Cultura

La Fontana de Trevi vuelve a ser

Una de las fuentes más famosas de Roma está en recuperación. La parte central ya se ve sin andamios.

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Es periodista porque le gusta la cultura y escribir. A veces intenta con la ficción, y con los poemas, y es Camila Avril. Editora de la revista Generación. Estudió Hermenéutica Literaria.

03 de marzo de 2015

Hace ocho meses que a la Fontana de Trevi la acompañan alambres y andamios, y que las monedas las recibe una pequeña fuente que instalaron mientras tanto, para que los turistas que van a Roma a visitarla no dejen de pedir sus deseos —una moneda para volver a Roma, dos para encontrarse al amor de la vida y tres para casarse pronto—.

La famosa fuente de la Ciudad Eterna está sin agua por la restauración que inició en julio del año pasado, después de que varios desprendimientos alertaran que no llevaba una buena vida, que el sol y el agua y hasta la nieve habían hecho que la obra de Nicola Salvi no estuviera en buena forma, y que un privado, la casa Fendi, firma romana de moda, dijera que iba a pagar los más de dos millones de euros que vale dejarla como en 1762, cuando se terminó.

Los turistas que visitan la fuente por estos días pueden acercarse a la escultura en la que reina Neptuno, como nunca se ha hecho antes, porque hay un puente suspendido que está muy cerca de las estatuas y los paneles son transparentes y permiten ver a los trabajadores. Allá en Italia lo llaman ‘restauración-show’.

La buena nueva por estos días es que aunque las reparaciones seguirán, se dice que hasta el tercer trimestre de este año, la parte central de la Fontana ya se podrá mirar sin andamios, porque desde la semana pasada se realiza el desmontaje de estos. Las partes laterales de la fuente, no obstante, seguirán en rehabilitación. El puente estará todavía para que los turistas vean los detalles de las esculturas, aunque no puedan escuchar el ruido de la pequeña cascada, ese que es tan fuerte, recuerda Paola Cardona, quien fue antes del proceso, y que rompe incluso con los demás ruidos de la ciudad.

Una obra de arte

La Fontana de Trevi es una de las fuentes más famosas que tiene Roma —no la única— y de los sitios que no faltan en las listas de los turistas. “Puede ser considerada como un símbolo importante de la cultura italiana”, dice Raluca Agafitei, quien vive en Italia, y aunque alguna vez también lanzó su moneda, no se acuerda del deseo.

La fachada de esta fuente, que sorprende por su tamaño —veinte metros de ancho y veintiséis de alto— en medio de esa Piazza di Trevi, que es pequeña, se empezó a construir en 1732, cuando el Papa Clemente XII se la encargó a Salvi. La fuente es aún más vieja, se inauguró en el año 19 a.C y fue, como las otras fuentes, el lugar donde llegaba uno de los acueductos de la antigua Roma. El de la Trevi era Agua Virgen.

La Fontana, que se hizo famosa por La Dolce Vita, la película de Federico Fellini en la que la protagonista, interpretada por Anita Ekberg, se bañaba vestida con un traje negro —y eso que lo de bañarse está prohibido ya—, es visitado por miles de turistas que se abren paso unos entre otros para lograr una imagen. “Es realmente hermosa, impresionante, y aunque es mucha gente, vale la pena esperar con tal de tomarse esa foto y estar un rato ahí, contemplando la fuente, los alrededores. Es demasiado Italia esa plaza. Obviamente tiramos la moneda para volver, porque, ¿quién no quiere volver?”, cuenta Adriana Restrepo, quien fue el año pasado, antes de julio.

A encontrarse con la fuente van tantos que por las monedas que lanzan se recoge un millón de euros al año, dinero que va para la Fundación Cáritas y que beneficia a unas cinco mil familias romanas.

Tantos deseos habrá escuchado Neptuno entonces desde 1954 —cuando lanzar monedas se hizo tradición—, y que debe guardar entre su carro en forma de concha. Ya casi la fuente vuelve a ser, y los hipocampos, los tritones, la salud y la abundancia estarán listos para bañarse en agua, quizás otros 300 años más.