Colombia

Hay 670 colombianos desaparecidos y 173 fallecidos por cuenta de la guerra entre Rusia y Ucrania

El reclutamiento ilegal de mercenarios colombianos continúa cobrando víctimas. Según la Cancillería, la cantidad es más alta de la registrada, pues hay quienes viajaron sin avisar, o simplemente no tienen familias que reporten su situación.

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Comunicadora social con énfasis en Periodismo y Audiovisual de la Javeriana. Ha trabajado para El Tiempo, Portafolio, Directo Bogotá y ahora en EL COLOMBIANO. Apasionada por temas de cultura, género y derechos humanos.

09 de junio de 2026

“Antes era distinto. Uno se sumaba a esa guerra en Ucrania y ganaba dinero, pero sobre todo había compañerismo; entre todos nos protegíamos. Ya no es así. Allá los colombianos somos una cifra más y, aunque uno se une al Ejército ucraniano, toca cuidarse tanto de los rusos como de los mismos ucranianos”, así describió la guerra Audel Hernán Rojas Beltrán, un colombiano que estuvo en el frente de guerra del Donbás combatiendo a las tropas rusas.

Pero él no es el único. Según la Cancillería colombiana, hay 670 colombianos desaparecidos y 173 fallecidos por cuenta del reclutamiento ilegal de mercenarios colombianos para aquella guerra.

De los 670 desaparecidos, 446 combatientes fueron reportados como desaparecidos por las Fuerzas Armadas de Ucrania; 168 fueron reportados como desaparecidos por el Consulado de Colombia en Moscú; y otros 56 fueron reportados por sus familias, quienes no volvieron a saber de sus seres queridos.

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De los 173 fallecidos, 140 murieron en Ucrania. De esos 140, 130 ya fueron repatriados a Colombia para obras fúnebres. Los demás siguen en la zona de conflicto por decisión de sus familiares o se encuentran en proceso de regresar al país.

Un informe del centro de pensamiento Atlantic Council, por su parte, advierten que los colombianos son la nacionalidad extranjera con más bajas dentro de las filas ucranianas, por encima incluso de los estadounidenses, que sumarían alrededor de un centenar de fallecidos.

Las cifras son preocupantes, pero podría ser peor: el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia advierte que hay un subregistro, por lo que podría haber más colombianos aún activos en la guerra; otros asesinados y otros desaparecidos.

¿Cómo llegan allí? Rojas contó que al comienzo la situación parecía diferente. Los testimonios que llegaban hablaban de salarios atractivos, oportunidades laborales para exmilitares y un entorno en el que, a pesar de los riesgos, existía apoyo entre quienes compartían la misión.

Sin embargo, con el paso del tiempo esa imagen se fue deteriorando y dio paso a una realidad marcada por la sensación de desamparo y abandono.

“Decidí salirme porque ya no podía más, estaba cansado, estresado, llevaba demasiado tiempo metido en eso. Incluso intentaron secuestrarme. Allá hay soldados a los que prácticamente retienen en las posiciones y los obligan a permanecer cuatro, cinco o hasta siete meses en zona de combate. Eso es muy distinto a ser militar en Colombia. Aquí uno puede estar meses en operaciones, pero en una guerra como esa el cuerpo necesita descanso, y allá casi no lo hay”, explicó.

Adicional a aquel horror, Rojas explicó que mientras los ucranianos rotan en el campo de batalla “cada diez o quince días”, los soldados colombianos permanecen allí siempre.

”Como si fuéramos desechables”, dijo, y añadió: “yo conocí casos de compatriotas que pasaron hasta siete meses metidos en una trinchera, sin descanso, esperando sobrevivir”.

Según el estudio de Atlantic Council mencionado anteriormente, la problemática va más allá del llamado “mercenarismo” o de afinidades ideológicas.

La cantidad de colombianos fallecidos y reclutados tiene que ver con fallas estructurales en la transición de militares colombianos a la vida civil y con la expansión de un mercado internacional de “mano de obra militar” que opera en zonas grises del derecho internacional.

Pero aquel fenómeno social no solo afecta a exmilitares. Por ejemplo, se han conocido casos en sectores populares del oriente de Cali y en otras regiones del suroccidente colombiano, donde las ofertas de altos ingresos continúan siendo una de las principales herramientas de captación.

A través de aquellas supuestas oportunidades de trabajo —frecuentemente relacionadas con seguridad privada o labores especializadas— intermediarios prometen remuneraciones de hasta 10.000 dólares al mes, equivalentes a unos 40 millones de pesos.

Los reclutadores suelen buscar jóvenes con formación militar o con escasas oportunidades laborales.

El reporte de Atlantic Council calcula así que cerca del 25 % de los combatientes extranjeros que han integrado las fuerzas terrestres de Ucrania —provenientes de 65 países— serían colombianos.

“Eso es una guerra, ¿sí me entiende? Si usted queda herido, es como si quedara muerto. Allá lo dejan tirado; nadie va a ir a rescatarlo, así sea su mejor amigo. Cada quien prefiere cuidarse a sí mismo antes que arriesgar la vida por alguien más. Los cuerpos se quedan ahí, en el terreno, hasta que se puede hacer el levantamiento, cuando la zona esté más segura”, narró Rojas.

Ante este panorama, el Estado colombiano sancionó la ley mediante la cual se aprueba la Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, la Financiación y el Entrenamiento de Mercenarios, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1989.

La normativa busca cerrar el cerco a estas redes. Entre sus objetivos está tipificar en el Código Penal colombiano las conductas relacionadas con el mercenarismo, facilitar la investigación y judicialización de quienes reclutan ciudadanos para guerras en el exterior, y permitir mecanismos como la cooperación internacional y la extradición.

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