Antioquia

Semilla que crece, fuerza solidaria para quien vive en condición de calle

Hace 16 años nació la fundación Semilla que Crece y hace diez años se ideó una ambulancia que recorre las calles de Medellín para darles asistencia en salud.

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Periodista egresado de UPB con especialización en literatura Universidad de Medellín. El paisaje alucinante, poesía. Premios de Periodismo Siemens y Colprensa, y Rey de España colectivos. Especialidad, crónicas.

17 de octubre de 2016

Entre los programas de atención al habitante de calle, la Secretaría de Inclusión Social tiene en la fundación Semilla que Crece un aliado que no solo atiende en salud a esta población sino que es un puente para atraer a muchos a que dejen el asfalto, a salir del dolor, el abandono y el despreció social.

La fundación la creó hace dieciséis años José Betancur, un exhabitante de calle que experimentó la dureza de lo que es dormir en aceras y por eso optó por ayudar a otros a abandonar esas miserias.

“Yo viví en Estados Unidos me fui a buscar fortuna, allá estudié medicina, pero terminé en la cárcel por cosas de narcotráfico, salí, tuve un accidente y quedé muy mal, regresé a Medellín sin dinero para ayudar a nadie, que era mi sueño, y esa depresión me llevó a las drogas”, relata José.

Un día, sin embargo, tuvo una mano tendida que le enseñó el valor de la vida y pudo regresar “al mundo de los que no están muriendo en vida”, como él le dice a la situación de los habitantes de calle.

Así nació Semilla que Crece, que hace diez años creó una clínica itinerante que recorre todos los días las ollas de Medellín, donde está esta población, para brindarle salud y atención sicológica.

“Buscamos mitigar en salud y atraer a los habitantes de calle para que tomen la ruta de atención que hay para ellos”, sostiene José.

Más eficiencia

El secretario de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos, Luis Bernardo Vélez, afirma que en Medellín hay 3.500 habitantes de calle y 25.000 en calle.

La inversión en esta población para el cuatrienio es de $120.000 millones, pero de ese dinero se destinan recursos para atención a 40 niños con problemas mentales y de drogas en el Hospital Mental; también para 540 personas con discapacidad crónica y 240 con tuberculosis y Sida.

De allí lo valioso de Semilla que Crece, que es motivadora para que ellos abandonen las calles. “Nosotros recorremos los sitios donde ellos están, les hacemos suturas, les suministramos drogas y los enrutamos a la red hospitalaria cuando los casos son graves”, cuenta Ana María Betancur, hija de José y egresada de Atención Prehospitalaria.

La concejala Nataly Vélez (Centro Democrático) pidió recientemente que se redimensione el programa de atención al habitante de calle, pues del total de esta población, según sus cuentas, solo el 10 % se resocializa: “Si hubiera resocializaciones del 20 ó 30 % diríamos que vale la pena la inversión”, expuso la concejala.

Semilla que Crece también va con su ambulancia a los centros de acogida.

“En la calle uno se enferma mucho y ellos hacen ese milagro por nosotros”, cuenta David Escudero, quien aspira regresar a su casa tras varios fracasos en su intento por dejar las drogas. Por ahora está dando pasos apoyado en Semilla que Crece, como lo hacen decenas de habitantes de calle estimulados por esta fundación que les enseña que sus vidas también valen.