta a medio mundo en 81 días para encontrarse con su prometido Wolfgang Guggenberger, Antonio, católico de amarrar en el dedo gordo.

Pronto se dieron cuenta de que el uno era la aspirina Bayer del otro. Ella tenía tiernos veinte años. Él le llevaba seis abriles.

Se conocieron en el parque Jardín Inglés de Múnich en junio de 1935. Cupido, que poco saca vacaciones, se encargó del resto. Los tortolitos jamás se separarían. (Terminarían su parábola amorosa en Medellín).

Ella estudiaba economía doméstica en Múnich. Su traga bávara se graduó como maestro cervecero.

Había un problema: el recién graduado no tenía dónde ejercer su oficio por su divorcio total con el nacionalsocialismo gobernante. Entonces jugó su futuro laboral al azar y se lo ganó Cervecería Bavaria, de Bogotá, que lo contrató.

¿Qué hacer con tanto amor en circunstancias hostiles?, se preguntaron Irma y Antonio. La solución la envidiaría el rey Salomón: Él se vendría a levantar la papita en un país desconocido. Luego mandaría por su bella y audaz valkiria. También en el amor la fortuna ayuda a los audaces.

“Se separaron como dos extraños cuando toda la sangre los unía”, para decirlo con Robledo Ortiz.

Pero a ese amor que se les salía de las manos había que ponerle esposas, amarrarlo. Entonces se comprometieron en “mártirmonio” en una notaría de Múnich.

El siguiente paso era el más difícil, cuentan los manizaleños Ilse, ocho veces campeona nacional de ajedrez, y Otto, gerente general de OGF, los dos hijos de la pareja que me han compartido esta historia de no te lo puedo creer: presentar el novio católico a unos suegros protestantes. En la familia había varios pastores. Menos mal, la suerte estaba echada a favor de la pareja.

El abuelo Karl Frobenius puso cara de jugador de póquer cuando Antonio le notificó que iba “a” por toda Irmgard, la niña de sus ojos.

Al día siguiente del tenso encuentro, Antonio emprendió el viaje a Colombia desde Hamburgo. En marzo de 1939 se bronceaba al sol de Barranquilla, cargado de ilusiones, listo a hacer valer su diploma de maestro cervecero.

¿Y la frágil teutona? Con su equipaje de mano y dos románticos baúles, en mayo de 1940 inició un primer viaje a Colombia para casarse con el amor de todas sus vidas. Sus pasos la llevaron inicialmente a Génova, Italia.

Pero el hombre propone y la guerra dispone. En vísperas del viaje a Colombia, la Italia del inameno Mussolini entró en guerra, aliada con la Alemania nazi. “Lo que los aliados llamaron la puñalada por la espalda”, comenta Otto.

Irma, en una época llamada Clarita, tuvo que regresar a su base. Perdía una batalla, pero ganaría la guerra del amor 

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