Indígena que protagonizó fallo histórico a favor de mujeres, ahora es víctima de acoso y amenazas
Magali del Rocío Cisneros dejó al descubiertos los hechos violentos a los que eran sometidas en sus cabildos. La Corte ordenó la reivindicación de las víctimas, pero nueve meses no ha habido cumplimiento del fallo.
Comunicadora social y periodista de la Universidad del Quindío, con más de 13 años de experiencia en cubrimientos judiciales y de orden público. Trabajó en Colmundo Radio, Colprensa y Caracol Radio Bogotá, cubriendo la Procuraduría, Altas Cortes, juzgados y la Defensoría, entre otros temas. También trabajó en Caracol Radio Medellín y como coordinadora de comunicaciones en la Alcaldía de Medellín (2021-2023). Actualmente hace parte del equipo de periodistas en la sección de actualidad de El Colombiano.
Magali del Rocío Cisneros, comunera del resguardo indígena de Ipiales (Nariño), acudió a la Corte Constitucional con una tutela en la que pedía la protección de las mujeres de su comunidad, por la sistemática violencia a la que eran sometidas. En un hecho sin precedente, el 29 de marzo de 2023, el alto tribunal acogió sus reclamos emitiendo, la que ha sido considerada hasta ahora, la sentencia más importante en favor de los derechos de las mujeres indígenas.
La euforia y optimismo duraron poco. Los resultados no han sido los que esperaba, casi un año después del fallo, Magali vive relegada de la comunidad, es rechazada, marginada e ignorada; además los gobernadores del resguardo no han dado cumplimiento a lo ordenado por la Corte.
”Cuando voy al resguardo la gente se burla, los hombres hacen comentarios como: “déjenla hablar sino, nos manda a la Corte”, lo que más me ha provocado tristeza es que algunas mujeres de la comunidad avalan lo que sucede de puertas para adentro, defienden el uso de la violencia y hay otras que me apoyan pero lo hacen en secreto para que nadie sepa”, contó Magali.
¿Qué sucedió?
Magali del Rocío Cisneros fue sometida a humillaciones por reclamar su derecho a participar en la asamblea del 23 enero de 2022, en la que se eligió al enlace de la comunidad con el programa “Más familias en acción”. En esa elección, los miembros del Concejo, todos hombres, no tuvieron en cuenta el voto de las mujeres. En cambio, las silenciaron, golpearon y humillaron. Nunca más, se lo prometió, volvería a someterse a humillaciones. Por el contrario, se armó de valor, enfrentó a sus gobernantes y airosa les dio batacazo gracias al fallo que acogió sus reclamos.
En el recurso, la líder indígena contó que en la asamblea tuvo que defender a una de sus compañeras que, con su hijo en brazos, estaba siendo golpeada por haber pedido la palabra.
Recuerda que días después del acalorado encuentro recibió una citación para el cumplimiento de una condena por supuestamente haber roto 24 sillas. “Cuando llegué a donde me citaron en el piso había dos ruanas en forma de cruz, yo debía acostarme ahí para recibir latigazos, pero me rehusé porque jamás rompí sillas, lo único que hice fue defender a la otra mujer. Varios compañeros me apoyaron y entraron en mi defensa; al ver que todo se les estaba saliendo de control, me levantaron esa condena y me hicieron arrodillar y pedir perdón. Lo hice, pero hubiera preferido los latigazos”, dice Magali.
Fue este sometimiento y los reiterados abusos los que la motivaron a buscar la defensa de sus derechos. Encontró lo que quería. En el fallo, la Corte advirtió que: “el uso de cualquier tipo de fuerza, en este contexto, es desproporcionada y constituyó una conducta arbitraria (... ) Se recuerda que esta actuación de la autoridad indígena es una muestra evidente de la invisibilización de la voz y la participación de las mujeres de la comunidad en decisiones que les incumben”.
La corporación, además, le ordenó al cabildo la conformación de un espacio con representantes de las mujeres de la comunidad y adoptar medidas concretas para garantizar su derecho a una vida libre de violencia de género, a la libertad de expresión, la igualdad y al debido proceso. Nada de eso ha pasado. “Todo han sido burlas”, dice.
”La Corte da unos lineamientos, deben dar espacio a las mujeres. Nos tocó pelear y hace poco el gobernador del cabildo quiso imponer a las mujeres que debían representarnos y no, así no es. La Asamblea debe estar integrada por mujeres que nosotras elijamos. Pero a la fecha no han acatado, no dicen nada. Estoy esperando lo que pase para denunciar por desacato”, añadió la líder indígena.
En la sentencia, el alto tribunal sentó un importante precedente según el cual deben establecerse límites y abolir la permisividad frente a la violencia contra la mujer indígena dentro de sus territorios, permitir su participación en los concejos y asambleas de sus comunidades, y sobre todo respetar su voto en las decisiones que se tomen.
Mientras tanto, Magali sigue adelante con su causa, promotora y defensora de los derechos de su pueblo indígena. Rechaza todas las formas de violencia aunque las mismas sean amparadas por la tradición y la cultura. Esta líder no traga entero. Hace poco solicitó la justificación del por qué se usa el “juete” o látigo. Nadie le entregó un argumento válido, “que por tradición, pero nadie sabe de dónde viene la tradición, no podemos normalizar la violencia”, agrega.
La cruzada por los derechos de sus compañeras, el triunfo en la Corte y la sentencia a su favor la han hecho más fuerte y decidida. Aunque por sus valientes actos fue acosada y amenazada, Magali tuvo que solicitar protección del Gobierno y le fue concedido. Físicamente se pudo proteger, pero lo que más ha padecido ha sido la persecución y los ataques espirituales, “ellos hacen sus cosas espirituales y me persiguieron por ahí, pero yo clamo siempre a mi Dios, él me protege”, asiente.
Actualmente encuentra alivio porque, aunque paradójico, la sentencia no ha sido para su propio beneficio, pero sí para mujeres de otras comunidades, quienes han hecho valer sus derechos apoyadas en la sentencia que gracias a Magali les regaló voz, voto y protección.