“Generamos cerca de 5.000 empleos con los gimnasios”: Wilder Zapata, creador de Action Black
Este empresario pasó de vender frutas en una carretilla con su papá a construir un imperio de 137 gimnasios. Con su historia de esfuerzo, disciplina y superación, narra cómo enfrentó la pobreza, los fracasos y la pandemia, hasta transformar su pasión por el deporte en un modelo de negocio. ¿Por qué decidió ahora ser candidato al Senado?
Wilder Zapata, es el creador de los gimnasios Action Black y en medio del éxito ha decidido hacer un alto en el camino para lanzarse al Senado.
Cuando tenía 5 años vendía frutas en una carretilla con su papá, hace 10 años creó su primer gimnasio popular, en pandemia casi se quebró pero supo reinventarse y hoy con sus socios tiene 137 gimnasios entre operativos y en construcción en seis países –Estados Unidos, México, Colombia, Brasil, España y Portugal– y ya están arrancando también en China.
“Es un trabajo de todo el equipo, no solamente mío. Yo ahí sí yo soy la sumatoria de la gente”.
¿Quién es Wilder Zapata?
“Soy el mayor de cuatro hijos. Nací en Aranjuez. En 1991, el año en que Medellín según entiendo era la ciudad más peligrosa del mundo. Mi papá me contaba cómo le tocó la vuelta a él, que a diario le mataban amigos. Pero sobre todo me enseñó el amor al trabajo y al deporte. Mi mamá me dio una base de principios y valores muy importante en mi vida. Yo soy la sumatoria de mis papás, de sus decisiones”.
¿Cómo cuáles?
“Mi papá, a pesar de tener tres trabajos, fue un hombre extremadamente presente. Él era mensajero, vendedor de periódicos a domicilio y en sus “tiempos libres” vendía frutas en carretilla. Yo lo acompañaba y lo veía no como trabajo, sino como tiempo de calidad con mi papá. A mi papá y a mi mamá los amo profundamente. No tengo cómo pagarles lo que hicieron”.
¿Le encantaba ir a vender frutas?
“Sí. Me acuerdo una vez que le pregunté a mi papá: ‘por qué si vendemos aguacates, en la casa no comemos aguacate’. Y él me dijo, Mijo, es que uno no se come el capital. ¿O con qué pagamos servicios, arriendo y el surtido para la siguiente tanda?”.
¿Vivían con lo necesario?
“A veces menos que lo necesario. Había días en que faltaban ocho días para la quincena y a mi papá, apretado con los pagos, no le quedaba ni para el paquete de arepas. Entonces, le dejaba $200 a mi mamá que nos alcanzaban para comprar dos arepas y mi mamá me dio media arepa a mí, media a Jessica, media para Kevin y media para ella. No había nacido mi hermano Michael, el menor”.
Ese era el desayuno...
“Para mi eso no era pobreza. Yo apreciaba y agradecía demasiado lo que tenía. Uno no es responsable de donde nace, pero es cien por ciento responsable de donde va a morir”.
¿Cómo nació la idea de los gimnasios?
“Yo me fui a estudiar becado a España. Cuando eso, a los 21 años, lo más lejos que había ido era al parque de las ballenitas en Girardota y al Comfama de los grillitos. Hay una historia medio charra, yo nunca había montado en avión y me gané hasta los tiquetes en clase ejecutiva. La auxiliar me trae una carta para escoger qué quería comer y yo no veía el precio por ningún lado. Yo tenía solo 100 euros y pedí un vasito de agua. Aguanté así nueve horas y media hasta Barajas. Terminé pidiendo un jugo de naranja y cuando me fui a bajar pregunté ¿cuánto debo?. Y me dicen, todo era gratis. Desde entonces, quedé rayado y cuando monto en un avión me como todo”.
Llegas a España en 2013 y...
