Dueños de moteles piden que se apruebe el piloto para reabrir
51 establecimientos del Valle de Aburrá, dedicados a rentar habitaciones por horas, cerraron puertas temporalmente. Están esperando definiciones para volver a operar.
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¿Ocasional o amanecida? La pregunta típica que precede cualquier alquiler de un cuarto por horas en el Valle de Aburrá se dejó de escuchar, desde finales de marzo, al ingreso de los establecimientos con motivo de la cuarentena extendida.
Como en muchos otros subsectores de esparcimiento y entretenimiento (bares, discotecas, cines, teatros), la llegada del coronavirus obligó a suspender actividades y puso a propietarios y empleados en una situación de incertidumbre. Los recursos eran limitados y se fueron agotando con el paso de los días.
Para afrontar la crisis, los propietarios de 51 moteles del Valle de Aburrá se agruparon, trabajaron en protocolos que incluyen refuerzos de los elementos de bioseguridad para el personal, espacios en cada cabaña para desinfección de pies y dotación de alcohol de uso externo y gel desinfectante en todas las habitaciones.
Ahora solicitan a las administraciones municipales el aval para liderar un plan piloto que les permita reactivar labores, sin poner en riesgo a visitantes o empleados de un sector que genera más de 1.800 empleos directos y cerca de 4.000 indirectos, entre proveedores y aliados, según los datos reunidos por el gremio y compartidos por la Secretaría de Desarrollo Económico de Medellín.
Por sus características diferentes, los moteles no están contemplados en el mismo sector que los hoteles. El Gobierno ordenó su cierre para evitar propagaciones de cuenta del contacto íntimo. Vale la pena recordar que según la OMS el virus causante de la covid-19, como cualquier enfermedad respiratoria, se transmite cuando una persona infectada tose o estornuda y proyecta pequeñas gotículas que contienen el virus. Si está demasiado cerca, las otras personas pueden inhalar el virus o pasarla por el intercambio de fluidos.
“No somos considerados en el sector hotelero, pero sí somos de esparcimiento. Hay que tener en cuenta que nuestra actividad no representa aglomeraciones de gente. Tenemos protocolos de salud y las medidas de asepsia, que de por sí son rigurosas, fueron reforzadas. Le pedimos al Gobierno que nos permita reabrir, porque aunque intentamos continuar con las obligaciones laborales, no aguantamos y tuvimos que cancelar contratos”, explicó Gladys García, vocera gremial y propietaria del motel Jardín del Amor, ubicado en La Estrella.
Pocas adecuaciones físicas
Entre las ventajas que señala los la agremiación están que en la mayoría de estos espacios los clientes no tienen contacto físico con el personal y, tanto la asignación de la habitación como los servicios adicionales, se hacen de manera remota en espacios diseñados para respetar la privacidad de los huéspedes.
Edward Marín Quiroz, administrador del motel Santorini (ubicado en las instalaciones del otrora Punto Cero), indica que para dicho negocio fue aún más caótico, porque cambió de dueño y reabrió sus puertas a principios del 2020.
“Solo alcanzamos a operar poco más de dos meses. Éramos 80 trabajadores y la proyección era ampliar a 100. A pesar de que se adelantaron vacaciones para suplir las necesidades, a finales de mayo se agotaron los recursos y tuvimos que cancelar contratos”.
Respuesta oficial
Mauricio Valencia, subsecretario de Creación y Fortalecimiento Empresarial de Medellín, explicó que dicha actividad productiva no está habilitada aún por parte del Gobierno Nacional, pero confirmó que el gremio de moteles presentó una propuesta a la Alcaldía de Medellín y a la Gobernación de Antioquia para reactivar y proteger los más de 1.800 empleos.
“Sumando toda la cadena productiva se habla de cerca de 2.600 empleos, en este momento el Municipio se encuentra revisando la viabilidad sanitaria de poder retomar las labores de este sector productivo”, declaró.
Los voceros del gremio apelan a que la reactivación de servicios permitiría aliviar tensiones y serviría para la salud mental de la población, luego del periodo de encierro. La apuesta es que las citas ocasionales de amor furtivo impidan el ocaso de un negocio del que depende el sustento de por lo menos 1.800 familias.