Antioquia

El ‘milagro’ de la veda de celulares en colegios de La Ceja: bajó conflictos, de 42 a solo dos

Autoridades educativas aseguran que con la restricción de pantallas y redes sociales en las aulas de clase han logrado reducir el ciberacoso escolar y la citación a peleas, pero además ha mejorado el rendimiento académico.

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hace 28 minutos

Mientras que en la generalidad del país sigue sin agotarse el debate acerca de si es conveniente o no sacar los celulares de las aulas de clase, un municipio del Oriente antioqueño ya ha dado pasos de gigante en este tema y tiene resultados de los que podría aprender el resto de Colombia.

La Alcaldía de La Ceja sacó un decreto el 24 de octubre de 2025 estableciendo una veda a los aparatos tecnológicos móviles en los seis colegios de su jurisdicción, con niveles de obligatoriedad, dependiendo de la edad de los alumnos: es total en primaria y hasta noveno grado, y con condiciones para décimo y once. Y le deja a cada comunidad educativa la decisión de qué tan severos ser con los infractores. De esta manera, hubo desde los que definieron quedarse solo con el diálogo y la reconvención verbal, hasta los que optaron por el decomiso temporal del aparato si la conducta se repite.

El exsecretario de Educación y actual secretario de Cultura del Municipio, Mario Velásquez, quien fue el artífice, inscribiendo la idea dentro del Sistema Municipal del Cuidado que él creó, cuenta que después de esto, los problemas de convivencia escolar que debían remitirse al comité encargado de esos asuntos pasaron de 42 casos al año a solo dos este año.

Y las cifras que da la coordinadora de convivencia municipal, Sandra Milena Botero, parecen todavía más contundentes, pues según ella, en los pocos meses de enero que hubo estudio se contabilizaron cinco riñas en las afueras de las instituciones educativas cejeñas, las cuales eran pactadas mediante redes sociales como WhatsApp, Instagram o TikTok; pero tras la entrada en vigencia de la medida, en febrero, el guarismo ha caído a solo dos peleas en los casi ocho meses posteriores, con corte al miércoles 24 de septiembre.

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Sí causó especial extrañeza que esas dos citas para arreglar violentamente conflictos en las afueras de las instalaciones educativas fueran hechas (sin mediación digital) por niñas (no niños), algo que es actualmente motivo de análisis del Comité Municipal de Convivencia.

“Encontramos que esto ha sido de amores y desamores; fuimos los primeros en lanzar la propuesta por decreto, lo que generó bastante ruido. Al evaluar, vemos que se abrió un espacio para que los estudiantes experimentaran cosas diferentes. Da gusto verlos jugando, bailando y realizando actividades que no tienen que ser necesariamente frente a una pantalla”, expresa la señora Botero.

EL COLOMBIANO visitó tres colegios en La Ceja y constató que ver muchachos con las cabezas clavadas en sus celulares es una rareza. En vez de eso, se notaban las risotadas, los corrillos conversando y otros chicos corriendo de un lado a otro. Excepcionalmente un estudiante de los más grandes se veía embelesado con el móvil.

La Institución Educativa María Auxiliadora (privada) es una de las que ha aplicado más estrictamente el decreto. Allí, ante el primer uso indebido del teléfono detectado se hace un llamado de atención y la reincidencia ocasiona el decomiso por tres días para luego entregárselo al acudiente.

En ese lugar, alrededor de una banca con mesa de concreto, varios chicos conversaban animados; extrañamente eran alumnos de casi todo el espectro de la básica secundaria. En esencia lucieron sintonizados en su oposición a la veda del celular con argumentos como que hoy nadie puede prescindir de ellos, que no se pueden comunicar con sus papás o que se les dificulta consultar las tareas.

Isabel Cristina, de séptimo, opinó que en los descansos cada estudiante debería decidir cómo distraerse y su amigo Simón, del mismo grado, remarcó que la inteligencia artificial es una herramienta de trabajo importante, proponiendo que en vez de prohibir se enseñen mejores formas de utilizar la tecnología para la vida cotidiana.

