Con un libro colombiano escrito con gramática queer, Julian Delgado Lopera es finalista del National Book Award
Con su segunda novela, Julian Delgado Lopera es finalista de uno de los premios más visibles del circuito literario de los Estados Unidos.
Con su libro Lo primero que se rompió fue el corazón, el escritor Julián Delgado Lopera está en la lista de los finalistas del National Book Award, uno de los premios más importantes del circuito del libro en los Estados Unidos. Nacido en Bogotá y radicado en el país del norte, donde ejerce la docencia en escritura creativa, Delgado Lopera conversó con EL COLOMBIANO sobre la poesía que encontró en el lenguaje callejero de las personas trans y de su relación con las obras de Pedro Lemebel, Manuel Puig y Fernando Molano Vargas.
Hablemos del tránsito de escribir tu primera novela, Fiebre Tropical, a esta segunda, Lo primero que se rompió fue el corazón...
“Siento que fueron procesos muy diferentes. La primera novela era mi primera novela, con la emoción de lo primero que estaba escribiendo y cierta ignorancia del proceso. Era una novela mucho más lineal, donde todo pasaba consecutivamente. En cambio, esta segunda novela es trenzada: tiene tres voces. Está el tiempo de la hija (Valentina), el tiempo de Ignacio cuando es adolescente, y una tercera voz que entra, Tía Mama, a hablar de Ignacio.
Es una estructura mucho más trenzada, que me costó trabajo porque quería retarme. Me encantaban las novelas que se trenzaban así y donde había eco entre un tiempo y el otro. Fue de las cosas en las que más me demoré. Siento que aunque la primera novela estaba muy cargada de humor, en esta también hay humor, pero me dejé ir mucho más líricamente; creo que hay más poesía y exploré una parte emocional más oscura de los personajes”.
Supongo que ese cambio entre un libro y el otro tiene que ver en parte con el éxito de Fiebre Tropical...
“Obviamente ya hay cierta expectativa y a veces eso es una presión. Al escribir la primera novela uno no tiene presiones exteriores ni la parte administrativa de publicar, solo estás interesado en escribir. En la segunda o tercera ya hay expectativas de la gente y las que uno mismo se pone. Sin embargo, es chévere porque la gente ya conoce tu trabajo, ve la trayectoria y encuentra conexiones o diferencias entre las dos novelas”.
Su lenguaje materno es el español, pero escribe en inglés y está leyendo su novela en la traducción...
“Nací y crecí en Colombia, pero me mudé a Estados Unidos a los 15 años. Para mí lo que se abrió fue el spanglish, esta mezcla de ambos idiomas en la que he escrito los dos libros. Siempre he sobrevivido en comunidades inmigrantes en EE. UU.; primero en Miami, donde escuché un inglés de calle en supermercados, restaurantes, salones de belleza y en la manera en que mis tías trataban de hablar inglés.
Parte de lo que me gusta es rescatar ese idioma de la calle. Al escribir en inglés, también entra un lenguaje muy queer, marica y trans que recojo de la calle, de la experiencia de vida y de la investigación. En el proceso de traducción con la traductora hablamos de los matices de cada palabra en español. Aprendí un montón de los dos idiomas y la traducción me ayudó a crecer mucho como escritor. Es muy lindo venir a Colombia a hablar del libro en español”.
Hablemos de ese descubrimiento de las gramáticas queer, porque requiere un ejercicio de escuchar...
“Uno de los ejercicios más importantes en mi proceso creativo y de escritura es oír la música y la manera en que la gente habla. Para mí todo tiene que ver con oír y con la poesía. La voz de Tía mama está basada en la voz de mi madre trans, una mujer cubana que llegó a Estados Unidos en 1980. Viví con ella en San Francisco; me adoptó como su hijo y me introdujo a un mundo muy travesti y caribeño, con cubanos y puertorriqueños emigrados por violencia alrededor de su sexualidad y género.
Ahí empecé a oír esa poesía travesti, con una gramática distinta e inventada, donde se cambian verbos, no se usa la puntuación convencional y se crean palabras en el momento. En 2019 vine a Colombia e investigué, asistí a la Red Comunitaria Trans, vi videos y ayudé en sesiones de fotografía con madres trans. Mucha de la estructura viene de mi madre trans, quien tenía 64 años cuando murió y poseía todo ese conocimiento. Fue gracias a ella y a mi familia escogida que aprendí cómo suena la gramática travesti y marica”.
Al leer el libro se viene a la mente Pedro Lemebel. ¿Cómo ha sido su relación con esa tradición de Lemebel, Manuel Puig, Fernando Molano?
“Todos ellos tienen una influencia gigante en mí. Cuando leí mi primer libro de Pedro Lemebel se me abrió algo espectacular. Tengo una colección de sus libros porque me fascina lo que hace con el lenguaje. Manuel Puig y Fernando Molano también. En un momento de mi novela, cuando Ignacio está con Felipe y hay un silencio, recordé a Puig: Puig marcaba los silencios con elipsis en lugar de narrarlos, algo que traje al texto. Otras influencias grandes son Rita Indiana, Adiós, a la maldita primavera, y Giuseppe Caputo, cuyo primer libro me pareció muy poético. Leo literatura queer de acá y ha tenido una influencia gigante en como escribo”.