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Hacen falta fanáticos
Crítico

Diego Londoño

Publicado el 10 de junio de 2019

Hacen falta fanáticos

“Hacen falta fanáticos”. Alguna madrugada, desperté con esta frase en la cabeza, en los oídos, en los ojos y con la boca cerrada. Resonaba como un mantra de un sueño, o peor, una pesadilla. En la ducha seguía ahí, no la borraba ni el champú ni el jabón ni el agua que corría hacía el sifón. La recitaba sin mover los labios, “hacen falta fanáticos” ¿Les ha pasado que despiertan con una canción o una frase y perdura por horas?

Durante el día siguió presente no solo la frase, sino la sensación de una verdad dictada desde el más allá, en un sueño etéreo de una madrugada lluviosa en mi cama en Medellín.

Hablando con amigos en el transcurso del día les pregunté por sus bandas o artistas del momento, la respuesta fue difícil y difusa, no había un preferido o alguien a quien seguir, solo recuerdos pasados de conciertos a los que fueron y locuras por conseguir discos, fotos, firmas o cercanía con un músico nacional o internacional.

“Hacen falta fanáticos”, que aplaudan, que coreen, que compren e idolatren, que hagan fila, que recomienden, que coleccionen, que tengan al músico donde debe estar, no en el estrellato, no en ese reconocimiento tristemente célebre, sino en el espacio de la presión, de la necesidad, de la responsabilidad, en el rol de creador que debe seguir complaciendo, dando alegría, reinventándose y superándose.

Los tiempos han cambiado, ahora los periodistas, presentadores, fotógrafos, youtubers, influencers son más estrellas que las mismas estrellas, y los fanáticos no se despegan de una pantalla, estos últimos están en vía de extinción. Parece hacerse necesario un alto en el camino para darle la posición necesaria a la música y a cada elemento que la compone.

Por una parte, el artista debe vivir en una soledad ególatra para desarrollar su propuesta, para crear su magia, subirse a un escenario y protagonizar lo que los demás quieren.

El artista debe estar en su lugar, en la mística secreta que ninguno quiere conocer. Y ese acto necesita de oídos, de ojos, de aplausos. Y es ahí donde se requieren fanáticos, para que ese ritual cobre sentido y sea correspondido, para que tenga valor y permanencia en el tiempo.

El miedo más grande de un artista es a no ser escuchado, a no ser observado, a no ser cantado y a ser olvidado, y esa pared gigante solo la rompe el fan, el fanático es la magia que camina agitada, juvenil, emocionada, entre el artista y la música.

Así que, más fanáticos, más enamorados de las canciones, más de esos que hoy por hoy, hacen tanta falta.

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