Johnny, Gerónimo y Juan José, de séptimo, octavo y noveno, dieron todo tipo de argumentaciones acerca de por qué no han podido compaginar con la prohibición.

Uno de ellos aseguró que el celular solo les está sirviendo para ver la hora y se quejó de que a veces ni para eso porque ha ocurrido que se los decomisan porque los profesores creen que están usándolo para algo más.

Para Isabela Botero, de 16 años y en décimo, las quejas son normales y obedecen a un proceso de acostumbramiento. Ella por ejemplo siempre mantiene el móvil prendido pero en silencio.

“Cuando nos quedábamos almorzando, muchas se pegan del teléfono, pero ya no tanto; ya socializamos más, estamos como más abiertos y en la clase no somos tan necesariamente dependientes (del teléfono), sino que buscamos otras alternativas para investigar y hacer otras cosas”, dice ella, quien sin embargo se lamenta de que no sea producto de una autorregulación sino de una prohibición.

La coordinadora de Convivencia en el María Auxiliadora, Alejandra Rodríguez, relata que los alumnos se inventan argucias como pedir permiso para ir al baño. “A veces se demoran y resulta que salieron con el celular en el bolsillo”, cuenta, consciente de que la única manera es irlos convenciendo a ellos y a ss padres, porque también ha sucedido que retienen un celular y aparece la madre aceptando que el hijo cometió un error, pero solicita que se lo entreguen sin cumplir el castigo arguyendo que el aparato es de ella y que lo usa para trabajar.

Sandra Botero narra que algunos padres dejan incluso el celular por largo tiempo en la coordinación para aleccionar a sus hijos, pero también ocurrió el extremo de uno que apareció con abogado supuestamente para hacer valer el derecho vulnerado a la comunicación y al libre desarrollo de la personalidad.

“Se les dice que este es un espacio de formación y se les explica a las familias desde la neuroeducación que el cerebro termina de desarrollarse entre los 23 y 25 años y que los celulares reducen su capacidad funcional en ese proceso de desarrollo”.

Para matizar esa lección, recuerda que en países del llamado primer mundo, por ejemplo en Finlandia, no se permiten celulares en las aulas y hasta cuentan con bloqueadores de señal, y en China pasa algo similar, enfatizando que es más importante el uso del cerebro que de un artificio externo.

Carlos Pérez, el papá de Martín Andrés, de 7 años y que hace su primer grado en el colegio oficial María Josefa Marulanda, utiliza internet e inteligencia artificial con frecuencia para su oficio de diseñador gráfico, pero tiene claro que le mantendrá el control de pantallas al chico por lo menos hasta los 14. Cuando este tenía tres años, identificaron que las cosas que veía el niño a través de los aparatos electrónicos lo volvían ansioso y por eso comenzaron a limitarle el uso a dos horas frente a la tablet los fines de semana.

Peleas bajaron a cero

En el colegio Bernardo Uribe Londoño, ver un celular también es una rareza, pero uno que otro alumno lo saca sin recelo porque si bien existe la prohibición, de sexto a noveno y el uso regulado de ahí en adelante, no aplican sanciones sino correctivos pedagógicos.

Nicolás Gallego, el rector, apunta que se han centrado más en una estrategia disuasiva y en promover durante los descansos los juegos de mesa y las diversiones de barrio.

Allí igual que en el colegio María Josefa Marulanda mantienen un “arsenal” de juegos de parqués, escalera, dominó y jenga disponibles, a la vez que en el María Auxiliadora hay espacios deportivos amplios, pistas de golosas y juegos de triqui pintados en el piso.

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Gallego asegura que la resistencia ha sido marginal en su establecimiento y que con este tipo de veda amistosa de celulares han reducido la depresión y el bullying a través de las redes sociales, porque los alumnos están dedicados a diferentes actividades, y muy pocos pendientes del celular.

“A la escuela se viene a interactuar en un espacio que nos permita una sana convivencia integrada a los demás chicos y chicas que denominamos pares. Cuando él o ella están metidos en su aparato, se limita de este tipo de interacción”, explica el rector.

