Colombia

Desmovilizados que crean sus oportunidades

El empleo es uno de los factores más críticos en la reincorporación de excombatientes
en Colombia.

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Soy periodista egresada de la Universidad de Antioquia. Mi primera entrevista se la hice a mi padre y, desde entonces, no he parado de preguntar.

21 de noviembre de 2016

Cuando se habla de reincorporación muchas personas solo piensan en guerrilleros o paramilitares que van a dejar las armas, pero poco sobre la nueva vida que tienen que enfrentar los excombatientes. Hace más de 13 años los primeros bloques de las Autodefensas Unidas de Colombia, Auc, entregaron sus fusiles al Gobierno y se comprometieron a actuar bajo la ley. Algunos de ellos cumplieron, otros no.

Los que no lo hicieron y fueron a conformar nuevos grupos armados han llenado los titulares de todos los medios de comunicación, han generado miedo en las comunidades, han exportado toneladas de cocaína a otros países, han provocado desplazamientos e incluso han matado a defensores de derechos humanos y a miembros de la Fuerza Pública.

Los que sí cumplieron, en su mayoría, viven en el anonimato porque son presa fácil de grupos emergentes, o porque son estigmatizados en sus comunidades. Conseguir empleo con el rótulo de desmovilizado no es sencillo y compartir en comunidad es peor, dice Paula Andrea Cárdenas, enlace de ciudadanía del proyecto Reintegración Sostenible para un Territorio en Paz, antes conocido como Paz y Reconciliación, adscrito a la Secretaría de Seguridad de Medellín, que ya ha atendido a por lo menos 4.200 desmovilizados.

Pero hay quienes, a pesar de los obstáculos, han decidido aportar a la sociedad, son los casos de Joaquín Calle y de Leonor Ospina, quienes después de desmovilizarse de las Auc decidieron liderar procesos comunitarios en la Comuna 8 de Medellín.

Leonor hoy es vicepresidente de la Asocomunal 8 y Joaquín adelanta el proyecto el Cerro de los Valores, una empresa de reciclaje y de educación ambiental.

“Todo este proceso ha sido muy difícil, uno llegar ya sin armas, con voluntad de cambio, al lugar donde hizo daño es muy duro. La gente al principio no te cree, pero con el tiempo, cuando entienden que de verdad quieres cambiar y que puedes aportar para que todo cambie, la comunidad acepta. A nosotros la comunidad ya nos aceptó”, asegura.

Joaquín, quien se desmovilizó en 2003, lo resume así: “la confianza la perdemos en segundos y quién sabe cuánto tiempo nos demoraremos en recuperarla del todo”.

Para Paula Andrea Cárdenas, enlace de ciudadanía del programa, “esta comuna ha sido lastimada por el conflicto, por eso, aunque hayan pasado muchos años todavía hay barreras imaginarias que excluyen a lo desmovilizados, pero poco a poco han entendido que no necesitan ser amigos sino coexistir con respeto”.

El cerro de los valores

El cerro que Joaquín, el “Juaco”, escogió para hacer su emprendimiento fue, por decirlo de alguna manera, una lugar de dolor colectivo, allí violaron mujeres, fue un corredor estratégico para el transporte de drogas, prácticamente era una trinchera en medio de la guerra.

Su milagro, como le dice “Juaco” al Cerro de los Valores, le ha servido no solo como “ocupación mental sino para valorizar el territorio”. Desde allí, en el barrio Las Estancias, él junto a varios vecinos, entre ellos muchos víctimas del conflicto, formaron una empresa de reciclaje que hace compostaje, vende el material recuperable y con ello logra generar empleos para los habitantes del barrio.

Sin embargo, el proyecto aún no es autosuficiente y requiere del apoyo del programa. Actualmente genera hasta 30 empleos, de ellos 20 informales.