“Y conozco una cadena de gimnasios de bajo costo. El gimnasio valía 9,90, lo que valía un kebab con Coca-Cola. A mí me explota la cabeza. Digo ¿qué es esta locura? ¿Cómo es posible que en Colombia un gimnasio valga doscientos, trescientos dólares y aquí valga nueve con noventa? Vuelvo a Colombia a seguir estudiando. Un día pasé por el Palacio de Exposiciones y había un montón de gente amanecida, haciendo fila en la calle. Y yo que soy muy preguntón averigüé y me dijeron que era gente que quería participar en el Desafío. Me parecía tan loco que decidí hacer mi trabajo de grado sobre ese fenómeno. Investigué y me di cuenta que los reality shows son otro género de telenovela. Me fui a amanecer un día, como investigador, me presenté a la entrevista y un camarógrafo me dijo que me había ido muy bien. Pasé de ser súper escéptico a ilusionarme: me bañaba con el celular en la ducha esperando la llamada. Pasó un mes, dos meses, tres meses y nunca me llamaron. Me rompieron el corazón. Y juré que iba a ir al Desafío. Tiempo después yo estaba trabajando en Ruta N con la Universidad de Antioquia y veo al director del Desafío”.
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Como si te lo hubieran puesto en el camino...
“Parece magia. Pero el maestro aparece cuando el alumno está preparado. Entonces, cuando yo lo veo, me le tiro y le digo señor Pablo Garro, mucho gusto, Wilder Zapata, fiel seguidor del Desafío. Los felicito. Me sabía todo, saludé hasta a la asistente por su nombre: señorita Susana Rodríguez, ¿cómo está? Señor Pablo. Tengo un video que muestra que tengo todo lo necesario para el Desafío. Yo no tenía el video, pero se lo llevé a los tres días como me pidió. Me volví spam, le mandé ese video al perro y al gato en Caracol. A lo último me dijeron: lo escogimos por persistencia y usted nos cambió el formato de hacer convocatoria los reality shows en Colombia”.
¿Y el Desafío lo ganaste de pura estrategia?
“Yo era deportista de alto rendimiento. Me va muy bien en las pruebas y no tuve estrategia. La gente me decía: tenemos que hacer un espectáculo para el público. Y yo les contestaba, parce, soy muy malo para eso. Yo voy a hacer lo que yo soy. El Desafío mío fue en Marruecos y dormíamos en el desierto”.
Dura esa playa baja...
“El desierto en la noche frío absoluto y en el día un calor tremendo. Pero hay realidades de las que uno a veces no se acuerda... en una época nuestra casa era muy pequeña, como yo era el mayor me tocaba dormir en un corredorcito, mi papá traía unas cajas de cartón como colchón. Cuatro o cinco años de mi vida dormí en ese cambuche”.
Estaba más que entrenado...
“Sí, pero te repito, para mí no era problema porque tenía techo, tenía a mi papá y a mi mamá. A pesar de la escasez material, siempre me sentí demasiado completo. Es un tema de perspectiva de la vida. Entonces allá yo disfrutaba demasiado, yo no hablaba de nadie. Cuando llegaban y me decían ¿Vos qué opinas que Carlos dijo que George está hablando mal de vos? y yo decía en cámara: ‘voy a pedirle disculpas porque de pronto yo lo lastimé de alguna forma sin darme cuenta’”.
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Entonces ganaste...
“Gané. Votó Colombia por mí. En ese momento estudiaba y trabajaba con la Universidad de Antioquia. Me ganaba $1.500.000. El día que cumplí 18 años, saqué la cédula, para poder ir a trabajar en Falabella. Me acuerdo que me ubicaron de auxiliar para doblar ropa y yo veo que dan propinas por bajar televisores y equipos de sonido y me hice al lado de ellos y empecé a recibir propinas”.
Y de repente le cayeron $600 millones del Desafío ¿con eso montó su primer gimnasio?
