Antioquia

En Medellín, conductores que reinciden en infracciones son profesionales

Un estudio de sicólogos de la Fundación Universitaria Luis Amigó con los asistentes a los cursos para rebajar el valor de las multas reveló, además, que en su mayoría son profesionales.

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Comunicador social-periodista de la Universidad de Antioquia. Redactor del área Metro hace 20 años. Periodista judicial hace 30 años. También ha trabajado como locutor y periodista de radio en la Cadena Caracol. Autor del libro Expresión oral para periodistas, editorial UPB.

03 de julio de 2016

Desconfiados, con creencias de autosuficiencia, tendencias al aislamiento y a disimular sus errores, así fueron definidos los rasgos más característicos de personalidad de los reincidentes de las normas de tránsito en el Valle de Aburrá, analizados tras un estudio de los sicólogos de la Fundación Universitaria Luis Amigó, Nicolasa Durán y Norman Moreno.

La investigación se realizó con infractores de la Ley 769 de 2002, conductores de motos, carros particulares y de servicio público, quienes asistieron a los cursos para rebajar pagos de multas por infracciones de tránsito.

Cada entrevistado se tomó casi una hora para contestar las preguntas utilizadas para este análisis.

Los instrumentos usados por los investigadores fueron el Cuestionario de Personalidad 16PF-5, el cual evalúa 16 factores básicos de la personalidad, y una escala de comportamientos, creencias y actitudes ante las normas de tránsito y la seguridad vial.

Norman Moreno Carmona, quien también es profesor de la Fundación Universitaria Luis Amigó, precisó que la prueba fue realizada con una muestra total de 295 infractores sancionados en diferentes sitios del Valle de Aburrá en los que se detectó que 154 eran reincidentes frecuentes, información que se obtuvo de la base de datos del Sistema Integrado de Información sobre Multas y Sanciones por Infracciones de Tránsito, Simit.

Muchos son profesionales

Por su parte, la sicóloga Nicolasa Durán anotó que los resultados mostraron una tendencia a incrementar la frecuencia de infracciones de normas de tránsito en aquellos conductores que aprendieron a manejar con un familiar, un amigo o solos y que obtuvieron la licencia con un tramitador. Pero la prueba indicó que el aprender a manejar en una escuela no representa diferencia significativa.

La mayoría de los evaluados conducen vehículo particular y motocicletas, sin embargo no hay diferencias en el tipo de automotor entre quienes son infractores habituales y los que no lo son. Una gran parte de los conductores de transporte público y vehículos de carga, fueron muy representativos en la muestra como infractores frecuentes.

Además, el análisis reveló que el promedio de edad de los conductores reincidentes son hombres mayores de 35 años y una gran mayoría tiene estudios de posgrado, pregrado, tecnológico o técnico.

La sicóloga explicó que en este caso se notó que mientras más estudiados, muchos conductores tienen una tendencia a ser más transgresores de las leyes de tránsito o a disimular las faltas. “Pareciera como si hubiera una relación entre conocimientos y desconocimiento de la norma”, dijo.

Revisión de evaluaciones

Estos sicólogos aconsejaron que es necesario revisar la metodología utilizada para evaluar a quienes aspiran a obtener licencias de conducción o a renovarlas, ya que se requiere hacer un examen sicológico más riguroso sobre todo de la personalidad para poder identificar cuál es la relación que tiene el sujeto con las normas sociales y si se puede identificar una tendencia a evadirlas y no aceptar la convivencia social.

De las escuelas de conducción indicaron que también es bueno que replanteen sus instrucciones para que no solo se queden en la forma de enseñar cómo conducir el vehículo, cómo dominarlo y cómo es su funcionamiento mecánico, sino que también tienen una responsabilidad social en la prevención de incidentes viales. Por ello deben insistir en una instrucción sobre convivencia vial y el respeto, por convicción, no por obligación, de las normas de tránsito, que fueron hechas no para multar sino para salvar vidas y hacer más fácil la movilidad.

De igual forma llamaron la atención sobre las campañas que se hacen sobre convivencia vial, las cuales, con tantas reincidencias, se demuestra que no han sido suficientes para minimizar el impacto de las transgresiones a las normas de tránsito.

Sobre los cursos que deben realizar los infractores para que les rebajen las multas señalaron que tampoco tienen la efectividad esperada y con este estudio encontraron que, en muchos casos, el curso lo hace una persona que no fue la que cometió la infracción o el que va es el dueño del carro, porque la multa recae sobre el mismo y no sobre aquella persona que lo manejaba y fue quien violó la norma.

En el caso de las fotomultas, Nicolasa Durán aseguró que pueden estar fomentando “una moral heterónoma”, lo cual quiere decir que el sujeto respeta la ley cuando lo observan o por evitar un castigo y no cumple la norma por convicción como debe ser, en especial en las vías.