Gallego sostiene que antes las estadísticas mostraban un promedio de 10, 15 y hasta 20 casos de ciberacoso que eran necesario denunciar ante la Policía y las autoridades educativas. Ese número cayó drásticamente, a cero.

Sandra Botero resalta que hasta entre los padres bajó la animosidad, porque era cotidiano que cuando uno de los niños más pequeñitos sufría un empujón o golpe de un compañerito llamaba de inmediato a poner la queja; a los pocos minutos ellos estaban en el colegio dispuestos a reprender al atacante y se enfrascaban en acaloradas discusiones de acudientes mientras que, paradójicamente, los niños ya se habían olvidado de lo ocurrido.

“Igualmente les decimos que no es para que no les cuenten a sus padres, pero como lo hacen ya en la casa, para ese momento han bajado los ánimos, y además les recalcamos que les digan también cómo ellos mismos resolvieron el asunto”, añade la Coordinadora Municipal de Convivencia, quien acepta sin embargo que todavía hay mucho por lograr, porque los jóvenes se ven muy tentados ante la menor vibración o sonido de estos aparatos.

Padres resultan claves

Mario Velásquez, creador del Sistema Municipal del Cuidado en La Ceja, recuerda que el tema de la convivencia siempre fue central para la actual administración y la veda a los celulares tuvo como antecedente una prueba piloto en el colegio Francisco María Cardona, del corregimiento San José, que estaba estigmatizado como el de peores resultados en las Pruebas Saber y por el índice de ingreso a la universidad.

La propuesta para el rector fue montar un aula con billar, futbolito, Xbox y otros juegos, así como puffs y sofás, de manera que si un estudiante no quería entrar a una clase porque su ánimo no le daba, porque tenía problemas familiares o estaba deprimido, se fuera para allá y la pasara bien. Ello partía de un diagnóstico que revelaba que los estudiantes no saben identificar ni expresar sus emociones, por tanto tampoco logran que los demás las entiendan, lo cual impide generar empatía.

“El cambio fue drástico: el colegio subió en el ranking de las Pruebas Saber, sus representantes ganaron las Olimpiadas del Conocimiento y el concurso de Spelling Bee, y su grupo fue declarado fuera de concurso en el Festival Escolar de Teatro La Tarima”, apunta el funcionario.

En 2026, a partir de eso, la estrategia se desarrolló con dos colegios más grandes, dentro de lo que Velásquez denomina la “zanahoria” por hablar de los incentivos o la motivación para los jóvenes.

Y no se puede hablar propiamente de “garrote” pero sí de una parte más controversial, con el control de los aparatos tecnológicos. No es un embeleco sino producto también de un diagnóstico del equipo psico-social de la secretaría de Educación acerca de que buena parte de tanta angustia y depresión que muchos padecen provienen de las redes sociales y el uso de los celulares: “La exposición a las pantallas los lleva a consumir información sin asimilarla, creyendo noticias falsas o retos virales. La evidencia científica internacional demuestra que la exposición de niños y adolescentes a pantallas altera su comportamiento”, dice Velásquez, quien lleva toda una vida dedicado a la formación y en especial de jóvenes con dificultades de socialización.

Primero hubo simulacros del “Día sin celular” y un sondeo donde el 98% de los padres de familia se manifestaron de acuerdo con la veda.

“No queremos que la norma se entienda como una prohibición coercitiva, sino como una regulación del uso”, recalca al recordar que en otras partes ha habido rechazo justamente porque se tomó como algo obligatorio.

Prohibir los celulares en el aula, una discusión que hace carrera en el mundo

Lo que hace unos años parecía una medida excepcional, hoy es una ola global. Según el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM) de la Unesco, para marzo de 2026 al menos 114 sistemas educativos —cerca del 58% de los analizados— habían adoptado prohibiciones nacionales o fuertes restricciones al uso del teléfono en las escuelas; en 2023 esa cifra apenas llegaba al 24%. En paralelo, una veintena de países ya prohíben o preparan leyes para cerrarles las redes sociales a los menores de 15 o 16 años. Detrás de ambas medidas se repiten los mismos argumentos: la distracción en clase, el ciberacoso y el efecto de las pantallas sobre la atención y la salud mental.

