Siete cabezas en el cine para sacudir al público
Después de su exitoso debut con El Páramo, Jaime Osorio Márquez presenta un filme de suspenso psicológico.
Periodista de la Universidad de Antioquia. Interesado en temas de tecnología y cultura. Disfruto del cine y la música.
La primera idea de Jaime Osorio fue hacer una película, luego escribió el guión, uno que no era sobre una historia cerrada, sino libre, donde había espacio para lo simbólico y lo metafórico; entonces se le ocurrió lo de siete cabezas. La idea la trajo del libro del Apocalipsis, allí nació ese monstruo, el Gran Dragón Rojo que quería comerse el hijo de una mujer. Pero en la película no hay dragones, la criatura del Apocalipsis es usada como metáfora para describir las necesidades de Marcos, el personaje principal, interpretado por Alex Betancourt.
Querían una película “tensionante, oscura y violenta”, encontraron los actores, materializaron el guión y empezaron a filmar en mayo de 2016. Después pasaron a la posproducción y ahora llega el estreno, este jueves en las salas de cine. Hablamos con Jaime Osorio Márquez, director de Siete cabezas.
Cuando un director tiene un primer producto tan exitoso, los espectadores esperan el segundo con más entusiasmo, ¿sintió esa presión?
“Hay presión, sí, y hay también mucho apoyo de gente que soñó la película porque quería colaborar conmigo. Les interesaba lo que yo había hecho y estaban dispuestos a tomar riesgos, y esta película está llena de riesgos, desde lo narrativo hasta lo plástico. Haber hecho El Páramo antes y que le gustara a la gente fue un empujón para realizar esta película. Es un filme muy fuerte con el espectador, que lo sacude desde el comienzo. Y va creando emociones y sensaciones que cada vez son más fuertes y violentas”.
¿Siente que hay un renacimiento del cine de terror o de suspenso?
“Lo que creo que está pasando es que se está polarizando el cine: se hacen películas muy grandes, por ejemplo las de superhéroes —de más de 300 millones de dólares—; y películas pequeñas, las de terror que son fáciles de producir, entonces no queda nada en la mitad entre esos dos tipos. Las películas de terror en muchos casos se hacen con menos de 5 millones de dólares, son muy exitosas y atraen muchos espectadores. Creo que este despertar del género del terror o su súbito interés obedece a términos económicos. Pero, mi búsqueda personal no tiene que ver con eso, no estoy intentando ajustarme a una tendencia, sino buscar conexiones con mi país y con los espectadores haciendo lo que me interesa, que es producir reacciones por medio de una historia”.
Las cintas colombianas están teniendo buena acogida en festivales, pero en el país aún falta formar bien al público...
“Creo que falta ajustar cosas, entre ellas la formación de públicos. Quienes hacen las películas deben ser más responsables con sus productos; no puede afirmarse que la culpa es solo del público, hay una parte que nos corresponde a nosotros y es la de hacer buenas películas para que sean vistas. A veces es difícil llevar gente a las salas porque depende de cosas incontrolables como la película gringa que está programada esa misma semana. Llevar gente a las salas es responsabilidad de todos”.
¿Qué tan importante es que el cine que se hace en nuestro país hable de Colombia?
“Hacer cine es una responsabilidad, ser cineasta es observar lo que sucede al rededor, ver la realidad y apuntar el dedo hacia alguna dirección, y uno como cineasta tiene la responsabilidad de mirar hacia dónde apunta, si lo hace en una dirección en la que la gente desvía su atención de lo que es importante o hacia una en la que la gente pone su mirada en cosas que deben ser vistas. El cineasta hace un acto que considero político, y es justo ese, dirigir esa mirada del espectador, y depende de la ética de cada uno cómo hacerlo”.
¿Qué le gustaría que la gente recuerde de Siete cabezas?
“Lo interesante es la sensación con la que se queda uno al final. La gente se relaciona con el cine de una forma pasiva: se sienta en la sala a comer crispetas y ya, la película lo conduce hacia la risa, el temor o el llanto y listo. Esta película busca generar sensaciones fuertes que a veces desconciertan. La experiencia para cada persona es diferente, y no se construye solo mientras se ve la película, las personas pueden irse pensando en las complejidades de la película; eso para mí es muy interesante, porque es un filme que está abierto a diversas interpretaciones”.