Antioquia

Mujeres, en la mira de abusadores sexuales en Medellín

En el 90.5% de los casos, la mujer es la víctima en las denuncias por violencia al interior de los hogares. Este año van 13 feminicidios en Medellín.

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Periodista egresado de UPB con especialización en literatura Universidad de Medellín. El paisaje alucinante, poesía. Premios de Periodismo Siemens y Colprensa, y Rey de España colectivos. Especialidad, crónicas.

18 de julio de 2016

El hogar, que debería ser el espacio más seguro y protector, para las mujeres se ha vuelto el más inseguro, dicen las estadísticas, pues de 3.070 casos de violencia intrafamiliar denunciados este año en Medellín, en 2.779 las víctimas han sido ellas, con el 90.5% de los hechos.

Hasta el 30 de junio de este año, en la ciudad se habían cometido un total de 250 asesinatos, y 15 de ellos correspondieron a mujeres. De estas 15, las autoridades consideran que por lo menos 10 casos pueden considerarse feminicidios, pues según las indagaciones, en tres el victimario fue una expareja de la mujer; en dos casos, el victimario fue su pareja; en otros dos casos, un familiar; en un caso, el asesino fue un amigo de la víctima; y en los otros dos casos, hubo conexión con circunstancias familiares.

“Son muchas las violencias que azotan a las mujeres, pero hay dos especiales y de mayor impacto, que son la sexual y la intrafamiliar. En el caso de la violencia sexual, el 88% de las denuncias son realizadas por mujeres; y este año aumentó el número de denuncias de mujeres por violencia intrafamiliar, con un 90.5, lo que indica que las mujeres son las más violentadas”, señaló la Secretaria de las Mujeres de Medellín, Gloria Luz Gómez Ochoa.

Se evidencia, sin duda, que estas dos violencias son mucho más graves de lo que parece, pues se considera que lo que se denuncia es solo el 10 por ciento de los casos.

El aumento de las denuncias, sin embargo, es para la Secretaria Gómez Ochoa un buen indicador.

“Las mujeres tienen hoy en día mayores mecanismos al servicio para que hagan las denuncias y mayor confianza en las autoridades y el Estado, pero no se puede negar que sigue habiendo mucho subregistro, porque hablar de esas violencias para una mujer o una niña no es fácil, a veces pasan meses y años sin que lo digan o lo denuncien”, admitió la funcionaria. El miedo es una de las razones de mayor fondo para que los casos se queden impunes.

Las amenazas intimidan

EL COLOMBIANO conoció el caso de una jovencita a la que llamaremos Índrid* (*nombre cambiado para protegerla), de 16 años, que está embarazada hace varios meses. Pero no fue un embarazo que ella buscó, sino que fue objeto de una violación. Un día iba para su casa y de repente un automóvil paró; con violencia, varios sujetos la subieron al auto y tras intimidarla a gritos y golpes, la violaron. Los criminales nunca permitieron que ella los identificara y tras el ultraje, la dejaron abandonada. Le advirtieron que callara si no se quería morir. Íngrid*, para infortunio, resultó embarazada y ni siquiera pensó en abortar. Hoy está decidida a tener a su bebé, pero presa del miedo no ha denunciado el caso a las autoridades.

Su versión ratifica que uno de los problemas más graves de la violencia sexual contra menores de edad y las mujeres es el miedo. Y la forma o los mecanismos de atención para las víctimas parecen no ser tan claros.

El secretario de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos de la Alcaldía, Luis Bernardo Vélez, admite que esa ruta de atención hay que ajustarla para que sea efectiva.

“El tema de las violencias contra las mujeres sigue siendo muy preocupante y nos pone retos. Entre 2012 y 2015, se recibieron 21.103 solicitudes de protección en comisarías de familia por parte de las víctimas de violencia intrafamiliar, pero hay que trabajar en fortalecer la atención, las campañas de prevención y sobre todo las comisarías en los territorios, porque la meta es disminuir la impunidad”, advierte Vélez.

Subraya que hay que construir una institucionalidad efectiva, en la que los organismos de Justicia, como la Policía, Fiscalía y Personería, actúen de la mano con las secretarias de Inclusión, Mujeres, Educación, Seguridad y Cultura para lograr mejores resultados en la lucha contra estos flagelos.

Más judicialización

La concejala Nataly Vélez, que en días pasados lideró un debate sobre el tema en la corporación edilicia, retó a la Alcaldía a lograr mejores indicadores en la lucha contra estos delitos.

“En lo que va del año se han denunciado 582 delitos sexuales y 517 de ellos (el 87%), se han cometido contra las mujeres”, recordó la corporada Vélez.

Debido a lo contundente de las cifras, pidió más acción articulada, pues no basta con atender a las víctimas sino que hay que ir hasta atacar las causas que motivan la violencia sexual a intrafamiliar.

Señaló que hay que empezar a actuar desde las bases. En cada institución educativa hay que darles educación a las niñas y jóvenes para que aprendan a reconocer y valorar sus cuerpos y entender que tienen derechos.

“La Secretaría de Desarrollo Económico, por ejemplo, debe diseñar estrategias para darles independencia a las mujeres, porque una mujer cuando no es independiente económicamente, es más vulnerable a la violencia”, sostuvo la concejal. También cae más fácil en las redes de la prostitución.

