Crece la confrontación con Eln antes de negociar
La respuesta del Gobierno a los actos de esa guerrilla fue un ataque en el que dio de baja a uno de sus cabecillas en Chocó.
Periodista especializado en temas de crimen organizado, terrorismo y conflicto armado. Creador del podcast Revelaciones del Bajo Mundo. También soy escritor y dramaturgo, autor de las obras teatrales “La Trilogía del Mal” y “Estallido”.
Los dos meses siguientes al anuncio de una agenda temática para la fase pública de las conversaciones entre el Gobierno y el Eln se han caracterizado por un incremento en la confrontación entre las partes, que las mantiene alejadas de la salida pacífica al conflicto armado.
El Eln ha continuado con hostigamientos a bases militares en Norte de Santander, el 3 de abril secuestraron en Quibdó al político Odín Sánchez de Oca (en reemplazo de su cautivo hermano Patrocinio), a los tres días quemaron ocho vehículos en la vía Tadó-Pereira, y el 28 de abril destruyeron un tramo del oleoducto Caño Limón Coveñas en Saravena (Arauca), lo cual es calificado por las autoridades como un intento por llegar fortalecido a una eventual mesa de conversaciones.
La respuesta del Gobierno ha sido una ofensiva militar, cuyo último resultado fue la muerte de alias “el Mocho” o “Franklin”, cabecilla del frente Resistencia Cimarrón en el Chocó, el sábado pasado.
El azote de los chocoanos
Esta persona, de cuyo nombre de pila ni siquiera tienen certeza las autoridades, fue catalogado por el presidente Juan Manuel Santos como “el más grande narcotraficante de toda esa región y estaba dedicado a promover la minería criminal y la extorsión”.
“El Mocho”, pese a tener el brazo derecho amputado a la altura del hombro, llegó a liderar el frente Resistencia Cimarrón en el centro y sur de Chocó, e integrar el Estado Mayor del Frente de Guerra Occidental, amparado en sus 25 años de carrera subversiva.
Delinquir en una zona estratégica para la exportación de cocaína hacia Centroamérica por la ruta del Pacífico, y la minería aurífera en Paimadó (Río Quito), le permitía obtener ganancias cercanas a los $3.250 millones mensuales, según el dosier militar.
La Dirección de Inteligencia Policial (Dipol) logró ubicar su paradero en el sector Dos Bocas de la vereda El Morro, en el municipio de Alto Baudó, y el sábado pasado el Comando Conjunto de Operaciones Especiales infiltró un escuadrón élite en el sitio, con apoyo de la Fuerza Aérea.
Los comandos se enfrentaron a los insurgentes, dando de baja a “el Mocho” y tres de sus presuntos escoltas. En la acción incautaron dos fusiles y una pistola.
“Con este golpe estratégico afectamos las finanzas del Eln en esa zona del país”, aseveró el general Juan Pablo Rodríguez, comandante de las Fuerzas Militares.
¿Y los países garantes?
Carlos Arturo Velandia, exmiembro de la Dirección Nacional del Eln y hoy analista del conflicto, deplora “el camino que las partes están tomando, escalando la guerra a su máximo nivel antes de sentarse a la mesa. Es un contrasentido, a esta altura ningún muerto de un lado u otro va a modificar la agenda ni fortalecer a ningún bando, es un sacrificio inútil”.
Para Velandia, “es urgente que los países garantes, en especial Cuba y Noruega, cumplan su papel y actúen a la mayor brevedad, porque están facultados para hacerlo. Si esto continúa así, no solo puede afectar el proceso con el Eln, sino convertirse en un obstáculo para las conversaciones con las Farc”.