Antioquia

Gobierno Petro se acaba y ni rajó ni prestó el hacha con los hipopótamos

Santuarios de México, India, Filipinas y Ecuador han ofrecido ayuda para llevarse los animales, incluso asumiendo los costos, pero desde el Gobierno Nacional no han hecho su parte.

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Estudió Comunicación Social y Administración de Negocios en la Universidad Eafit. Llegó a El Colombiano en 2022 para escribir crónicas y reportajes, y ahora hace parte del Área Metro. Antes trabajó haciendo pódcast.

hace 2 horas

Faltan cinco meses para que se acabe el gobierno del presidente Gustavo Petro y fue poco lo que se hizo para solucionar el problema de los hipopótamos en el país. Si bien se hicieron 35 esterilizaciones a través de Cornare, de las soluciones de fondo —el traslado o el sacrificio de las especies para detener su crecimiento— no pasó nada.

Según estimaciones de Cornare, la población de hipopótamos en el Magdalena Medio es de cerca de 220 ejemplares, pero los estudios señalan que si no se toman decisiones drásticas podría llegar a ser más de 1.000 en 10 años, pues no tienen depredadores naturales, como sí los tienen en África, donde hay leones, hienas o cocodrilos.

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Aunque el problema es difícil de resolver, sobre todo por lo costoso que puede ser capturar, transportar y conseguir quien reciba a estos animales, lo grave es que el Gobierno Nacional ha tenido en bandeja de plata las soluciones y las ha dejado pasar. Ni raja ni presta el hacha.

A finales de 2024, el periodista y activista medioambiental Nicolás Ibargüen fue contactado por representantes del santuario animal Vantara, ubicado en Gujarat, India.

Vantara es un inmenso y multimillonario refugio de vida silvestre, financiado por Anant Ambani —hijo de una de las familias más ricas de Asia—. Tiene más de 12 kilómetros cuadrados de extensión y un hospital veterinario de última tecnología.

En el santuario ya tienen hipopótamos y a las redes sociales suben videos de cómo los alimentan. Parecen banquetes para estrellas de cine.

Tras visitar las instalaciones y quedar impresionado con el lugar, Ibargüen trajo a Colombia una propuesta concreta estructurada por el santuario para trabajar de la mano con el Gobierno Nacional en el traslado paulatino y escalado de los animales. Ellos pagaban todo.

Desde hace años en el país se habla de la posibilidad de trasladar los animales a Vantara, pero parece que nunca había habido una propuesta tan seria como ahora.

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“Me pasaron una propuesta muy concreta para trabajar de la mano del gobierno de Colombia para reducir la población de los hipopótamos en Colombia a menos de 30 individuos en 5 años”, explicó Ibargüen.

El plan de Vantara era integral: no solo implicaba trasladar decenas de animales a la India o a otros países con poblaciones mermadas, sino también proveer capacidad técnica y veterinaria al país. Además, proponían financiar la creación de santuarios locales en Colombia para confinar y esterilizar a los hipopótamos que se quedaran, garantizando que terminaran sus vidas de forma digna.

El abogado Luis Domingo Gómez, experto en derecho animal que acompañó el proceso, confirmó la seriedad del ofrecimiento: “Tienen el músculo financiero, tienen la experiencia, tienen el equipo técnico”. Sin embargo, Vantara exige como requisito que sea un acuerdo formal de Estado a Estado para garantizar la transparencia y la legalidad.

Y entonces apareció la burocracia: Pablo Escobar no tuvo problema para traer un macho y tres hembras hace 40 años por avión de su propio bolsillo, pero ningún gobierno colombiano ha sido capaz de sacar del país a ninguno, aún cuando no le toca poner ni un peso.

Ibargüen señala que presentó el proyecto a la entonces ministra de Ambiente, Susana Muhamad, quien designó a un equipo para trabajar en el tema. Pero tras la renuncia de Muhamad en febrero de 2025 y la llegada de nuevas ministras a la cartera, el contacto se perdió por completo. “Llegó la ministra Lena Yanina Estrada y ahí frenó todo lo que habíamos adelantado. Con cinco meses en el ministerio también renunció y con eso el gobierno desistió de su interés”, denunció Ibargüen.

