Colombia

Alejandra, su mamá y un millón de amigos: volver a empezar por segunda vez, a un mes del terremoto

Miles de familias en el país llevan un mes ‘reconstruyéndose’. Sin casa, sin sus seres amados, atravesando situaciones realmente complejas.

Loading...

Comunicadora social y periodista de la Universidad del Quindío, con más de 13 años de experiencia en cubrimientos judiciales y de orden público. Trabajó en Colmundo Radio, Colprensa y Caracol Radio Bogotá, cubriendo la Procuraduría, Altas Cortes, juzgados y la Defensoría, entre otros temas. También trabajó en Caracol Radio Medellín y como coordinadora de comunicaciones en la Alcaldía de Medellín (2021-2023). Actualmente hace parte del equipo de periodistas en la sección de actualidad de El Colombiano.

hace 3 horas

El día que conocí a Alejandra me llamó la atención que su familia fueran solo dos personas: su mamá y ella. Sin hermanos, sin abuelos, sin primos, sin tíos. Solo ellas dos, sus perritas y un millón de amigos. Nos conocimos en el 2006 y fuimos las mejores amigas. De las que se hacían en el fondo del salón a masticar chicle y hablar secreteado. Estudiábamos Comunicación Social en la Universidad del Quindío, en Armenia, a donde fui a parar por quedar a una hora y 40 minutos del municipio donde yo vivía, en el Valle del Cauca.

Alejandra, mi amiga bonsái, lleva un mes reconstruyéndose por segunda vez. El 10 de agosto pasado, el apartamento donde vivía su mamá, en Armenia, terminó destruido por el sismo del siglo y el primero de la modernidad. La primera vez fue en el año 99, tras el terremoto que devastó el Eje Cafetero.

“Estamos bien, pero se perdió todo”, me dijo cuando le pregunté un día después.

Alejandra siempre vivió con su mamá, pero hace ocho meses se fue a vivir a Bogotá tras ganar un concurso para “el trabajo de sus sueños”, como ella dice.

Pasadas las 7:34 de la mañana de ese fatídico 10 de agosto, apenas si sintió el temblor en la capital. Pero el miedo llegó cuando las noticias empezaron a mostrar que en Valle, Chocó, Risaralda y el Quindío la cosa había sido grave, y el pánico vino cuando su mamá, que estaba sola en Armenia, no contestaba el teléfono. Dos horas después supo que todo estaba bien. A doña Elizabeth el terremoto la cogió haciendo vueltas en la calle y se salvó.

Sin embargo, cuando llegó a lo que se suponía era su casa, llamó a su hija para contarle que debían replanear sus vidas, al menos lejos del destruido apartamento. Y así lo hicieron.

“La vía a La Línea estaba cerrada, no había vuelos; fueron dos días de incertidumbre, de querer llegar a mi casa para ver cómo estaba mi mamá. Mi mejor amigo fue como un angelito porque fue el que la recogió. Cuando él llegó a ayudar a mi mamá, ella estaba sentada en un andén con mis perritas. No tenía nada más porque no se podía entrar al apartamento. Él la recogió y le dio posada mientras yo lograba llegar a Armenia por tierra”, recuerda.

Dos días después pudieron entrar al apartamento y recoger lo que podían en cuestión de minutos, por el riesgo de colapso total. Echaron sus cosas en bolsas y, sin más ni más, volvieron a terminar juntas. “Nos vamos para Bogotá”, le dijo a su mamá. Cogió sus bolsas y arrancó.

“A mi madre le tocó cambiar toda su vida, sus cosas, venirnos con tres maletas y mis dos perritas. No ha sido fácil porque es dejar todo. tu tierra, tus costumbres, tu gente, tantas cosas. Bogotá es la capital y, si bien lo recibe a uno, es más hostil, pero acá estamos. Toca empezar de cero; gracias a Dios tengo un trabajo fijo donde me han apoyado y eso ha permitido que volvamos a renacer. Pero uno nunca cree que le pueda pasar eso”, cuenta.