Francia fue pionera: en 2018 prohibió el celular en primaria y secundaria básica y, en 2025, endureció la norma con la llamada “pausa digital”, que obliga a guardar los dispositivos en casilleros; el presidente Emmanuel Macron anunció extender la medida a los liceos. Le siguieron los Países Bajos, que desde el curso 2024-2025 vetaron el teléfono durante las clases, e Italia, que lo prohibió en primaria y secundaria básica incluso para usos educativos. China mantiene una prohibición en todos los niveles, con autorización familiar como excepción, y Grecia lo restringió en 2024.

En América Latina, según la Unesco, a marzo de 2026 solo cuatro países tenían leyes nacionales específicas: Brasil, Chile, Colombia y Paraguay.

En otros países la regulación es provincial o ministerial, como en Argentina, Ecuador y El Salvador.

El giro más drástico lo dio Australia. El 10 de diciembre de 2025 entró en vigor una ley pionera en el mundo que les prohíbe a los menores de 16 años tener cuentas en diez de las mayores plataformas —Facebook, Instagram, YouTube, TikTok, Snapchat, Reddit, X, Threads, Twitch y Kick—, con multas de hasta 49,5 millones de dólares australianos para las empresas que no lo impidan. La responsabilidad recae en las compañías, que deben verificar la edad; Meta empezó a desactivar cerca de 500.000 cuentas de menores, y la norma ya enfrenta demandas ante la Alta Corte.

Europa avanza en la misma dirección, aunque con más obstáculos. El Reino Unido anunció en junio un veto para menores de 16 años, previsto para 2027; Grecia aprobó una prohibición para menores de 15, que regirá desde enero de 2027; España tramita una ley para subir de 14 a 16 años la edad mínima de registro, y Dinamarca, Noruega, Canadá y Suecia preparan normas similares.

Francia, en cambio, aprobó en julio de 2026 un veto para menores de 15 años que su Consejo Constitucional anuló pocas semanas después. El 17 de septiembre de 2026, la Comisión Europea presentó el EU Kids Act, una propuesta común que impediría el acceso a las redes antes de los 13 años y solo permitiría cuentas supervisadas por los padres entre los 13 y los 15; todavía debe pasar por el Parlamento y el Consejo.

El estudio más citado, publicado en febrero de 2025 en The Lancet Regional Health, encontró que prohibir el teléfono en el colegio, por sí solo, no mejoró la salud mental, la ansiedad, el sueño ni el rendimiento académico. La conclusión es que los vetos escolares, en su forma actual, son insuficientes si no se aborda también el uso fuera del aula, en la vida cotidiana de los jóvenes.

Bloque de Preguntas y Respuestas

¿Desde cuándo está prohibido el uso de celulares en los colegios de La Ceja?
La restricción comenzó a aplicarse en febrero de 2026, después de que la Alcaldía de La Ceja expidiera el Decreto del 24 de octubre de 2025 para regular el uso de dispositivos tecnológicos móviles en los seis colegios del municipio.
¿En qué grados está prohibido el celular en los colegios de La Ceja?
La prohibición es total para los estudiantes de primaria hasta noveno grado. En décimo y undécimo el uso del celular está permitido bajo condiciones definidas por cada comunidad educativa.
¿Cuánto disminuyeron las peleas y los casos de convivencia escolar con la prohibición de celulares en La Ceja?
Los casos de convivencia que debían ser remitidos al comité correspondiente pasaron de 42 al año a dos, según las autoridades municipales. Además, las riñas pactadas mediante redes sociales también disminuyeron: antes de la medida se registraron cinco en los primeros meses del año y posteriormente se reportaron dos en casi ocho meses. En el colegio Bernardo Uribe Londoño, el rector reportó que los casos de ciberacoso que anteriormente llegaban a 10, 15 o incluso 20 denuncias se redujeron a cero después de la implementación de la estrategia.