Menos donantes y más lista de espera: alerta por trasplantes de órganos en Antioquia
En 2019 hubo 100 donantes efectivos, pero el año pasado fueron solo 80. Mitos y fallas en la promoción estarían entre las causas posibles.
En Colombia el número de personas que mueren y cuyos órganos se destinan para mejorarles la vida a enfermos no debería fluctuar debido a que, en teoría, todos somos donantes potenciales. Sin embargo, la realidad es que este guarismo ha bajado ostensiblemente en los últimos seis años y se siente en Antioquia.
Las cifras son elocuentes. En 2025 hubo 80 donantes efectivos en la Regional 2 (el país se divide en seis), donde está Antioquia, junto con Córdoba, Caldas, Chocó y San Andrés y Providencia, y de esa cifra este departamento aportó 76, en tanto que Manizales puso 3 y Montería solo 1.
La comparación con 2019 hace evidente la disminución ya que se trató de un año en el que hubo 100 donantes, pasando por un pico mínimo de 53 en el año 2020 y un máximo de 110 en 2023 (ver gráfico).
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En ese mismo periodo, el número de órganos rescatados de personas fallecidas estuvo de acuerdo con la tendencia, pues en 2019 llegaron a 305 y en 2025 fueron 245 (disminución de casi el 20%) transitando también por un pico mínimo de 172 órganos extraídos de cuerpos muertos en 2020, algo que resulta apenas explicable por el temor generalizado que imperó por las posibilidades de contagiarse por el Covid-19.
De los órganos recuperados el año pasado, 150 fueron riñones, 48 hígados, 25 corazones, 12 pulmones y 10 páncreas.
No obstante que la emergencia sanitaria se superó, las cifras no se recuperaron del todo y las consecuencias son lamentables para los pacientes que padecen de una gran incertidumbre en las listas de espera con el fin de obtener un trasplante, que según la Secretaría seccional de Salud, llega a 764 personas; en 699 de los casos lo requerido es un riñón.
Jeisson Ocampo Montoya, de 13 años, es uno de ellos, está pendiente de que resulte un riñón compatible con él.
La familia reside en el barrio Niquía de Bello y según cuenta Deisy Tatiana Montoya, la mamá, Jeisson es hijo único y cursa séptimo grado.
Fue diagnosticado en enero de 2025 con una insuficiencia renal crónica cuyas causas no han sido determinadas. Desde entonces se tiene que someter a diálisis peritoneal todas las noches; el año pasado estuvo tres veces hospitalizado.
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A causa de la enfermedad, su vida normal está alterada pues no puede hacer actividades de educación física ni natación.
El papá, un electricista independiente, se sometió a los exámenes para entregarle uno de sus riñones pero resultó incompatible. Hace dos semanas entró en la lista de espera por si surgiera un donante cadavérico.
“Ya se le hicieron casi todos los exámenes; solo falta uno para el cual la Clínica del Rosario no ha dado respuesta, pero él ya está oficialmente en lista de espera”, recalcó Deisy.
Que este niño recupere su calidad de vida dependerá de que uno entre quienes fallezcan tenga el órgano que él necesita y de que los deudos acepten entregar las partes de su cuerpo que les puedan servir a otros. Esto porque aunque la Ley 1805 de 2016 consagra que todos los residentes en Colombia somos potencialmente donantes a menos que hayamos dejado (por supuesto en vida) una constancia escrita y certificada ante un juez en el sentido contrario, pero la negativa de los familiares ha aumentado y la posición de los operadores es no entrar en esas contradicciones que se pueden presentar en momentos tan sensibles como el fallecimiento de un ser querido.
También de acuerdo con registros en poder de la Secretaría Seccional de Salud, mientras que en 2019 se produjo la respuesta negativa del 26 por ciento de los deudos, en los años posteriores ese guarismo tuvo fluctuaciones: en 2023 fue de 20 por ciento pero volvió a aumentar al 25 por ciento en 2025 y regresó al 26% en lo que va de este año.
El reto de la promoción
La Secretaria de Salud del departamento, Alma Johana Solano, destacó que no se trataría de una tendencia de largo plazo sino de una situación momentánea, pero por cada familia que se niegue son varios los perjudicados, ya que un donante significa en promedio ocho las vidas que se pueden salvar por la importancia de los órganos que se extraen, sin contar con otros tejidos, con lo cual en total los beneficiados por cada persona ascenderían hasta a 55.
“Por ejemplo, una persona puede donar dos córneas para que dos personas ciegas recuperen la visión”, añadió.
Las razones de la negativa pueden ser varias. El “tema de la donación está muy ligado a la cultura y a la idiosincrasia de la comunidad, de ahí que sea tan importante el trabajo educativo permanente para concientizar a la gente”, dijo la Secretaria.
La evidencia indica que las personas con niveles educativos más altos son más propensas a aceptar la donación de órganos de un familiar fallecido.
Además, hay creencias religiosas que si bien no se oponen de manera expresa a la donación de órganos, si se manifiestan contra procedimientos que esta conlleva, como las transfusiones de sangre.
Por otra parte, estarían también los cuentos que se difunden a través de redes sociales con respecto a un presunto comercio de órganos con fines de lucro económico.
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“Medir esa influencia es complicado, pero pueden estar generando daño en el imaginario de la comunidad. Valga la oportunidad para aclarar que un órgano tomado de manera clandestina no funciona para un trasplante, de manera que ese supuesto tráfico es solo un mito”, añadió Solano.
Ligado con la anterior, están los comentarios sobre la supuesta existencia de clínicas de garaje donde se hacen trasplantes al mejor postor de un órgano, lo cual es igualmente inverosímil, pues un trasplante requiere entrenamiento y un lugar con una calidad certificada, algo que muy pocos alcanzan.
De hecho, en Antioquia hay diez instituciones principales para estos manejos: el Pablo Tobón Uribe, San Vicente Fundación, Alma Máter, HGM, Clínica del Norte, Clínica Medellín de Occidente, Clínica las Américas, Clínica CES, Manuel Uribe Ángel y Somer.
“Desde la Secretaría venimos trabajando con adolescentes en instituciones educativas para que a futuro sean donantes voluntarios”, apuntó la funcionaria Solano.
Gloria Cecilia Calle, directora de la Fundación Nacional de Trasplantes, afirmó que durante los últimos cuatro años no han existido políticas de fomento a la donación de órganos y tejidos en el país y ello ha influido en el déficit en la tasa de donantes y el aumento de pacientes en lista de espera por un trasplante.
A lo mismo habría contribuido la crisis en el sistema de salud, pues debido a la desatención y la demora en la entrega de medicamentos, los pacientes se están agravando, de manera que la última alternativa termina siendo la reposición de sus órganos afectados.
“Conocemos personas que llevan más de 10 años conectadas a una máquina de hemodiálisis sin que les hablen de la lista de espera porque las EPS presionan a las IPS para no ingresarlos, deteriorando su calidad de vida hasta que ya no son aptos para el trasplante”, sentenció la directora de la fundación.
Así, aunque no hay en teoría una negación técnica del derecho a la salud, la atención que reciben las personas no les permite acceder a una oportunidad de recuperación real.
Lo que, en su concepto, resulta igualmente evidente es el fracaso de las campañas gubernamentales de promoción. Lo ideal, destaca, es que se hable en familia del tema de la importancia de donar como una manera de dar vida después de la vida.
“Todos estamos tan cerca de ser donantes como de ser receptores; la vida es aleatoria. No podemos negarnos a donar solo por mitos infundados cuando existe la posibilidad de ayudar a tantas personas a salir de una lista de espera”, puntualizó.