Leyendas del arte urbano se juntan para el mayor mural colectivo de Medellín
Dieciséis artistas con más de 20 años de trayectoria intervinieron 350 metros cuadrados del muro del centro logístico DHL en un proyecto que recorre cuatro décadas de arte urbano en la ciudad.
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Esta semana se inauguró en la avenida Guayabal el mural El graffiti y su legado en Medellín, una intervención de 350 metros cuadrados sobre el muro del centro logístico DHL que reúne el trabajo de dieciséis artistas urbanos con más de 20 años de trayectoria en el espacio público de la ciudad.
La obra no nació de un encargo institucional, sino de una conversación entre artistas. Alejandro Villada, conocido como Pac Dunga, director artístico del proyecto y uno de los pioneros de la escena local desde finales de los años ochenta, explica a EL COLOMBIANO que la idea surgió en el marco de la Bienal de Arte Urbano de Medellín, cuando varios de los que llevan décadas pintando la ciudad se reunieron y decidieron que merecían un junte.
“Qué bueno que en el marco de esta bienal también hubiera un espacio para exaltar el proceso que se ha venido realizando desde años atrás, para que la gente se dé cuenta de que esto no es algo que nació de un día para otro”, dice.
Detrás de cada nombre en el muro hay una historia que muchos en la ciudad ignoran. Pac Dunga, Numak, Fate, La Plaga, Eyes, Sem, Raronica, MKS, Pepe, Cerezo, Shamo, Sako, Perro, Zycra, Arte Vital y Nino pintaron durante años debajo de puentes, en los recodos más difíciles de la ciudad, debatiéndose entre la presencia policial, la violencia de algunos territorios y la ausencia total de reconocimiento institucional.
“Artistas que, sin vanidades personales, construyeron comunidades creativas, galerías a cielo abierto, escuelas de arte callejero y festivales que hoy conectan a Medellín con otras capitales del mundo”, resalta Villada.
Además, el proyecto fue liderado por la Agencia para la Gestión del Paisaje, el Patrimonio y las Alianzas Público Privadas de la Alcaldía de Medellín, la Corporación Cultural y Artística Elements y el Festival Hip4, y hace parte de la ruta Galería Guayabal, concebido bajo el concepto curatorial “El graffiti como legado”.
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Un muro con 16 estilos
Coordinar a 16 artistas con técnicas y firmas propias, desde el Wild Style hasta el realismo, pasando por el 3D y el Cartoon, sin que el resultado pareciera una colcha de retazos, fue uno de los mayores retos del proyecto.
Cuenta Pac Dunga que conoce personalmente a cada uno de los participantes y ha pintado junto a ellos durante décadas. Por eso, sabía que la clave estuvo en definir un tema transversal antes de llegar al muro.
“Nos pensamos el graffiti como un portal para comunicarnos con las diferentes generaciones, las futuras, las presentes, y las que iniciamos esto desde el pasado”, cuenta.
La composición resultante se estructura en dos planos. En el frente están las piezas de lettering y personajes característicos de cada artista; en el fondo hay libros abiertos, pergaminos y referencias a la Biblioteca Pública Piloto que aluden a lo que el proyecto llama “lo que debe ser leído”.
El proceso comenzó en marzo con una convocatoria por mérito que priorizó artistas con veinte o más años de vigencia continua en el espacio público. Siguieron seis etapas de encuentros presenciales y trabajo virtual entre marzo y finales de mayo, documentadas en una bitácora creativa, hasta llegar a un boceto final aprobado por todos.
El muro, que estaba en mal estado, requirió resane y preparación antes de poder intervenir. La ejecución directa sobre los 350 metros cuadrados se realizó en jornadas simultáneas de ocho a diez días, bajo lluvia y con carpas cuando fue necesario. “Con chompas y poniendo plástico sobre el muro logramos sacar el proyecto adelante”, dice Pac Dunga.
Una vez en el muro, la obra adquirió vida propia. “Ya en la calle se fueron dando situaciones muy simbióticas, muy naturales, muy viscerales, de conectarme con un color del otro, agregar un elemento que quizás no estaba previsto en el proyecto”, recuerda el director artístico.
Elementos de la pieza de un artista se intercalan con los del que está al lado, se superponen y a veces se atraviesan. “Eso permite que se enriquezca la obra y que también se vea el arte urbano del graffiti como una pieza que representa la espontaneidad”.
Un texto para que la ciudad lea
Para Pac Dunga, el graffiti nunca ha sido solo decoración. Desde sus inicios en Medellín, a finales de los años ochenta (cuando los puntos donde más se podía encontrar arte urbano eran rincones del barrio Buenos Aires, de Boston, del barrio Enciso o de San Javier), el movimiento ha funcionado como un documento vivo de la ciudad.
“En 1996, de la mano de la Alianza Hip Hop, se hizo el primer congreso de graffiti de Medellín. Pintamos, creo que fue la primera vez que se hizo un graffiti en una galería en la ciudad. Todo eso se dio para construir las bases de lo que hoy en día es tan poderoso”, recuerda.
Ese mismo espíritu de archivo es el que da sentido al mural de Guayabal. El proyecto recupera la palabra en latín legenda, que significa “lo que debe ser leído”, para definir la intención de que este muro sea un archivo en la ciudad, un texto social que preserve lo que los registros oficiales nunca documentaron.
“Las paredes de la avenida Guayabal se convierten en páginas para recorrer y leer las historias construidas con color y aerosol”.
Pac Dunga también habla del diálogo que el muro deberá sostener con las generaciones que vengan después, pues incluyeron un segmento de la obra con textos sobre el respeto y los códigos tácitos de la escena del graffiti. “Es una invitación a sentirse siempre como un novato en el entorno de la calle y a que no somos más que nadie”, explica.
En cuanto a si la obra será respetada o intervenida por otros grafiteros, cree que “lo más importante a lo que debería llegar la escena hip hop y del graffiti es la no violencia originada por este movimiento. La calle es espacio para compartir, para interactuar con el otro”.
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El mural puede visitarse en la Carrera 52 #14-169, en la avenida Guayabal, como parte de la ruta Galería Guayabal.