Colombia

A ‘Bendito Menor’ le dieron un entierro de celebridad del crimen en La Guajira, ¿por qué?

La caravana de motos que acompañó su sepelio incluyó disparos a la aire y corridos prohibidos, en Riohacha.

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Periodista especializado en temas de crimen organizado, terrorismo y conflicto armado. Creador del podcast Revelaciones del Bajo Mundo. También soy escritor y dramaturgo, autor de las obras teatrales “La Trilogía del Mal” y “Estallido”.

hace 4 horas

Los aires del cementerio de Riohacha se llenaron de olor a plomo y gasolina quemada de moto, anunciando la llegada del féretro de Naín Pérez Toncel, alias Bendito Menor, uno de los peores criminales que ha azotado a La Guajira en los últimos años.

Su despedida, sin embargo, distó mucho del rechazo y la vergüenza social que debería generar un narcotraficante, extorsionista, secuestrador y torturador, entre otros calificativos que coleccionó durante su corta vida el jefe regional de “los Pachenca”, o Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), como le gusta llamarse a su organización ilegal.

Sus familiares y los miembros de la estructura armada organizaron un funeral masivo, que paralizó un tramo de la Troncal del Caribe y alteró la cotidianidad de la capital guajira.

Pérez Toncel fue dado de baja en una operación policial el pasado 3 de septiembre, cuando unos comandos incursionaron en una casa del barrio Los Olivos, en Riohacha, y lo abalearon. En el hecho también murieron su esposa Rosa Angélica Tarazona (“la Bebecita”) y dos lugartenientes apodados “el Tío” y “Casiloco”.

Los cuerpos fueron llevados a la sede de Medicina Legal en Barranquilla, para su plena identificación, y el domingo se los regresaron a sus familias, que iniciaron la caravana fúnebre por la Troncal, rumbo a la tierra natal del cabecilla.

Al ingresar a Riohacha, se unió una multitud de moteros que paralizó el tráfico por varios minutos. La congestión vial atravesó la urbe de sur a norte, hasta que llegaron al camposanto.

Videos registrados por la comunidad, y por los propios participantes en el evento, mostraron a varios jóvenes haciendo disparos al aire con pistolas y fusiles AK-47, al tiempo que gritaban arengas.

De fondo sonaban corridos prohibidos con letras alusivas a los “Conquistadores de la Sierra”, así como vallenatos con saxofón y tonadas de mariachis.

A pesar de que se exhibieron armas de fuego, la Policía nunca llegó a decomisarlas. Según explicaron fuentes de la Institución, la idea era evitar una tragedia en un evento lleno de civiles iracundos contra los policías.

“En ese entierro había de todo: familiares y amigos del muerto, miembros de ‘los Pachenca’, gente curiosa de la comunidad y otros que fueron atemorizados, porque si no iban, después les hacían retaliación a ellos o a sus negocios”, afirmó un uniformado que trabaja en la región.

“Los Pachenca”, al igual que lo hacen otros grupos criminales, aprovecharon para hacer del sepelio un acto de proselitismo armado, como desafío a las autoridades y representación del poder en la región.

Fuentes de la zona manifestaron que “Bendito Menor” instrumentalizó a gran parte del gremio de mototaxistas, intimidándolos para que funcionaran como su red de espías en Riohacha y los corredores que la conectan con los corregimientos de Cotoprix y Monguí, y con el municipio de Albania y su corregimiento Cuestecitas.

Su influencia la padecían especialmente los pobladores de Albania y Uribia, donde “los Pachenca” mantienen conflictos abiertos contra el Clan del Golfo, el ELN y la banda local “los Jota Jota”, por el dominio de los corredores de movilidad para transportar la cocaína que sale del Catatumbo.

“Bendito Menor”, con apenas 26 años de edad, había amasado una importante fortuna para él y su organización, por cuenta de los cobros que imponía a las principales actividades económicas de la zona.

Tenía 170 hombres bajo su mando, como jefe del frente Javier Cáceres de las ACSN, y a los narcos que pretendían sacar cocaína por las playas y puertos de La Guajira, les cobraba 100 dólares por la custodia de cada kilo y US500 por el despacho en lanchas rápidas.

A los lancheros les advertía que, si eran capturados con la droga y lo delataban, les mataría la familia. A los caleteros locales, que cuidaban la cocaína para diferentes carteles, los amenazó para que trabajaran solo para él.

Cobraba “vacunas” extorsivas a los establecimientos de comercio, a los vendedores de gasolina y a quienes la contrabandean por la frontera venezolana.

Al mismo tiempo, exhibía en redes sociales un estilo de vida de mafioso, junto a su esposa Rosa Tarazona. Crearon cuentas en Instagram, Facebook y TikTok, con miles de seguidores, en las que ostentaron lujos y parrandas, presentándose ante la sociedad como una especie de “influencers del crimen”.

Se volvieron comunes sus publicaciones con trajes camuflados y armas automáticas de corto y largo alcance, vehículos de alta gama y licores finos, al tiempo que organizaban caravanas de motos en las vías principales de La Guajira y Magdalena, retando a las autoridades que los perseguían. También contrataban fiestas con DJ, prepagos y cantantes de vallenato, a las que solo podían ir miembros de la banda e invitados VIP.

“Bendito Menor” influenció a muchos jóvenes de la región, construyendo una suerte de mito similar al de Robin Hood. Él se crió en un barrio pobre de Riohacha, llamado Jorge Pérez, y se inició en la delincuencia como atracador.

Luego empuñó las armas y fue reclutado como sicario por “los Pachenca”, pasando de ser un muchacho sin recursos de las barriadas a un nuevo rico de la mafia.

Algunos habitantes de La Guajira le atribuyen inversiones en viviendas para los más pobres, lo que le sirvió para echarse al bolsillo a varias comunidades e impulsar su imagen de “celebridad” del bajo mundo.

Su poder aumentó en 2025, cuando el presidente Gustavo Petro le otorgó el estatus de negociador de paz, congelando cinco órdenes de captura en su contra.

Aun así, su participación en masacres, secuestros y desplazamientos forzados lo hacían una figura temible y odiada en la región.

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El gobernador Jairo Aguilar celebró su muerte con un mensaje en X: “La Gobernación de La Guajira y el pueblo guajiro agradecemos las acciones de inteligencia militar y el despliegue operativo que ha sido ordenado por el señor presidente y que ha permitido mitigar y reducir el impacto de los grupos armados que durante los últimos cuatro años han azotado nuestro departamento (...). Confiamos en que estas acciones continúen en el corto y mediano plazo, hasta recuperar la seguridad que merecen todos los guajiros”.

Y tras conocerse la algarabía de su funeral, declaró en una entrevista radial que “este reality show tenía que terminar y tenía que terminar de esta manera”.

Por su parte, el presidente Abelardo de la Espriella posteó uno de los videos de la caravana fúnebre y advirtió: “Aquí aparecen los bandidos que pretenden seguir controlando territorios y amedrentando al pueblo guajiro: los tenemos identificados para sacarlos del mercado delictivo”.

Y agregó que “el que pretenda seguir el ejemplo del criminal dado de baja terminará como él: no voy a tolerar que la cultura de la ilegalidad sea la ‘normalidad’. Esta es la orden a toda la Fuerza Pública: vamos por estos terroristas y démosles su merecido. ¡Están advertidos, miserables!”.

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