Antioquia

Entre el reblujo buscan los planos para salvar edificio que crujió en barrio Boston

Una columna dañada obligó al desalojo inmediato. La estructura puede repotenciarse pero necesita que dos adultos mayores abandonen el lugar.

Soy periodista porque es la forma que encontré para enseñarle a mi hija que todos los días hay historias que valen la pena escuchar y contar.

29 de septiembre de 2022

El estruendo los dejó desorientados. Nadie supo qué hacer. La primera reacción de Marta Cecilia Jiménez fue bajar de su apartamento a barrer escombros con la mano temblorosa y a punto de un colapso nervioso. Su nieto Juan Pablo fue el primero en espabilar y se puso a tocar puertas de vecinos.

La columna cedió y sacudió al edificio de más de 40 años a las ocho de la noche del martes. Media hora después todos, salvo dos de sus habitantes, estaban en la calle buscando ayuda y techo; cuatro aceptaron el refugio que les ofreció el Dagrd, tres se fueron a un hotel y a otros once familiares y vecinos les abrieron las puertas de sus casas.

Pero un hombre de 70 años y su madre de 90, habitantes del último piso, se negaron a salir de su casa, y ni los ingenieros del Dagrd, ni los trabajadores sociales de la Alcaldía ni sus vecinos lograron convencerlos. De lo poco que saben de ellos, cuenta Marta Cecilia, es que el señor es paciente de cáncer y que la respuesta que le dieron a las autoridades, a quienes no dejaron pasar de la puerta, es que consideran que aun estando en un edificio en riesgo se sienten más seguros en su hogar que errando en hoteles y albergues.

Y es que Marta Cecilia reconoce que entre los vecinos de las seis viviendas del edificio no había un particular espíritu comunitario. Incluso fue solo hasta el martes que muchos cruzaron palabra más allá de los buenos días. Pero ahora tendrán que unirse si quieren salvar el edificio y volver pronto a sus casas.

Todos deben salir del edificio

El martes en la noche, viendo las fotos de la columna y la gente evacuada, Juan David Correa reconoce que se puso a llorar. Ayer muy temprano, con casco bien puesto, llegó al edificio en busca de sus habitantes para proponerles, con toda calma, los pasos a seguir para salvar al edificio.

Juan David, ingeniero experto en estructuras, vivió allí hasta sus 19 años y su tío aún es dueño en el tercer piso. Tan pronto conoció el hecho empezó a bosquejar en una hoja, a grandes rasgos, la estructura del edificio.

Según Correa, lo que pasó allí fue que los estribos de la columna afectada cedieron por el peso. Su hipótesis es que en los últimos meses sostuvo una carga superior y el desgaste la hizo ceder de manera súbita.

La buena noticia es que fue una columna que soporta un patio del segundo piso y no una de las columnas que configuran el edificio. Así que el ingeniero considera viable repotenciar la edificación. Además, les garantizó contar con la experiencia de la firma EFE Prima CE, que ha asesorado estudios estructurales en edificios como Space, Continental y otras construcciones problemáticas.

El problema es que para concluir qué procedimiento es el correcto se necesitan hacer unas modelaciones de carga, pero mientras se adelanta este trabajo la estructura presenta riesgos pues, aunque no es una de las principales, si la columna afectada cediera totalmente causaría una especie de jalón que dañaría seriamente la estructura.

El otro gran problema, y que tendrán que solucionar a contrarreloj, es hallar los planos edificio sin los cuales su intervención será mucho más compleja. Juan David salió del edificio ayer a meterse de cabeza a la Alpujarra a intentar hallar los planos entre los archivos de Planeación.

Mientras tanto le puso dos misiones a los habitantes del edificio: correr la voz entre familia, vecinos y viejos propietarios a ver si entre todos ayudan a desempolvar los planos de la edificación construida en los 80.

La otra misión es tejer el espíritu comunitario para tenderle una mano confiable a los adultos mayores que ayer pasaron su segunda noche en la soledad del endeble edificio.

Rosmery Yepes, vecina del edificio y quien albergó en su casa a Marta Cecilia y a su familia, ofreció su ayuda a quien la necesitara. Dice que la comunidad no puede permanecer indiferente ante la emergencia, no solo porque un edificio enfermo es un problema para el sector, sino porque recuerda que nadie está a salvo de un drama que ponga en riesgo su hogar y todos quisieran recibir la mayor solidaridad posible.