En un último intento por revivir el proyecto, Ibargüen y el abogado Gómez, con ayuda de la senadora Andrea Padilla, lograron una reunión en julio de 2025 con el asesor jurídico de la Presidencia. El tema le interesó y se lo comunicó al presidente Gustavo Petro, quien días después, en una alocución televisada el 15 de julio de 2025, habló del tema. “Ya que estamos hablando de hipopótamos, voy a visitar a un empresario que se los quiere llevar a la India y allá es donde pueden vivir porque aquí matan y los matan”, afirmó.

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Pero luego no pasó nada. “Después de eso no volvimos a recibir ninguna respuesta del gobierno. Tampoco se han vuelto a comunicar ni han adelantado nada en este tema”, lamentó Ibargüen.

En 2024 el Tribunal Administrativo de Cundinamarca ordenó la erradicación de la especie en el país en el largo plazo, y le ordenó al Minambiente expedir, en un plazo de tres meses, la reglamentación definitiva sobre las medidas de erradicación, que deben incluir, obligatoriamente, la caza de control y la esterilización. Ese fallo se encuentra en segunda instancia en el Consejo de Estado.

Intentamos comunicarnos con la actual ministra encargada de Ambiente, Irene Vélez, a través de su equipo de prensa, para preguntarle por esta gestión, pero al cierre de esta edición no tuvimos respuesta.

Entre tanto, las que sufren son las corporaciones autónomas, en este caso Cornare, que tienen la responsabilidad de enfrentar el problema pero no los recursos ni la posibilidad de tomar las decisiones que no se toman en Bogotá.

Desde el 2022, en Cornare han intentado gestionar traslados a México, India, Filipinas y Ecuador, pero los trámites se estancan siempre en la capital, y es que es el Ministerio de Ambiente el único que puede emitir los permisos internacionales CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) para exportar a los animales.

Según David Echeverri, jefe de la Oficina de Gestión de la Biodiversidad de Cornare, trasladar a un hipopótamo en avión comercial o de carga, aunque complejo logísticamente por la necesidad de guacales especializados, es perfectamente viable.

Ante la imposibilidad de reubicar a los animales en el exterior, Cornare hizo un plan de manejo técnico basado en su experiencia de años, en el que priorizó la esterilización y la contención. No obstante, Echeverri advierte que el documento “nos deja igual de solos” porque no asigna los recursos necesarios para que las autoridades ambientales regionales puedan ejecutarlo.

A la fecha, se han logrado realizar unas 35 esterilizaciones quirúrgicas: 15 asumidas por Cornare y 20 por un convenio en el que aportaron recursos la Gobernación de Antioquia y el Ministerio. Este procedimiento es altamente peligroso, logísticamente complejo y costoso: cerca de $40 millones por individuo.

Para detener el ritmo de crecimiento, Echeverri calcula que sería necesario realizar al menos 30 esterilizaciones cada año, una meta, dice, “demasiado difícil” sin un apoyo sostenido del Estado.

Ecológicamente, los hipopótamos son considerados “ingenieros ecosistémicos” capaces de transformar radicalmente los cuerpos de agua. Pueden consumir 50 kilos de hierba diaria y, al defecar en los lagos y ríos, introducen enormes cantidades de materia orgánica y nutrientes que generan procesos de eutrofización y condiciones anóxicas (falta de oxígeno) que afectan gravemente a los peces y otras especies acuáticas.

Además, su tamaño y territorialidad están desplazando a especies nativas vulnerables y en peligro de extinción, como la nutria de río, el manatí y el chigüiro.

Esto sumado al riesgo que implican para la vida humana: Cornare ha registrado al menos dos ataques a campesinos que se “salvaron de milagro” y algunos accidentes de tránsito. Pero el mayor problema es que están en vida silvestre, reproduciéndose sin control.

Esa rápida expansión ahora tiene a los mismos hipopótamos peleando hasta la muerte por el territorio. Desde 2024, se ha reportado la muerte de al menos cuatro hipopótamos a causa de violentos enfrentamientos entre machos.

A eso hay que agregarle que con el paso de los años las comunidades del Magdalena Medio se han apropiado culturalmente del animal y lo han “mascotizado”. Lo explotan comercialmente como atractivo turístico, pero también hay registros de que hay quienes ya están vendiendo a las crías como mascotas. Prueba de que con el crecimiento de la especie no solo se pierden ecosistemas, también la cordura.