Pidió, además, mejores resultados en la judicialización de los delincuentes, tanto en el caso de los abusadores sexuales, como en los de violencia intrafamiliar y los homicidios.

“No solo las penas son laxas, sino que cuando se capturan delincuentes, la mayoría quedan libres para seguir cometiendo sus abusos contra las mujeres”, recalcó.

La secretaria Gómez Ochoa recordó que si una mujer es agredida, ya sea sexualmente o por otro tipo de violencia física o psicológica, la primera acción que puede ejecutar es llamar a la Línea 123 Mujer. Si pide acompañamiento especial, en varias zonas de la ciudad operan las llamadas duplas en territorio, que son un grupo de profesionales, sicólogas y abogadas, que se encargan de orientarlas en la ruta para que se sientan acompañadas y atendidas.

La coronel Martha Herrera, comandante de Policía de Infancia y Adolescencia de la Policía Metropolitana, precisó que en el año 2015 se atendieron 1.309 casos de violencia sexual contra menores. Este año, a la fecha, los casos suman 215 contra 281 del año anterior, y en el 84% de los hechos, las víctimas fueron mujeres.

“Los delitos de más alto porcentaje son el acceso carnal abusivo con menor de 14 años, el acceso carnal violento, el acto sexual con menor de 14 años y el acoso sexual”, advirtió. Indicó que los parques de Berrío, San Antonio, De las Luces, Lleras y La Asomadera son los sitios focalizados donde con mayor frecuencia se repiten los delitos sexuales y en ellos se está enfocando la acción policial, no solo en el ataque a los delincuentes, sino en la promoción y prevención.

“El año pasado se logró la captura de 292 delincuentes por estos delitos, este año van 142, de los cuales el 75% han caído en Medellín”, señaló la oficial.

El concejal Jaime Mejía mostró su preocupación porque los delitos sexuales en la ciudad han ido creciendo año tras año: en 2012 fueron denunciados 1.192; en 2013, 1.297; en 2014, 1.483; y en 2015, 1606.

“El tema crece y no se toman las medidas necesarias”, señaló tras advertir que los estratos bajos, por el nivel educativo y económico, son más vulnerables.

En el otro lado de los delitos están las estrategias para combatirlos. La Secretaría de las Mujeres dispone de recursos por cerca de $18.000 millones para actuar en favor de los derechos y contra flagelos como la violencia sexual y la violencia intrafamiliar. Se espera impactar a 8.000 mujeres.

La concejala Nátaly Vélez le pide a la Administración Municipal que la acción no recaiga solo en la Secretaría de las Mujeres, porque los problemas son de una dimensión tan grande, que a esa sola dependencia le queda imposible obtener logros por sí sola.

“Hay que bajar los indicadores de violencia, y aunque sabemos lo complicado que es lograrlo, hay que actuar con más decisión y unión”, dijo en el debate.

Su colega del Concejo, Daniela Maturana, sostuvo que hay que empezar por dejar de llamar a los delitos que se cometen contra personas de la misma como familia violencia intrafamiliar, pues este hecho impide, en gran medida, el accionar de las autoridades.

“En las familias donde hay violencia contra los niños, el ciclo se repite con ellos y sus hijos. Hay que actuar en el núcleo familiar para cambiar esos estigmas”, dijo. Señaló que en Colombia, el 37% de las mujeres sufre algún tipo de violencia. Y en el 10% de ese 37, la violencia es sexual.

Según cifras de la Unidad de Víctimas, en Medellín hay 616.133 víctimas del conflicto armado, y de estas, 304.696 son mujeres (el 49%).

“En el Magdalena Medio había un paramilitar al que había que llevarle todas las niñas menores de 14 años para violarlas”, recordó el concejal Jaime Mejía para advertir la indefensión a que están sometidas las mujeres.

El concejal Ramón Emilio Acevedo, que también es siquiatra, afirmó que el primer escollo que enfrentan las mujeres víctimas de violencia en Medellín son los mismos fiscales, que no les paran bolas a sus denuncias o no las consideran importantes.

“Estoy seguro de que en las historias de las 15 mujeres que iban asesinadas hasta el 30 de junio hay como antesala maltrato, amenazas y violencia en sus hogares y terminaron fatalmente porque no fueron atendidas oportunamente. A esos fiscales deben investigarlos”, exigió.

Añadió que quien en la infancia es víctima de abuso o violencia, en la adultez se convierte en victimario. Y en todos los casos de violencia sexual e intrafamiliar hay involucrados drogas y alcohol.

“Llegar al consumo de estas sustancias es una de las consecuencias que afrontan las víctimas de maltrato o abuso”, por señalar solo una secuela a largo plazo. Otros efectos tienen que ver con el estrés postraumático, el insomnio, las pesadillas y el miedo generalizado y permanente.

Por último, pidió cambiar el esquema de turismo que se maneja en Medellín, donde la oferta para extranjeros esta más asociada a las drogas y la prostitución baratas que a la diversión familiar, que sería la ideal, pero que requiere construir infraestructuras como parques y escenarios que atraigan a grupos familiares.