El arte de Fernando Szyszlo en Medellín
Una América llamada Szyszlo, muestra del peruano en la galería Duque Arango.
Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.
Cuando la obra de un artista madura, se hace más simple y más compleja, porque sabe más de su arte y resuelve los problemas con más facilidad y puede conseguir más significación con menos elementos.
La madura obra de Fernando de Szyszlo Valdelomar, un peruano muy peruano y muy universal, según Mario Vargas Llosa, se presenta en la galería Duque Arango.
Él es el más reconocido artista plástico limeño. Nacido el 5 de julio de 1925, se formó en la Academia de Artes Plásticas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y en el París de la posguerra.
Recuerda que cuando empezó a pintar, en la Escuela eran vanguardistas: “querían poner al día a Perú con lo que pasaba en el mundo”. De Szyszlo comenzó a irse hacía un arte cubista.
Después, indagó en lo precolombino, “porque los de principios del siglo XX buscaban el arte primitivo, el negro, y descubrimos que era lo único original que habíamos visto hasta entonces en Lima, donde casi no había cuadros”.
En el arte peruano precolombino, explica, hay mucho abstraccionismo. Mucha libertad. “Me impresionaba que sus creadores no se preocuparan tanto por crear una escultura, una pintura, como por representar las cosas que su grupo humano sentía. El arte era producto de culto”.
Ante más de 20 obras de la exposición que se inaugura esta noche, a las 7:30, en esa galería de El Poblado, el artista dice: “Creo que lo maravilloso del arte es que es un mundo que nos abre horizontes. Todas las artes necesitan un cómplice: el lector, el espectador; el que ve, el que oye...”