Cultura

Los monólogos se montan al escenario del Matacandelas

Primer Encuentro de monólogos, un plan de tres semanas para enero. Participan 19 grupos.

Es periodista porque le gusta la cultura y escribir. A veces intenta con la ficción, y con los poemas, y es Camila Avril. Editora de la revista Generación. Estudió Hermenéutica Literaria.

13 de enero de 2016

El actor en el escenario, solo, mientras el público observa. Cada movimiento es evidente, cada palabra resuena en los oídos de quienes miran. No se puede equivocar, no hay nadie, ningún compañero posible, para improvisar la salvación. Es él con él. “La soledad en el escenario –dice Cristóbal Peláez, director del Teatro Matacandelas– es muy brava”.

Los monólogos son un reto para los actores. Muchas escuelas de teatro en el mundo, precisa él, gradúan al actor con un monólogo. “El género es muy apetecido porque los prueba, es un reto que se trazan para enfrentarse al escenario vacío y al público”.

En Medellín son pocas las oportunidades de ver monólogos, y aprovechando que enero es un mes de pocas propuestas culturales, amigos de El Matacandelas, en conversaciones espontáneas, terminaron armando el Encuentro de Monólogos, que empieza esta tarde, en El cantandero del teatro, a las 6:15.

Edwin García, El Molo, fue el de la iniciativa. Desde hace varios años él se ha montado al escenario en enero y ha descubierto que hay gente interesada.

Luego, conversando también, se dio cuenta que hay muchos actores con trabajos personales, y “si hay un público y obras, ¿por qué no?”. La camaradería los llevó a entender que era la oportunidad para retar a los actores en las tablas y a la gente en las sillas, y en esas se metieron, mientras los teatros en general están de vacaciones.

La propuesta terminó con nueve grupos de la ciudad, 2 nacionales y 6 internacionales que se van a presentar hasta el 30 de enero, de miércoles a sábado. Incluyeron además dos piezas de danza contemporánea para niños.

Aunque Edwin había hecho propuestas de teatro en enero, este es el primer encuentro de monólogos, con tantos invitados y con la idea de que se vuelva costumbre cada primer mes del año. “Es una cosa relajada, de corta duración. Un monólogo dura máximo una hora”, comenta Cristóbal.

La cartelera tiene obras del repertorio de grupos de locales como No abras el baúl cuando llegues, de Casa del Teatro, y El corazón delator, de El Trueque.

Cristóbal resalta la obra Del desierto, del grupo Cicuta Teatro, una propuesta underground de Pereira, que se considera grupo revelación por estos días.

El aprendizaje

El encuentro también quiere acercar al público al género, que no le tengan miedo. El director del Matacandelas sabe de personas que no han ido al teatro porque la obra en cartelera es la del actor en solitario en el escenario.

Se trata, sobre todo, de un trabajo juicioso del actor y el dramaturgo, porque en el monólogo las reglas son más estrictas. “Se trabaja –sigue Cristóbal– más desde las limitaciones que desde las bondades. Hay dos elementos fundamentales: una es la dramaturgia, tener un buen texto de palabras y acciones, y otro es una buena actuación”.

En el monólogo todo se nota. Ya tendrá tiempo entonces, en 33 funciones, de ponerle los ojos a ese ser solitario que intenta contarle una historia.