“Con el premio del Desafío hice tres cosas. Llevé a mi papá y a mi mamá a conocer el mar, les di la casa propia y emprendí en la industria del deporte. Nos juntamos con tres amigos y les hablé de montar un gimnasio en barrios populares. Muchos me decían que la gente en los barrios populares solamente va a casinos, juega chance o va a discotecas. Puros prejuicios. Pero yo sabía que en el barrio a muchos les gusta el deporte y a mí particularmente me salvó de malas relaciones. Yo ahorraba tres subsidios de Comfama, para poder ir un mes cada cuatro meses al gimnasio. Montamos el primer gimnasio Action Fitness en Manrique, en la 45 con la 72. Y la gente me decía ‘parce, te vas a quebrar’. Pero la sacamos del estadio”.
Además demostró que los gimnasios pueden ser baratos...
“Sí. Cobrábamos $39.900 hace once años. Mientras un gimnasio de garaje valía $90.000. Y otros gimnasios con instalaciones como las nuestras valían $350.000 o $400.000. Nosotros apostamos al volumen y mis socios y yo, éramos los que pintábamos, los coach, los recepcionistas, el administrador, hacíamos casi todo. El primer gimnasio tuvo el retorno de inversión en ocho meses. Una locura”.
En diez años crecieron de manera bestial.
“Al punto de que nos hicieron una oferta de compra de 24 millones de dólares. Pero el negocio se cayó por la pandemia. Gracias a Dios, porque uno le pierde propósito a la vida. Me acuerdo que yo me sentaba con los usuarios a conversar. ¿Y vos por qué te mantenés aquí todo el día? Es que aquí me tratan bien, decía uno. Y otro usuario decía es que aquí el agua es caliente y además el baño está enchapado. Es muy tremendo ver como por el gimnasio se empieza a transformar el barrio”.
¿La pandemia lo quebró?
“En pandemia pasamos de una venta de 96.000 millones a una deuda de $22.500 millones en el banco. Y yo en vez de ver el vaso medio vacío, quebrado, yo dije ¿qué hicimos tan bien hecho para que nos prestaran esa plata? Hay un libro muy poderoso que se llama El hombre más rico de Babilonia y ese libro me dijo honre su palabra y póngale la cara a quienes han confiado en usted, que si usted le explica su problema, ellos van a entender y póngale un plan de pagos. Y si usted honra su palabra, ellos no solamente lo van a perdonar, sino que lo van a seguir ayudando después. Yo me puse a llamar a los bancos, a los arrendatarios, a los colaboradores, me salió callo en la oreja. Así sea lo último que yo haga en la vida, yo le voy a pagar esa plata. Pero deme un plazo”.
¿Se recuperaron rápidamente?
“Durante la pandemia lanzamos un modelo nuevo que se llama Action Black. La tesis del negocio era que la gente viera resultados de forma rápida y diferente. Hay gente que paga el gimnasio y no quiere ir. En cambio, buscamos que la gente lo disfrutara tanto como ir a cine. Por eso el eslogan es We are not a fucking gym. Ahora tenemos hoteles, clubes deportivos y estamos haciendo el torneo de pádel más grande del mundo en este momento. Hemos crecido casi un 230% al año”.
¿Cuántas personas emplea a nivel global?
“Cerca de 5.000 personas”.
Es cuando uno se pregunta ¿Por qué se te ocurrió meterte de candidato al Senado?
“Mi esposa me entregó una prueba de embarazo hace poco más de un año y medio. Marco va a cumplir un año. Y yo me cuestioné inmediatamente ¿si me muero mañana qué? Yo quiero que él tenga de una u otra forma algo de estabilidad. Y además hemos querido que sea colombiano. Ya conozco muchas partes del mundo, lugares espectaculares, pero Colombia es un vividero como ninguno. Yo amo a Colombia profundamente, quiero que mi hijo sea colombiano y quiero darle como me dio mi papá valores, amor al trabajo y principios”.
¿Y al final definiste fácil lanzarte?
