<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">

Editorial

Otro muro

En el Caribe, específicamente en República Dominicana, van a hacer lo mismo que ha fracasado en tantos otros lugares: un muro que los separe de los haitianos.
Publicado el 14 de mayo de 2022

El Muro de Berlín se construyó en agosto de 1961. Fue una infamia. Separó al pueblo alemán y fue un símbolo de la Guerra Fría. No parecía lógico, pero lo hicieron. Duró más de 28 años como un obstáculo para la integración. Finalmente, fue derribado por ser inhumano.

Estados Unidos ha intentado construir un muro que lo separe de México. Es considerado injusto y discriminatorio hacia los pueblos del sur, además de ineficiente: los ciudadanos buscan y encuentran otras maneras de cruzar la frontera. Pero para un amplio sector republicano es un símbolo poderoso de prohibición de ingreso al territorio estadounidense. Un gran aviso que los latinoamericanos no están dispuestos a aceptar. La necesidad es la que prima y superará cualquier otra emoción.

En el Caribe, específicamente en República Dominicana, van a hacer lo mismo que ha fracasado en tantos otros lugares: un muro que los separe de los haitianos. República Dominicana tiene una de las economías de mayor crecimiento de América Latina. Haití es el país más pobre del continente. Y ambos comparten la isla caribeña de La Española. Pero atrincherarse no es una solución definitiva, como tampoco lo es el pretender aislarse en una fortaleza ficticia.

Se estima que más de medio millón de haitianos vive en República Dominicana, muchos de ellos de forma ilegal, adonde llegan huyendo de la miseria y la violencia. El gobierno dominicano ha comenzado a construir un muro en 164 de los casi 400 kilómetros de frontera que separan a los dos países.

El 20 de febrero de 2022, el presidente del país, Luis Abinader, anunciaba la construcción de la “verja perimetral inteligente” que separará a República Dominicana de Haití y que en la frontera todos llaman “muro”.

La construcción es un nuevo episodio en la conflictiva relación histórica que mantienen los dos países que comparten uno de los corredores terrestres más importantes de América Latina y el Caribe. “La República Dominicana no puede hacerse cargo de la crisis política y económica de ese país (Haití) ni resolver el resto de sus problemas”, dijo Abinader en un acto con fuerte simbolismo patriótico, en el que se cantó con vigor el himno nacional a pocos metros del país vecino.

Según los últimos datos del Banco Mundial y del gobierno dominicano, un 60 % de la población haitiana vive en la pobreza, frente a un 24 % en Dominicana. La pobreza extrema alcanza el 24 % en Haití, mientras que es del 3,5 % al otro lado de la frontera.

En una primera etapa, que está prevista que concluya en el primer semestre del año, se construirán, según el gobierno dominicano, 54 kilómetros de hormigón armado y estructura metálica como el que se esboza en Dajabón. Contará con 19 torres de vigilancia y 10 puertas de acceso. No cubrirá todo el extenso límite territorial, sino que se elevará sobre las “áreas más pobladas y sensibles de la frontera”.

En la segunda fase, que debería comenzar en cuanto acabe la primera, se harán otros 110 kilómetros, para una inversión total de 1.700 millones de pesos —unos 30 millones de dólares—, de acuerdo con los datos gubernamentales.

Aunque algunos migrantes haitianos cruzan la frontera por pasos informales, la mayoría es llevada por redes de tráfico locales a través de uno de los cuatro pasos fronterizos oficiales. En el cruce de Dajabón, al noroeste de República Dominicana, donde se observa el grueso del movimiento de migrantes, las redes de tráfico sobornan a los soldados para que pasen a la gente por los retenes.

Jesula Blanc, coordinador de la Plataforma de Género del Noroeste (Plateforme du Genre du Nord-Est), red de organizaciones de la sociedad civil que operan en la frontera entre Haití y República Dominicana, declaró a InSight Crime que los migrantes entienden que en “zonas donde hay militares hay que dar dinero”. Lo que prueba una vez más que este tipo de medidas solo sirven para exacerbar la corrupción y en ningún momento le quitan fuerza a las ganas de huir de realidades conflictivas en las que la violencia y el hambre acechan.

Santiago Riverón, el alcalde de la ciudad fronteriza dominicana, dice que “un muro no va a separar a estos dos países. Para bien o para mal, estamos condenados a vivir juntos, ellos en su país y nosotros en el nuestro”. Es la tristeza del muro, no mejora nada. No ocurrió en Berlín ni en la frontera estadounidense-mexicana, faltará ver qué pasa entre República Dominicana y Haití 

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
Título del artículo
 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
Título del artículo
 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS