Entrevistar al presidente Petro es casi imposible. Alguien dirá que es una obviedad porque entrevistar a cualquier presidente es difícil, pero el de Colombia es un caso especial. En primer lugar, porque no les da entrevistas a los medios o periodistas colombianos: entre 2025 y los primeros meses del 2026, Gustavo Petro dio 27 entrevistas, de las cuales 25 fueron para medios internacionales, otra para Julio Sánchez Cristo y otra para el personaje de humor Juanpis González. Y en segundo, porque cuando Petro aparece en medios extranjeros o en los canales digitales de activistas o humoristas responde cualquier cosa menos las preguntas difíciles.
Cuando el periodista Daniel Coronell —que lo entrevistó en octubre pasado para el medio estadounidense Univisión en el momento más crítico de los ataques entre Petro y Trump— le preguntó sobre la idea de hacer operaciones militares conjuntas entre Colombia y Venezuela (en ese entonces con Maduro al mando), el presidente de Colombia se las ingenió para hablar de los colores de la bandera de Colombia: dijo que el azul y el rojo eran por la bandera de Haití y que el amarillo era en honor al sol del Caribe y “no al pelo de la rubia del zar que era feísima”.
Por eso cuando Westcol, el famoso y millonario streamer colombiano de 25 años, lo entrevistó el pasado 26 de marzo en la Casa de Nariño casi hasta la medianoche, no podía desaprovechar la oportunidad. Le preguntó, en el palacio presidencial, lo mismo que nos preguntamos todos en el bar y en la ducha: ¿Por qué hay tanta prostitución en Colombia? ¿Por qué no se puede matar a los ladrones? ¿Por qué los jóvenes que estudian no consiguen trabajo?
800.000 personas vimos la entrevista en vivo: La mitad nunca había escuchado a Petro —que ese día fue conciso y claro— y la otra mitad a Westcol —que ese día fue prudente y elegante—. Más de dos millones de personas la han visto en Youtube y decenas de millones más en vídeos cortos en redes sociales. En Youtube, la entrevista de Coronell tuvo medio millón de visualizaciones. Para referirse a Petro, Coronell, que lo conoce hace décadas, lo llamaba Presidente o Señor Presidente; Westcol, que lo conoció esa noche, y que seguramente nunca lo vuelva a ver, le dijo “papi” y “guevón”. Westcol y Coronell sufrieron la impuntualidad del presidente, pero solo el segundo se lo reclamó en vivo: “Se demoró un poquito. Nos dejó afuera esperando como hora y media”, le dijo antes de saludarlo.
Por si algún despistado todavía no lo sabe (porque no saber quien es Westcol no es ser culto sino lo contrario): Westcol se llama Luis Villa, tiene 25 años, nació en Ciudad Bolívar, Antioquia, y su trabajo es ser streamer, que significa transmitir en vivo a través de internet: sin quitarse la ropa, sin entrevistar famosos (el famoso es él), sin revelar trucos, sin una rutina de chistes, sin predicar la palabra de ningún Dios.
En ese trabajo, en el que puede jugar algún videojuego, comerse una hamburguesa con la boca abierta, o decir que en su carro está prohibido subir gordas delante de 10.000 personas que lo aplauden y se ríen, es uno de los mejores del mundo. También de los más millonarios: en una transmisión de cinco horas puede ganar más de 10.000 dólares. Tiene una de las mejores colecciones del país: los carros más grandes, las cadenas más pesadas, los dientes más brillantes, las mujeres más hermosas. Es dueño, entre otras cosas, de discotecas, restaurantes y un estudio musical. Hace seis años, en la pandemia del Covid, Westcol recibía el subsidio de Familias en Acción, uno de los programas sociales del gobierno para la gente más pobre del país. Ahí hay preguntas por responder, pero es más fácil conseguir una entrevista con el presidente.
