¿Qué pasaba hace diez o quince años cuando usted era testigo de un soborno en el que participaba un ciudadano común y un guarda de tránsito? Posiblemente se quedaba callado; si denunciaba en el instante era fácil convertirse en blanco de venganza por parte de los implicados o, si lo hacía después, le era difícil comprobar lo sucedido.
Si hoy en día una persona se da cuenta de una situación como esta, las consecuencias pueden ser diferentes, como lo explica Paola Palacios, coordinadora de programa del capítulo mexicano de Transparencia Internacional (Ong líder en el mundo en la lucha contra la corrupción): “Contar con instrumentos como teléfonos móviles, cámaras y redes sociales en un solo dispositivo dan a las personas la confianza y la posibilidad de mostrar lo que viven en tiempo real (...). Por eso, cada vez es más difícil que la información se oculte. La ciudadanía está cada vez más atenta a lo que hacen sus pares o sus gobernantes”.