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Editorial

Una votación anunciada

Para elegir contralor, el gobierno del “cambio” recurre a las mismas tácticas de siempre
Publicado el 18 de agosto de 2022

Gustavo Petro llegó a la presidencia montado sobre un discurso grandilocuente, según el cual, palabras más, palabras menos, la historia de Colombia se partía en dos con su llegada. Bastaron apenas diez días para que quedara en evidencia que, en materia política, el gobierno de Petro repite las mismas mañas politiqueras que han corrompido al aparato público colombiano.

La prueba de fuego fue la elección de contralor general de la República, para la cual está citado el Congreso el día de hoy. Ese Congreso en pleno debe, según la Constitución, elegir por mayoría absoluta al contralor de una lista de elegibles cuya confirmación, vimos ya en el último mes, ha sido objeto de todo tipo de maniobras, y se ha hecho y se ha vuelto a hacer varias veces.

El elegido manejará una entidad con más de cuatro mil funcionarios, más de $ 1,2 billones anuales de presupuesto y el poder de meterse en las cuentas de cualquier entidad para ver si se la están robando o no. Poderes que a veces han servido, como cuando fue contralor Edgardo Maya y se destapó el cartel de la hemofilia, que luego llevó al descubrimiento del cartel de la toga. Pero, lamentablemente, no siempre es así o, mejor, casi nunca es así. Porque, al fin y al cabo, quienes eligen al contralor son los congresistas, y como el voto se suele negociar, el contralor de turno suele quedar en deuda con ellos durante su mandato.

El elegido, además, tendrá un inmenso poder político: para nadie es un misterio que, gracias a su gigantesco presupuesto, a la capacidad de hacer nombramientos y al poder de sanción que, como espada de Damocles, mantiene sobre los funcionarios públicos, el contralor general es una figura hiperpoderosa en Colombia.

No son en vano, entonces, todas las movidas y las jugadas que hemos visto en los últimos días, a medida que se acercaba la elección. Ayer en la mañana dos nombres habían quedado como los únicos con opción: María Fernanda Rangel y Carlos Hernán Rodríguez. Pero en la tarde ya toda la maquinaria política se había jugado con Rodríguez.

María Fernanda Rangel, actual funcionaria de la Contraloría y exfuncionaria del Ministerio del Interior en el gobierno Santos, emergió primero como la carta de los partidos y sectores tradicionales en el Congreso, contando, al parecer, con el respaldo del conservatismo, el Partido Liberal, la U y Cambio Radical. Rodríguez, por su parte, ni siquiera estaba en la primera lista de elegibles. Con la llegada de Gustavo Petro al poder logró ubicar su nombre en la lista y sus posibilidades se fueron inflando en los últimos días, cuando se supo que era el candidato del gobierno.

Muy rápidamente, entonces, el gobierno del “cambio” sacó todas las herramientas de la política tradicional. No crean que la candidatura de Carlos Hernán Rodríguez está creciendo a punta de argumentos: la fuerza súbita de esa candidatura se ha construido en reuniones uno a uno en las oficinas de Palacio y del Ministerio del Interior, en las cuales el ministro Prada, conocedor a fondo de estas herramientas, ha ido persuadiendo a algunos congresistas. Los votos se consiguieron uno a uno, mermelada “al menudeo”, como se le conoce en el Capitolio. Esto no es ninguna nueva Colombia: es la misma que hemos conocido siempre.

No es de extrañar, por ejemplo, que un objetivo central de este esfuerzo político de última hora hayan sido los conservadores: ellos, a fin de cuentas, recibieron del gobierno del “cambio” un regalito muy dulce representado en el Ministerio de Transporte, jugoso premio burocrático que le dieron a uno de los suyos que públicamente admite no saber nada del tema, y que ha sido objeto de señalamientos muy serios de plagio. Es de suponer que el gobierno espera algo de gratitud a cambio: parece, de hecho, que algunos conservadores ya planean voltearse. Hasta el Centro Democrático se sumó. Después de todo, sostener sus cuotas en entidades les representa mantener cierta vigencia.

Es así, entonces, como va la “nueva Colombia”. Muchos discursos, muchas proclamas, shows en Caño Cristales o en la Plaza de Bolívar con la espada del Libertador, para terminar exactamente en lo mismo de antes: negociando voto a voto con los congresistas en los pasillos oscuros del Capitolio y en las oficinas de Palacio.

Una verdadera “nueva Colombia” se plantearía, en cambio, la pertinencia y los poderes de esta descomunal institución. Y propondría una revisión de las facultades, los alcances y el tamaño de la Contraloría. Buscaría, también, elegir a una persona por sus méritos. Si bien el Pacto Histórico y el Centro Democrático justifican su apoyo a Rodríguez diciendo que sacó el mayor puntaje, en realidad el candidato favorito es un político más. De hecho, en su discurso en el Congreso lo dejó claro: yo soy un político como ustedes, fue en resumen el mensaje que les dejó.

Una buena Contraloría, técnica, es fundamental para el buen funcionamiento del Estado. Ningún nuevo país, ningún cambio bueno vendrá repitiendo los vicios más perniciosos del pasado 

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