Cultura

En El Hueco venden cien mil pesos en monedas por 102 mil en billetes

El primer negocio de cambio de menuda fue fundado hace 12 años. Ya tiene cerca de 20 competidores.

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Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.

15 de febrero de 2016

Por bultos. Así manejan la plata Jairo Bernal y su equipo de cambiadores de monedas y billetes.

El local donde atienden los pedidos recuerda las célebres viñetas de Tío Rico, el pato multimillonario que gastaba el tiempo sentado ante un escritorio de su depósito de dinero, sumando monedas y empacándolas en bultos que tenían un signo pesos en su abultado vientre.

Y no porque él sea una versión contemporánea y paisa de la ave opulenta. Es porque las monedas son muy “exageradas”, de modo que para reunir cualquier cifra se requiere una montaña de ellas.

Jairo tiene un negocio de cambio de menuda. Dicho de otro modo, vende dinero. Y esos arrumes son, cómo no, el surtido de su negocio. Les vende dinero a los negociantes que a cada instante se quejan por la escasez de monedas y de billetes de baja denominación.

“Una vez me llamó una mujer de Sabaneta. Me dijo que necesitaba ‘menuda’ para las devueltas de su tienda. Después me preguntó: ‘¿Usted cobra por eso?’. Le contesté: ‘tengo unas personas que se encargan de conseguirla; otras que la cuentan, y también quien la lleve en moto y la moto necesita gasolina... ¿No le parece que debo cobrar por este servicio?’. Me contestó: ‘Pues, claro, disculpe’”.

A pie y a mano

Todo comenzó como un favor. Jairo, que fue comerciante en El Hueco —tuvo tiendas de ropa interior femenina—, se veía cada rato sin billetes y monedas para dar el cambio. Acudía al Banco de la República y cambiaba billetes “gruesos” por “delgados” y por monedas, y atravesaba el Centro con alguno de sus empleados y llevando los fardos al hombro...

Un día un amigo suyo, Víctor Gómez, el dueño del almacén Niñolandia, le dijo que tenía el mismo problema. Que como él iba hasta el emisor, le cambiara también unos billetes. Así lo hizo. Le fascinaban los billetes nuevecitos. Y a otros comerciantes también. Con los días, Gómez le dijo:

—Cobrame por el servicio.

—¿Cuánto le ponemos a eso? —Le preguntó Bernal.

—No sé. ¿Qué tal el tres por ciento?

—Está bien.

Y eso comenzó cobrando hace ya doce años.

Los clientes fueron aumentando y llamó a uno de sus empleados para proponerle que se hiciera cargo de ese negocio, les cumpliera a los comerciantes con sus pedidos de monedas y billetes, se hiciera un sueldo con ese tres por ciento de ganancia y que él, Jairo, seguiría pagándole prestaciones y seguridad social.

Jairo Bernal bautizó ese negocio Menuda a Domicilio.

“Al principio, contábamos la plata a mano; hasta que conseguimos una máquina cuenta monedas”.

En este tiempo han surgido cerca de veinte competidores, de modo que Bernal bajó al dos por ciento el cobro por el servicio.

No solo lleva menuda a quien le escriba a su WhatsApp, también atiende a quienes vayan a la ventanilla de su establecimiento.

Por esa ventanilla también llegan personas con un fardo de monedas, después de haber quebrado la alcancía, para efectuar la operación contraria: que se las cambie por billetes.

“No faltan los trocitos de arcilla del marranito entre la menuda que traen, que terminan por obstruirme la máquina cuenta monedas”.