Consideró que las cámaras de fotodetección pueden ser muy efectivas en las áreas donde están ubicadas, pero no garantizan que los infractores reincidentes violen las leyes en los sitios donde no están ubicadas, por lo tanto si lo que se buscaba con ellas era evitar accidentes, tendrían que ubicarlas en todos los rincones de la ciudad.

Finalmente sobre el pago de las multas opinó Nicolasa que tampoco se ve como un mecanismo muy eficaz para evitar la reincidencia, en especial cuando en nuestro medio existe muy arraigada una cultura que considera que la ley se puede comprar.

Salud pública

El profesor de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, Gustavo Cabrera, investigador de temas de movilidad, afirmó que este estudio es valioso, porque hay que darle visibilidad al valor emocional que en salud pública oriente decisiones en torno a un grupo específico de actores de las vías que transgreden la norma, evaden la reeducación y pareciera que el trabajo con ellos es crítico para mejorar la situación.

“Uno puede ser objeto de fotomultas y de sanciones de tránsito, porque se puede equivocar, pero otra cosa es perpetuarse en las infracciones y esta cultura está muy arraigada entre algunos conductores”, concluyó.

Jairo Herrán, asesor jurídico del Sindicato Nacional de Transporte de Colombia, opinó al respecto que las personas adultos, en muchas ocasiones transgreden las normas del tránsito en forma inconsciente, mientras que en los jóvenes se presentan numerosos casos en que lo hacen a propósito.

De allí, dijo, que una persona de edad puede tener problemas de visión y viola sin intención una señal y en ello también influye una mala señalización, vías en deplorable estado. Pero también hay que tener en cuenta que las personas adultas tienen preocupaciones, dificultades económicas o son de servicio público que tienen que cumplir cuotas, obligaciones hogareñas, límites de horarios y esto los lleva a distracciones que, en algunos casos, terminan en violaciones de las normas del tránsito.

Sin embargo, en el caso de los profesionales que son reincidentes comentó que le llama mucho la atención este análisis, ya que tradicionalmente se cree que a menos conocimientos, menos disposición para acatar las leyes, pero como detalla el estudio, ocurre todo lo contrario y esto pude deberse a la capacidad económica de estas personas. “Consideran que si se equivocan y transgreden la norma, pues tienen la capacidad de pagar una multa que es el único castigo, lo que no ocurre con los conductores de servicio público a los que un comparendo les representa el salario de toda una semana o hasta de medio mes.

Eliana Mejía, sicóloga jurídica, explicó que en el Área Metropolitana hay dos factores que intervienen en la constante repetición en infracciones de tránsito: uno es el individual y otro el cultural.

En el individual se observa una personalidad narcisista, que no tiene empatía hacia las otras personas, en especial hacia los otros agentes viales como peatones y ciclistas. Estas personas simplemente no respetan las normas, porque se creen superiores a esas normas y a las leyes . Son impulsivas , no tienen un autocuidado, aman los riesgos y hasta los deportes extremos. Pues, entonces, para ellos las normas de tránsito no son su prioridad y no les importa pasarse un semáforo en rojo ocurra lo que ocurra.

También influye el factor de edad y en este estudio se explica que son personas cuarentonas y es que en esa edad se presenta lo que se llama en sicología “la segunda adolescencia”, por ende, son personas con dificultades en el control de impulsos.

En cuanto al factor cultural está presente en el inconsciente colectivo de Medellín y ello se debe a que acá cada vez se le está quitando más espacio a los peatones para cedérselo a los autos y motos y por eso hay zonas donde construyen sin aceras.

Por esto “vemos que en estratos altos se le da más relevancia al automotor entonces las personas inconscientemente asumen que es más valiosa la vida de quien tiene un carro de alta gama que la del peatón o del ciclista”.

En consecuencia, el inconsciente colectivo en Medellín le da prelación al vehículo y por lo tanto se asume que es el peatón el culpable del accidente o de lo que le ocurre cuando son los que van en un carro o moto los que representan un peligro para los demás usuarios de las vías. Hay un factor de repetición pero no de empatía. O sea que se accidentan, atropellan a alguien y siempre encuentran una justificación. “No iba por la acera, fue en una curva, no lo vi”.

Víctimas de reincidentes

La directora de la Fundación en Los Zapatos del Peatón, Martha Giraldo, señaló que es preocupante la reincidencia en los violaciones de las normas de tránsito, ya que en casi todos los casos de muertes del peatón se ha encontrado en que el indiciado es un conductor que tenía varias multas y, los más delicado es que cuando cometen el accidente se ve que repiten la infracción, en casi todos los episodios, por exceso de velocidad, semáforo en rojo o alcoholemia.

“La reincidencia es preocupación en las secretarias de Movilidad y se debe pensar en hacerle un seguimiento y compañía a los reincidentes, lo que prevendría muchos accidentes fatales”, concluyó.