Antioquia

Emberá cavaron las tumbas para sus muertos

En el resguardo Llano Gordo, de Dabeiba, fueron sepultadas ayer cinco de las siete víctimas de la tragedia invernal.

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14 de octubre de 2016

Alas cuatro de la tarde de ayer, acompañados por hermanas de la Santa Madre Laura y un vicario, la comunidad indígena Emberá Llano Gordo, del resguardo Sever, de Dabeiba, sepultó a cinco de sus seres queridos que murieron al quedar atrapados por una avalancha que arrasó sus viviendas.

Fueron los propios indígenas los que, de acuerdo con su tradición, cavaron las tumbas.

Excavaron dos metros de profundidad para luego hacer una bóveda, en el costado del piso, de tal forma que la tierra lanzada desde la superficie no cayera sobre los féretros. “Es una creencia que viene de los ancestros. En la vida los indígenas viven libres y ahora, en el hueco, el alma debe tener el espacio para avanzar”, sostuvo Joel Sepulveda.

El último adiós se rindió luego de un velorio de varias horas donde largos silencios eran interrumpidos por el llanto de alguno de los dolientes. Allí quedaron para la eternidad los niños Edison Domicó, de 13 años, Wilfernando Domicó, de 9 años; Sorelly Gutiérrez Domicó, de 5 años, Yasiri Majuri Domicó, de 2 meses, así como Celmira Domicó Domicó, de 60 años, y Luz Majuri Domicó, de 24.

Las otras dos víctimas, ambas mujeres, fueron trasladadas a otra comunidad en Apartadó, para ser sepultadas.

Del grupo de seis heridos, tres eran atendidos ayer en el Hospital Pablo Tobón Uribe, de Medellín, y los tres restantes en el hospital de Dabeiba.

La tragedia

Llegar del resguardo Llano Gordo a Dabeiba es una tarea exigente que exige, entre otros esfuerzos, avanzar horas por caminos intransitables, antes de alcanzar una carretera, que es una trocha y por la que, de pronto, pasa un carro.

Ese recorrido tuvieron que hacerlo los indígenas con los heridos, guindando en hamacas, colgadas en palos, que son transportados a hombro, por lo que el sufrimiento se multiplica para el herido y quien lo traslada. Lo otro es esperar lo imposible, como la llegada de un helicóptero.

A ese trecho sobrevivió Wílmar Domicó, de 25 años, quien pese a las heridas que sufrió fue dado de alta en el hospital Perpetuo Socorro, de Dabeiba. Sobre los hechos, Wílmar recordó que todo transcurrió en segundos. Él, como las demás víctimas, se entretenía viendo un partido de fútbol por televisión. “Caía mucha lluvia, pero estábamos tan concentrados que lo único que sentí fue el impacto de la tierra sobre las casas”, dijo.

Pese a resultar herido, hizo hasta lo imposible por tratar de rescatar a una de las niñas que fue trasladada al Pablo Tobón Uribe, de Medellín.

Wílmar anoche no sabía para dónde pegar. Con su voz quebrada por el sufrimiento le dijo a EL COLOMBIANO que estaba un poquito mejor. Pero la tragedia es grande. Algunas de las víctimas habían sido expulsada por la violencia de Llano Gordo. Buscaron refugio en Apartadó, de donde también fueron expulsados. Regresaron a Llano Gordo y es ahora la tierra que los vio nacer la que se les vino encima para expulsarlos.