Colombia

Nuevo ministro de Ambiente se posesionó en el corazón minero

Con Chirimía recibieron a Murillo en el San Juan. Los habitantes de la región esperan que Luis Gilberto ponga fin a la deforestación que la minería ilegal ha causado en Chocó.

Loading...

Soy periodista y magíster en Humanidades. Me gusta el periodismo que se hace caminando. El Chocó, la infraestructura y el vallenato son mi ruta.

09 de mayo de 2016

En la plaza principal del municipio de Unión Panamericana un minero busca afanadamente hablar con el nuevo ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo. Se trata de Guillermo Perea, un hombre robusto que lleva en sus manos un par de hojas en las que se ve una foto de Murillo y su familia. Luego explica que pondrá en su casa esa imagen porque quiere que sus hijos crezcan con el sueño de ser ministros.

Son las tres de la tarde y la humedad y el calor golpean tan fuerte en este pequeño poblado chocoano, devoto del santo Ecce Homo, que sus habitantes saben que este no es el clima propio del pueblo, no, eso ya lo tienen claro.

El calor asfixiante es por la deforestación. El término lo tienen ellos, va de boca en boca, es más, saben que es su responsabilidad, ya que si antes eran vecinos de la selva, hoy lo son de las excavaciones. Hace calor porque no hay árboles, dice una señora mientras se seca el sudor.

Perea lo dice así: “todo alrededor del pueblo está deforestado. Por eso es que nos entusiasma que Murillo sea ministro, porque él conoce nuestra situación minera. Al menos podemos verlo a los ojos y al menos él sabe cuál es nuestra situación, conoce este drama”.

En su periplo por los pueblos donde creció, Murillo llegó a Condoto. La entrada fue en lancha. La vía que comunica Istmina con Condoto está bloqueada desde hace un mes y medio que se cayó un puente, y entretanto todos deben llegar al pueblo en lancha. Así lo hizo Murillo, quien en medio de una chirimía ensordecedora y un nuevo aguacero, escuchó el rosario de peticiones. Otra vez el punto central: la minería.

Luz Marina Agualimpia, alcaldesa de Condoto, dijo que aunque sabe que el ministro no es un mesías, celebra que al menos sabe que viven en medio de un drama ambiental. “Somos un pueblo minero y estamos destruidos por la minería y sabemos que con un ministro chocoano nuestras penas pueden menguar. Él conoce a la perfección el tema. Ese tema aquí es grave. Hemos trabajado por años una minería irresponsable que ha dejado muchos estragos y estamos tratando de ver cómo recuperamos esas zonas destruidas”.

Agregó que esperan que con el ministro se inicien proyectos de recuperación de zonas degradadas por la minería e “irnos fortaleciendo con iniciativas productivas porque ya la minería no es opción en Condoto. Hay que recuperar las zonas degradadas y fortalecernos en lo productivo”.

Según la Alcaldía en este municipio no hay censo minero, no se sabe cuántas personas practican esta actividad. “El tema está desbordado”, concluye la alcaldesa.

Camino a Andagoya
El regreso de Murillo a Andagoya, su pueblo natal, fue bajo otro aguacero. A nadie le importó. Ni a los músicos que no pararon de tocar en la chirimía y despertaron al pueblo del aletargamiento ni a la tropa de policías y militares que llegaron tras el nombramiento y que resistieron la lluvia sin parpadear. La entrada del ministro fue cual carnaval.

Así las penas sean más, la llegada de Murillo hizo olvidar todo. Andagoya no tiene agua y la energía va y viene. Muchas de las calles están en piedra y se inundan cual riachuelos, su vía principal es un puente colgante. Sus casas, en su gran mayoría, son en tabla.

Murillo dijo que sabe que los retos son grandes, pero que su prioridad será la minería criminal que devasta la selva, su selva, e impulsar los procesos de formalización o actividades productivas, sin olvidar el pasivo ambiental que tiene la región.

Pero entonces, ¿cuál es el mensaje que Murillo envió al posesionarse como ministro en el corazón de la minería en Chocó? Para sus habitantes, el tema va más allá del minero y esperan tener contacto directo con Bogotá. Necesitan resolver asuntos urgentes como tener un nuevo puente y agua potable. Por eso en las calles de Andagoya se leían varios carteles reclamando lo mismo: un puente, señor presidente.

Para Murillo, los mensajes que quiso enviar al posesionarse en su pueblo son dos: apostarle a la formalización minera y apoyar la lucha contra la minería criminal.

“Para el Gobierno y para el Ministerio el abordaje de la minería ilegal es prioritario y vamos a continuar los esfuerzos que ha tiene el Gobierno en ese sentido. El tema está enfocado en varias direcciones, una de ellas, el poder darles alternativas a los pequeños y medianos mineros que realizan su actividad de buena fe, pero que quieren formalizar y tecnificar sus actividades y ahí hay que avanzar en los programas de formalización, y en ese sentido, creo que hay que facilitar los caminos de formalización de la minería eso es importante”, dijo.

Agregó que, paralelamente, hay que combatir con mucha decisión a la minería criminal, “a la que está asociada a organizaciones de la delincuencia que se presenta en esta zona. Adicionalmente hay un asunto que debe abordarse y es cómo se empiezan a disminuir los pasivos ambientales que ha dejado la minería, hay que hacer toda una tarea de áreas degradadas por la minería. Por lo general, los pequeños y medianos mineros interesados en legalizar sus actividades están haciendo esfuerzos para lograrlo, creo que es posible identificar los que realmente están interesados en continuar con actividades ilegales conectadas a la ilegalidad”.

Caminando por las calles de Andagoya, Murillo aprovechó para visitar la escuelita por la cual fue destituido como gobernador y que hoy es uno de los principales sitios de encuentro del pueblo. Allá fue condecorado por las autoridades del municipio bajo otro aguacero que provocó, esta vez, el corte de la energía. También visitó su vieja casa que hoy está siendo reconstruida y mientras caminaba por sus calles la gente le gritaba: “Lucho, Lucho, qué bueno que seas ministro”, “bravo Lucho”. Y justo antes de entrar al teatro donde el presidente Juan Manuel Santos lo posesionó ayer, uno de sus profesores de bachillerato, Juan de la Rosa Mosquera, lo abrazó para recordarle lo que puede resultar evidente, pero que para el profe no lo es. “Le dije que lo admiraba y que no se olvide de nosotros, de nuestros males”