Son 5.782 restos de víctimas desenterrados para aliviar el dolor
El reto venidero para la Fiscalía son 893 cuerpos por identificar y devolver a sus familias.
Periodista Paz y D.H. Egresado UPB. Ser testigo de los hechos que hacen historia me apasiona del periodismo. La buena música y las deportes alegran mi vida.
Después de nueve horas de camino por el monte en busca de fosas y otra más excavando la tierra, el equipo de exhumaciones divisó los esqueletos que a simple vista revelaron la barbarie de los victimarios. Los restos de hombres y mujeres con señales de tiros de gracia y algunos aún atados de pies y manos.
Cuatro osamentas de víctimas de las Farc y paramilitares fueron desenterradas para alivio de sus familiares durante una semana de largas caminatas por apartadas zonas rurales del corregimiento de Arboleda, en el norte de Caldas.
El fiscal coordinador de la Unidad de Exhumaciones en Antioquia, Gustavo Duque, quien define su labor como un “apostolado por los desaparecidos y sus familias”, recuerda que no solo encontrar esa área remota, el terreno escarpado y el calor dificultaron su labor. “Fue una diligencia difícil porque había campos minados y presencia guerrillera, pero seguimos en esta labor ardua que durará muchos años más... quizás décadas”.
Las cifras de la Fiscalía confirman la magnitud de la desaparición forzada en Colombia por el conflicto armado y otras formas de violencia. Pero también el arduo trabajo de los fiscales y técnicos forenses que enfrentan la topografía montañosa, las inclemencias del clima y hasta el hostigamientos de los violentos.
Hasta enero de este año fueron exhumados 5.782 restos humanos en 4.496 fosas comunes en todo el país. La noticia de encontrar a sus seres queridos, que creían desaparecidos para siempre, ya llegó para los parientes de 2.789 víctimas identificadas y entregadas a sus familias. “Antioquia es la región con más restos de víctimas de todos los grupos armados exhumados y entregados”, precisa el fiscal.
Ese alivio a tanto dolor es lo que siente María por su hijo asesinado y desaparecido en el Urabá antioqueño por los paramilitares. Tras casi 15 años de espera, en 2011 recibió un pequeño ataúd con sus restos en una ceremonia junto a otras familias con la misma tragedia.
Y rememora “me dijeron que lo habían matado, pero yo lo veía en sueños y la incertidumbre de no saber si estaba vivo o muerto era un dolor de no acabar. Ahora se dónde está sepultado con dignidad y puedo visitarlo”.
Cada exhumación es una misión riesgosa y costosa, que exige la presencia de un fiscal, antropólogo, topógrafo, fotógrafo forense, microbiólogo y auxiliares, además del apoyo del Ejército y la Policía en zonas con grupos ilegales.
“En Mandé (Chocó) las Farc nos dispararon cuando exhumábamos unos cuerpos y luego un guerrillero trató de asesinarnos en el campamento donde dormíamos”, cuenta el fiscal Duque.
En otros casos, exparamilitares y guerrilleros desenterraron cuerpos y los sepultaron en otros sitios o los arrojaron a ríos para evitar que los hallaran y así borrar toda evidencia de su crimen.
Los funcionarios cuentan que han caminado trochas y montañas tan escarpadas en busca de fosas que muchas veces deben usar toallas higiénicas como plantillas dentro de los zapatos, para evitar las ampollas en los pies.
Faltan devolver 893 restos
Las autoridades se enfrentan al reto y las dificultades técnicas y otras causadas por el conflicto para identificar y devolver a sus familiares los 2.993 restos humanos que permanecen en laboratorios.
“El reto es hacer que la identificación en los laboratorios de genética de la Fiscalía, de la Policía y de Medicina Legal sea un proceso más ágil y eficaz para identificar los cuerpos exhumados”, explicó Álvaro Polo, jefe nacional del Grupo de Exhumaciones.
Desde 2008 hay una búsqueda nacional de familiares de desaparecidos, a quienes se les tomaron muestras de sangre para construir un mapa genético y cotejarlos con los restos hallados en las fosas. Más de 10 mil muestras se han conseguido a la fecha.
La labor de exhumaciones es apoyada por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y es reconocida por su director en Colombia, Peter Natiello: “estamos convencidos de que la identificación y entrega de los cuerpos a los familiares es una forma de llevar paz y tranquilidad a las familias más afectadas por el conflicto. Por eso hemos estado brindando apoyo técnico y financiero a los laboratorios de ADN”.
Larga espera de familias
Tras muchos años esperando respuestas, los familiares reclaman más celeridad. Pero reconocen logros y dificultades, como Teresita Gaviria, presidenta de la Asociación Madres de la Candelaria. Sus miembros buscan a 1179 desaparecidos. Han recuperado a 98 de los suyos y esperan la llamada para salir a buscar más fosas.
“Las exhumaciones son complejas pero hay compromiso de los fiscales. A veces demoran años y por eso no pudimos encontrar personas porque se desplazaron luego que desaparecieron a sus parientes o amenazados por los victimarios”, lamenta la líder de víctimas. Ella misma reclama a un hijo, un hermano y un sobrino desaparecidos.
Pero lo que más le duele es confirmar una cruel verdad en su reciente viaje a Cuba como una de 60 víctimas escogidas para entrevistarse con los negociadores del Gobierno y las Farc. “La guerrilla siempre negó que mataban y desaparecían personas, pero allá me reconocieron que muchos seres queridos nunca los encontraremos porque arrojaron sus cuerpos a los ríos y mares”.
Según la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, en Colombia han sido reportadas desaparecidas desde 1938 hasta 2014 cerca de 90 mil personas. Lo grave es que por las denuncias y confesiones de guerrilleros y paramilitares en procesos judiciales, como Justicia y Paz, la Fiscalía registra a 30 mil personas como posibles víctimas de desaparición forzada.
Los responsables de encontrarlos, como el fiscal Gustavo Duque, advierten que “faltan tal vez miles por desenterrar” y cada vez tienen que ir a buscarlos más profundo en selvas y montañas.