Un espejo roto como relato de las cicatrices
La artista antioqueña Patricia Bravo se vinculó al proyecto de demolición del Mónaco con una obra inédita.
Periodista de la Universidad de Antioquia interesado en temas políticos y culturales. Mi bandera: escribir siempre y llevar la vida al ritmo de la salsa y el rock.
El cristal, con el reflejo distorsionado por las fisuras, estuvo hasta hoy en el baño del antiguo apartamento de Pablo Escobar, en el edificio Mónaco. En uno de los recorridos que hizo la artista Patricia Bravo en el lugar, vio en la imagen del espejo roto la representación de la fragmentación de la sociedad.
Fueron varias huellas las que rescató en las oportunidades que acompañó, desde octubre del año pasado, a otros colegas en el antiguo hogar del capo. Pisos y paredes de habitaciones, objetos que calcó para luego hacer una colección de “cicatrices” del sitio.
El espejo roto fue sin duda la que más se ajustó a sus intenciones, la más relacionada con el proyecto para demoler al Mónaco.
La digitalizó y mediante un proceso de serigrafía y aplicación de alto relieve surgieron 3.000 imágenes, numeradas manualmente y firmadas por Bravo (un proceso de 15 días), que hicieron parte de la invitación a distintas personalidades para acompañar hoy la caída del edificio.
Significado
A propósito de la obra, que es inédita porque fue preparada para esta ocasión, el pintor Jorge Gómez Restrepo compartió su reflexión.
“Hace pensar de inmediato en la imagen de nuestro pueblo fragmentado. El resultado de un acto violento contra nuestra libertad y un intento de destruir la verdad. Una cicatriz que nos acompaña y nos recuerda que nuestras tragedias hacen parte de un pasado que fue real”, expresó.
Bravo coincidió con esta interpretación de la imagen, y añadió que sobre las fisuras del espejo roto, y más aún los escombros de un edificio derribado, será desde donde partirán nuevas reflexiones y se pueda avanzar como sociedad.
No es la primera participación de la arista plástica en un proyecto similar, pues a esta invitación de la alcaldía local y el Museo Casa de la Memoria, la había antecedido su presencia en la exposición Medelín|Es| 70, 80, 90.
De hecho, la intención de Bravo es que tanto el espejo roto, como otras huellas rescatadas del Mónaco, hagan parte de una exposición en una ala que se abriría próximamente en el museo antes mencionado.
Punto de inflexión
Víctimas somos todos, incluso las nuevas generaciones que viven con las cicatrices que dejó la violencia en Medellín. Así lo considera la artista, que defiende el destino al que llegó el Mónaco hoy.
“El ser humano es vulnerable, frágil, se quiebra muy fácil. Mi generación vivió la zozobra de los estallidos de las bombas en las casas, droguerías y plazas (...) Por eso conservar un símbolo de todo eso (el edificio) no aporta en nada desde lo pedagógico”, dijo.
Para ella la demolición es un punto de quiebre. El hecho de tumbar un símbolo negativo significa derribar una mirada. “Si el Mónaco es una muestra del legado de Escobar, entonces cuando caiga se desdibuja su imagen. A partir de ahí construimos una mirada diferente a la que nos cuentan las telenovelas, series, libros y narcotures”, concluyó.