Lea también: Así se levanta Colombia a un mes del terremoto: 498 municipios siguen afectados

“¿Aleja, qué tal que no hubieras estado trabajando en Bogotá? ¿A dónde habían ido a parar?”, le pregunté cuando ella, con calma, me contaba sus planes para la nueva vida.

“Las cosas de Dios, amiga. Esta vez tuvimos en dónde volver a empezar”, dice con una fe y una resiliencia impresionantes.

El 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, sus vidas cambiaron, pero siguen juntas y eso, para ellas, es todo.

No es el mismo caso de otras familias en Colombia que, además de lo material, perdieron a sus seres amados. Como el caso de las trillizas en Cali, de cuya familia solo una sobrevivió.

En Cali, este jueves, a las 7:34 a. m., sonaron las sirenas y las campanas de las iglesias. Se lanzaron globos blancos y se hicieron otros actos como homenaje a las víctimas. Uno a uno fueron leídos los nombres de las más de 100 personas que murieron en la capital del Valle.

Según la UNGRD, el terremoto dejó 331 personas muertas, 4.505 heridas y 111 desaparecidas. Además, 202.002 viviendas quedaron averiadas y 36.326 destruidas, junto con infraestructura pública y otras edificaciones.

Afectaciones en el Quindío

En Armenia, la reconstrucción ya cuenta con una hoja de ruta de 175 líneas de acción, que contempla atención humanitaria, vivienda, recuperación de infraestructura, manejo de residuos de construcción y demolición, agua y saneamiento, salud, asistencia social y reactivación económica. Sin embargo, uno de los principales retos para la ciudad será conseguir los recursos necesarios para convertir esta planificación en obras concretas.

A este proceso se suma el acompañamiento técnico de Asocapitales, que incluyó a Armenia entre las cinco capitales atendidas por el Task Force de Asistencia Técnica Territorial Post-Terremoto. La ciudad también hace parte del Radar de Afectaciones, una herramienta que permite organizar y georreferenciar la información sobre los daños para apoyar la priorización de las intervenciones y las decisiones de recuperación y reconstrucción.

Según el balance de la Gobernación del Quindío, el terremoto también dejó un fuerte impacto en la infraestructura del departamento: 29 hospitales averiados, 187 instituciones educativas afectadas —11 de ellas destruidas— y 68 puentes y vías con daños. A esto se suman dos centros penitenciarios, 21 sedes de alcaldías y entidades descentralizadas, 59 sedes religiosas averiadas y otras dos destruidas. La afectación alcanzó además 34 escenarios deportivos, uno de ellos destruido; 28 servicios esenciales y 11 sedes operativas.

Las cifras, sin embargo, son solo un número.

El drama se mide en los rostros de Alejandra y la mamá; en el de la trilliza que sobrevivió; en el de la mujer que se iba a casar esa semana y cuyo prometido murió entre los escombros; en el rostro de los periodistas que perdieron a sus familiares. En el de los que nadie ha hablado ni ha mirado, los que están arrimados donde algún familiar y ya los quieren sacar, por mencionar algunos.

Le puede interesar: Inició en Cali demolición de 11 edificios afectados por el terremoto, ¿cuáles son?

Aleja, en la vida, es ella, su mamá y un millón de amigos. No le han faltado las manos. Sus amigos las cuidan, cargaron sus maletas cuando para ellas fueron muy pesadas, las invitaron a la mesa cuando la de ellas la destruyó un terremoto, las abrazaron, las acompañaron y les dejaron claro que la familia no es solo de sangre. Al final, la de ellas es más grande que cualquiera. El vínculo va más allá de los títulos consanguíneos; es eso que construimos con quienes queremos.

El terremoto, quizá el más documentado en la historia del país, nos recordó que la vida es un agite en el que desconocemos cuándo será el pitazo final.

Para consultar contenido premium o profundizar sobre sus temas de interés de Medellín, Antioquia, Colombia y el Mundo, regístrese aquí.