Colombia

Persistencia de dolientes revivió el caso de Lara

La Fiscalía valora nuevas evidencias en relación con el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, perpetrado en 1984.

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Periodista especializado en temas de crimen organizado, terrorismo y conflicto armado. Creador del podcast Revelaciones del Bajo Mundo. También soy escritor y dramaturgo, autor de las obras teatrales “La Trilogía del Mal” y “Estallido”.

25 de febrero de 2016

La exhumación de los restos del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla será el primer paso para despejar una incógnita que siempre estuvo en el ambiente, pero que aún no ha sido probada en el estrado: ¿hubo participación de agentes del Estado en ese asesinato?

La orden expedida esta semana por la Dirección de Análisis y Contexto de la Fiscalía es también una reacción a la constancia de la familia de la víctima, y al olfato de un veterano periodista, que terminaron desentrañando un expediente judicial que aparentemente estaba resuelto hacía tres décadas.

Los hallazgos quedaron consignados en el libro “El asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, la verdad que no se conocía”, del reportero Alberto Donadío.

La obra tiene como base el expediente, pero también un dictamen pericial de Máximo Alberto Duque Piedrahíta, exdirector del Instituto de Medicina Legal, quien en 2014 fue contratado por el representante a la Cámara Rodrigo Lara Restrepo, para estudiar los elementos materiales probatorios con mayor profundidad.

Las conclusiones del forense abrieron nuevos interrogantes sobre el homicidio, perpetrado en Bogotá, a las 7:30 p.m. del 30 de abril de 1984.

¿Mentira o verdad parcial?

Después del asesinato, la versión oficial se fundamentó en los testimonios de los escoltas que acompañaban al Ministro. Según ellos, un sicario a bordo de una moto disparó una ráfaga de subametralladora contra el vehículo del funcionario, en pleno movimiento. Los proyectiles le quitaron la vida a Lara, pese a que alcanzaron a llevarlo a un centro médico.

El asesino que disparó, Iván Darío Guisao, murió en el enfrentamiento posterior con los guardaespaldas. El cómplice, Bayron Velásquez (alias “Quesito”), quien conducía la moto, fue detenido y luego condenado a 16 años.

Entre las inconsistencias halladas por el forense Duque, están: 1). El cadáver presenta un impacto de bala que ingresó de izquierda a derecha, ¿cómo es posible, si según los escoltas la ráfaga fue disparada desde el costado derecho del carro?; 2). Si el ataque fue de noche y con vehículos en movimiento, a unos 80 km/hora, ¿por qué no hay impactos en la puerta de la víctima?; 3). En las sillas delanteras, donde viajaban el conductor Domingo Velásquez y el escolta Trino Peña, hay perforaciones en el espaldar, ¿entonces cómo es posible que ambos salieran ilesos?; 4). ¿Por qué estos dos testigos, ambos trabajadores del DAS en ese momento, no explicaron por qué el cadáver tenía la nariz fracturada?

Estos indicios le permitieron a Duque formular otras hipótesis, según las cuales el carro en el que viajaba Lara habría frenado de manera voluntaria, descartando la balacera en movimiento; que al parecer los acompañantes se bajaron y dejaron las puertas abiertas; que quizá el balazo que ingresó de izquierda a derecha e impactó el pecho del Ministro, fue el primero del ataque, propinado desde adentro del carro, o por los mismos sicarios que rodearon el vehículo detenido, o por otro sicario no tenido en cuenta hasta ahora.

Para marzo está programada la exhumación, en un cementerio de Neiva, que con la tecnología actual podría aportar luces a este caso.

Para Donadío, “en un principio el juez, obrando de buena fe, se concentró en comprobar la participación del narcotraficante Pablo Escobar en el asesinato, como efectivamente sucedió, pero no indagó en las propias contradicciones del expediente”.

El periodista señala que la sociedad confió en la versión oficial, sin preguntarse sobre aspectos dudosos del crimen que estaban a la vista de todos, como el carro de la víctima sin perforaciones en su puerta, y la nariz fracturada del difunto.

Rodrigo, el hijo del Ministro, espera que este nuevo aire que toma la investigación la lleve a buen término, pues “será muy difícil que los colombianos confíen en su justicia, si esta ni siquiera es capaz de aceptar la verdad sobre la muerte de uno de los suyos”.