“No fue fácil. Me lo cuestioné mucho. Yo decía yo estoy construyendo país, ya estoy generando empleo. ¿Qué necesidad? Pero decidí que quiero construir un país de oportunidades. No quiero que mi historia sea la única, la extraordinaria. Creo que mi historia sea ordinaria. Quiero que sea la media de los colombianos, que todas aquellas personas que se levanten todos los días a trabajar puedan conquistar sus sueños, su casa propia, su carro, conocer el mundo. Hay naciones que crean multimillonarios como ciudadanos normales. O sea que si hay una fórmula, así como hay fórmulas que uno abre una empresa y siempre funciona, hay fórmulas también para que las naciones creen gente exitosa todo el tiempo. Si ya uno tiene la capacidad y el discernimiento y la experiencia y la posibilidad de construir país de forma distinta, como dice Steven Covey, el octavo hábito de la gente altamente efectiva. Encuentra tu voz y ayuda a encontrar la voz de otros. El éxito es simplemente la mitad del camino. Lo que yo considero éxito no es llegar a la cima, sino descender con más conocimiento y experiencia y ayudar a otros a subir también y que conquisten sus cimas. Y así lo estaba haciendo con la industria privada. De repente me siento con un grupo de amigos que dicen parce necesitamos hacer política de forma distinta, con resultados, no con discursos vacíos. Porque al final del día la nación, el país es una empresa y hay que gestionarla”.
¿A propósito, escogió el número siete en el tarjetón?
“Por muchas cosas. El número de la suerte, el número de Dios, el número Cristiano Ronaldo y el número de Harry Potter cuando jugaba Quidditch”.
¿Y hace campaña en la calle?
“Sí en la calle. Y yo pido que me enseñen. Veo muchos candidatos de muchos movimientos pagando gente para que se hagan voluntarios y no. Yo les digo vengan hacemos esto de forma distinta. Ustedes conocen mis resultados. Eso no es palabrería. Yo con ustedes he lavado baños, he descargado camiones, he armado máquinas, he dictado clases. ¿Me acompañan? Esto lo vamos a hacer de forma austera, porque si vamos a llegar allá es a recortar presupuesto. Hay un montón de burocracia. Llevar eficiencia en los sectores productivos para generar un mayor revenue y el revenue es generar el bienestar colectivo a las personas. Eso es la excelencia”.
¿Y no te da miedo la política?
“Sí, me da miedo. Claro. Pero yo me levantaba también con miedo a emprender y emprendí. Al final del día uno tiene que coger el miedo de la mano y avanzar, porque si no, te estancas. Lo que se estanca se pudre, lo que se pudre se muere. Me ha gustado encontrarme en la calle a la gente que está vendiendo palitos de queso o que está limpiando un vidrio, me acerco y les digo Parce, los felicito, porque están haciendo país. Están trabajando de forma digna y aunque de pronto tengan carencias de lo material, están haciendo mucho más que otros que están haciendo daño a la gente. Entonces creo que voy a seguir haciendo política”.
¿Le ha gustado?
“Sí, me ha gustado volver a aprender un montón de cosas. Recordar nuevamente que toca salir a la calle a tocar puertas, como cuando lo hacía ofreciendo planes de gimnasio, ahora es ofrecer un proyecto legislativo para que el país funcione. ¿Y qué les ofrezco? Uno, apostarle a un Estado mucho más reducido. Cortar lo ineficiente como pasa en el sector privado. Meter tecnología para acabar con la corrupción. Que no dependa de la decisión o la voluntad de un humano. Dos, potenciar el emprendimiento y las empresas que son las locomotoras del país. El Estado no sabe generar empleo. No conozco el primer político que genere cinco mil empleos. Pero sí conozco muchos cientos de empresas que generan miles de empleos. Entonces, generar políticas para que seamos una tierra próspera para todo aquel que quiera construir el sueño colombiano. Y tres queremos trabajar para cambiar ese mindset educativo. Queremos generar educación para la riqueza, no para la pobreza ni para la supervivencia. Y el deporte y el bienestar como eje transformador e integrador, social. Creo que uno debe buscar más que buenos políticos, son buenas personas liderando con resultados y hechos. Entonces, si la gente nos quiere acompañar en este proceso, parce más que bienvenidos: vote por Creemos al Senado y el número siete, para que lleguemos juntos al Congreso de la República”.