“La entrevista es esa situación inverosímil donde un personaje cree que debe contestar con cierta seriedad preguntas de un desconocido que no toleraría de su mejor amigo”, escribió Martín Caparrós. Westcol llegó a la Casa de Nariño vestido de saco negro y con la camisa por dentro del pantalón; Petro, de jeans, tenis y gorra. Cada uno quiso parecerse al otro. Cada uno quería quedarse con los seguidores del otro. Westcol es el rey en Tiktok, Petro, en X. Esa fue la primera de las varias similitudes que aparecieron en la hora y media que duró la conversación. “La cagué con este traje, ¿cierto?”, le preguntó el streamer a la cámara antes de entrar al Palacio.
Mientras esperaba a Petro y daba vueltas por la casa presidencial, Westcol les avisó a las 400.000 personas que había conectadas entonces que su stream pasaría a la historia a pesar de que no sabía de política ni veía conferencias ni debates. Petro lo sabía, por eso empezó la entrevista en el pasillo donde están los cuadros de los expresidentes y le habló de oligarquías y apellidos. Luego lo llevó al salón dedicado a García Márquez y le habló con pasión de traducciones y primeras ediciones, de aurelianos, y, como el niño que le saca su colección de dinosaurios al amiguito que llega de visita, se sentaron en unas sillas rústicas con una mesa en el medio, el maestro y el alumno.
“Probablemente sea el joven que más viene de abajo haciéndole una entrevista a Gustavo Petro”, dijo Westcol, que sin conocerlo ya hablaba como Petro.
Todo el escenario estaba decorado de mariposas amarillas. Petro le contó, que ahí donde estaba sentado Westcol, se habían sentado los presidentes Lula (Brasil) y Orsi (Uruguay). Le dijo también que le gustaría invitar a Trump. Westcol también quisiera entrevistar a Trump.
La entrevista ocurrió un jueves, horas después de que la selección Colombia perdiera 2 a 1 un partido amistoso con Croacia, cuatro días después de que un avión de la Fuerza Aérea Colombiana cayera y dejara 69 muertos y siete días después de que en el país estallara el escándalo por decenas de denuncias de casos de acoso sexual en medios de comunicación.
Petro, que convirtió los Consejos de Ministros en streams sabe que la fórmula para convertirse en un streamer exitoso es decir en público cosas que daría pena decir incluso en privado. Por eso dijo en uno que una gran mujer es aquella que sabe acompasar el clítoris con el cerebro y que las mujeres más lindas del M19 eran las encargadas de curar a los guerrilleros enfermos. Westcol ha dicho que quisiera tener como novia a una cajera de un supermercado para humillarla y tratarla mal sin que lo dejen “porque yo le voy a mantener a la mamá, entonces ella sabe que si me deja la mamá queda pobre”.
Cuando la prensa lo cuestiona, el presidente dice que las periodistas son “muñecas de la mafia”, cuando una periodista publicó el historial de mensajes misóginos, homofóbicos y aporofóbicos de Westcol, él le respondió (en una transmisión, claro) que lo que le hacía falta era “una buena picha para estar amargada así de la vida, para dedicarme tanto tiempo”. Los dos tienen miles de seguidores dispuestos a atacar e intimidar por redes sociales a los periodistas.
Todos los medios de comunicación masivos del país cubrieron la entrevista, que tuvo más alcance que ninguna otra, especialmente entre los más jóvenes, pero no como Westcol esperaba. Después de más de una hora de conversación, en la que preguntó por las causas de la pobreza y la violencia, temas de los que Petro podría hacer un stream de dos horas diarias durante un año sin parar a bostezar, Westcol prometió que los periodistas amarillistas tendrían material de sobra para “comer”, y antes de entrar a Palacio había prometido “mínimo cinco funas (críticas) mundiales”. Pero no hubo ni una, al contrario, pasó lo que pocas veces: los seguidores del entrevistador y el entrevistado quedaron dichosos, porque, de nuevo Caparrós: hay pocas situaciones tan construidas, tan ficticias, como una entrevista: dos personas simulan un diálogo que no circula entre ellos dos. Hablan como si se hablaran, intensos, concentrados, pero no: los que hablan son, en principio, el dinero y el público. El entrevistador pregunta porque es su trabajo; el entrevistado contesta porque quiere que muchas personas se enteren de que piensa tal cosa, ha hecho tal otra, se cree la de más allá: habla, a través del señor que tiene en frente, a otros”.