“Nosotros oramos mucho, tenemos fe en que las cosas van a mejorar. Esta tiene que ser la empresa ambiental más grande de Medellín, debe llegar a generar más de 125 empleos directos sin salir de la comuna”, se atreve a soñar “Juaco”, quien agrega: “¿Se imagina cómo le van a ayudar estos empleos a la comuna? que desde la Comuna 8 le estemos dando ejemplo al resto de la ciudad. Esto será mágico”.

Alianzas para reconciliar

Cuando los grupos armados empezaron a desmovilizarse colectivamente atender a una población tan numerosa era un reto mayúsculo para el Estado, que algunos años después, en 2011, tuvo que crear la Agencia Colombiana para la Reintegración, ACR.

Las entidades del Estado empezaron a hacer esfuerzos para atender individualmente a cada uno de los desmovilizados, a formarlos en competencias laborales y a conseguirles un empleo, para lo que varias empresas privadas tuvieron un papel preponderante.

Sin embargo, los funcionarios entendieron que había que fortalecer procesos colectivos y el Cerro de los Valores es uno de los más importantes del país, según Cárdenas.

Pero como hacer sostenible estos proyectos es muy demorado y la atención del Estado es limitada en recursos económicos y humanos, el programa empezó a buscar aliados para garantizar la sostenibilidad de este proyecto. Para ello contactaron a la Fundación Manos Libres para la Reconciliación que apoya procesos de reintegración de militares presos y de desmovilizados.

“Nuestra Fundación nació pensando en el posconflicto, porque en realidad nos preocupa la empleabilidad de tantas personas, tanto desmovilizadas como víctimas, que van a querer una oportunidad en el mundo laboral”, cuenta Jhon Mario Cerquera, director de la Fundación.

En el Cerro de los Valores proyectan crear unidades de emprendimiento especializadas, es decir, que una unidad, por ejemplo, se dedique a la separación y reciclaje de grasas y aceites, otra a un tipo de plástico específico o a algún tipo de cartón, pero que la especialización las vuelva competitivas, cada unidad sería una microempresa, explica el director académico de la Fundación, José Carlos Londoño.

Ambos coinciden en que serán necesarios dos años de arduo trabajo y de reinversión permanente para que el Cerro de los Valores sea autosostenible.

Joaquín está dispuesto a trabajar pacientemente hasta que el objetivo se logre, aunque el programa de la Alcaldía esté prácticamente de salida ya que tiene que empezar a generar capacidad instalada en otras zonas de la ciudad.

¿Y el futuro?

Leonor ha tenido que mirar a los ojos a muchas personas a las que les hizo daño, hoy se siente perdonada, la comunidad ha permitido que incluso maneje recursos como los de Presupuesto Participativo y cree que lo mismo puede ocurrir con los desmovilizados que vengan en el futuro, sean de las Farc, del Eln o del grupo armado que sea.

“El Gobierno tiene que hacer un acompañamiento a los nuevos desmovilizados, como lo hizo con nosotros. Nosotros estaremos preparados, ahora como miembros de la comunidad, para recibir a quien llegue sin importar de cual bando sea”, anota Leonor.

Ella insiste en que deben generarse las condiciones necesarias para que las personas se puedan resistir a la guerra, condiciones con las que ni ella ni “Juaco” contaron antes de convertirse en paramilitares: “Si cada hogar tuviera la posibilidad de generar ingresos no irían más jóvenes a la guerra, la pobreza ha generado deserción escolar porque no alcanza el dinero y los niños se ven obligados a aportar económicamente en sus hogares”, dice.

Joaquín agrega que desde este momento hay que preparar el camino para quienes vengan, que los nuevos desmovilizados no se conviertan en una carga, ni que vengan a quitarle el empleo a quien lleva meses buscándolo, “debemos preparar proyectos productivos para emplear a desmovilizados, a habitantes de calle, a todo el que quiera cambiar de vida”.

A modo de conclusión “Juaco” dice: “Alguien construyó un círculo para dejarnos afuera y nosotros hicimos otro más grande para meternos a todos”.