Fauna y flora han desaparecido por la explotación minera, actividad de la que viven 200.000 personas en la región.
Lagos y charcos en los que el agua se mezcla con el mercurio, irrumpen en un desierto de 45.000 hectáreas fabricado por el hombre. Es el Bajo Cauca antioqueño, región en la que se evidencian las huellas indelebles que la explotación, la mayoría ilegal, de oro ha dejado en la tierra.
Ríos casi desaparecidos a la fuerza. Peces envenenados y bosques destrozados; riesgo y criminalidad hacen parte de un negocio que sigue siendo lucrativo e incontrolable para las autoridades.
El reporte oficial es contundente. Tan solo un estimado del 20 % del territorio está en proceso de legalización. Sin embargo, 45.000 personas trabajan en esas explotaciones y buscan oro, un mineral que hasta ayer cotizaba a 1.200 dólares la onza y se pagaba, en Caucasia, a 107.000...
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