Educación

La educación ayuda a cerrar la brecha, pero faltan recursos

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Lector. Sabinero. Adicto a Quino. Como dijo Cortázar: “Si te caes te levanto, y si no puedo, me tumbo a tu lado”.

22 de febrero de 2015

Con el apoyo de Unicef, un centro preescolar en Kutaisi (Georgia) elaboró un programa para enseñar a los niños a pensar por sí mismos, favorecer su independencia y la capacidad de tomar decisiones.

En Kapar, Malasia, Lata Rajoo sale de su trabajo en un lavadero de carros para brindarles educación preescolar a niños que difícilmente podrían acceder a ella.

En una vereda de San Vicente, Antioquia, la unión de esfuerzos entre Diana Londoño (un cerebro fugado a Holanda) y Sofía Rivera (una maestra con muchas ganas de enseñar y de innovar) creó la Casita Rural, un espacio para que los niños se descubran y se piensen en su entorno por medio de la exploración y del juego.

“Quienes se benefician de unos buenos programas de desarrollo infantil están mejor preparados para la escuela y tienen más probabilidades de llegar a los grados superiores de la enseñanza”, reconoce Unicef.

Hoy por hoy, 1 de cada 11 niños no asiste a la escuela, “una oportunidad y una esperanza que se les niega porque son pobres, porque tienen una discapacidad, porque pertenecen a una minoría étnica, o porque viven en una región remota o asolada por la guerra”, agrega.

Un dato más, esta vez de la OCDE: la ayuda a la educación se ha reducido desde 2010, y los países pobres son los más afectados.

Señalan los reportes de Unicef que la mayoría de quienes se quedan por fuera de la educación son niñas y que, por lo menos, 250 millones de menores no llegan a cuarto grado.