Educación

La etapa ideal para aprender

Desde el nacimiento hasta los seis años, los niños forman bases psicológicas y físicas.

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23 de febrero de 2015

La etapa preescolar, comprendida generalmente hasta los seis o siete años, es quizá una de las más importantes en la formación de cada persona, por ser este el momento donde se crean las bases de la formación psicológica y física, que posteriormente se consolidarán y perfeccionarán.

Esto se debe a diversos factores, entre ellos, que las estructuras biofisiológicas y psicológicas están en pleno proceso de formación y maduración, haciendo particularmente significativa la estimulación que se haga sobre estas estructuras.

Diversos estudios científicos e investigaciones experimentales han demostrado las potencialidades que tienen los niños durante los primeros años y han concientizado sobre la importancia de estimular el aprendizaje durante dicha etapa. De hecho, el epistemólogo y sicólogo suizo Jean Piaget, afirmaba que durante los tres primeros años de vida un niño es como una esponja que absorbe todo lo que rodea a través de la imitación del juego simbólico, las conductas y el lenguaje hablado.

Diana María Mena, directora académica del Preescolar Carrizales, afirma que la etapa preescolar “es quizás el momento de la vida del ser humano en el cual la estimulación es capaz de ejercer la acción más determinante sobre el desarrollo, precisamente por actuar sobre formaciones que están en franca fase de maduración”.

Es por eso que la estimulación intelectual de los niños juega un papel importante para su aprendizaje, y debe hacerse no solo desde la dimensión cognitiva, sino también desde la emocional, corporal, estética y afectiva, entre otras, en medio de un ambiente acogedor en el que pueda desarrollarse a nivel general e individualmente.

Si no se aprovecha esta etapa para estimular el aprendizaje de los pequeños se podría conducir a una estimulación insuficiente, la cual podría tener efectos irreversibles en el desarrollo del cerebro de los niños, pues aun cuando esta se aplique después, ya no tendrá el mismo efecto y es posible que determinadas funciones o cualidades ya no logren desarrollarse.

Pero, ¿cómo fomentar las potencialidades del niño? De acuerdo con Mena, para que una actividad de estimulación temprana sea efectiva y promueva el desarrollo del niño, debe tener en cuenta tres factores: el niño al que se le aplica la estimulación, el sujeto o mediador que promueve este desarrollo, y las condiciones bajo las que el tipo de desarrollo que se pretende alcanzar sea funcional desde el punto de vista social.

“La idea es propiciar distintos espacios que le permitan al niño estimular todas sus áreas de desarrollo para que a la par de su crecimiento, se destaquen de manera natural las habilidades e intereses por alguna área en especial. Mientras más opciones se le muestren desde temprana edad, más oportunidades tendrá para elegir”, agregó la directora académica.